domingo, 1 de agosto de 2004

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Carlos Alberto Trujillo: Salí de una isla y me vine a meter a otra mayor

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Carlos Trujillo nació en Castro el 20 de diciembre de 1950. Es "fundador de la poesía contemporánea en Chiloé", como señala en el prólogo a uno de sus libros, el crítico Iván Carrasco. Es el único escritor, de los aquí entrevistados, que ha abandonado el sur. No por opción, más bien por obligación, puesto que en 1989 viajó a E.E.U.U. para hacer su doctorado en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Pensilvania y tras terminar sus estudios envió cartas y más cartas a las autoridades educacionales de la comuna de Castro, la provincia de Chiloé y la Décima Región; sin embargo, nunca recibió respuesta de nadie. Antes había sido exonerado del Liceo "Galvarino Riveros" -donde hacía clases de castellano- producto de sus actividades políticas y culturales antidictatoriales. Ya radicado en Estados Unidos, fue contratado como académico en la universidad de Villanova, en Pensilvania. El año 1991 recibe un importante reconocimiento a su trayectoria y su obra: el Premio Pablo Neruda. Esa "obra" se encontraba esparcida en diversos libros de poesía: Las Musas Desvaídas (Ed. Aumen, 1977); Escrito sobre un balancín (Ed. Aumen/Fundechi, 1979); Los Territorios (Ed. Aumen/Cóndor, 1982); Lo que no vemos debajo del agua (Ed. Cambio, 1986). Paralelamente publicaría, en coautoría con Renato Cárdenas, los libros de investigación lingüística, histórica y cultural: Apuntes para sin diccionario de Chiloé (Ed. Lautaro, 1978) y Caguach, isla de la devoción (Ed. Lar, 1986). Posteriormente, publica los libros de poesía Mis Límites. Antología Poética 1974-1983 (Ed, Aumen, 1992) y La Hoja de Papel (Ed. Aumen, 1992).

El poeta es fundador de uno de los grupos literarios más significativos en el sur de Chile después de "Trilce" y del golpe de Estado de 1973: "Aumen", que en voz huilliche significa "el eco de la montaña". Este grupo/taller formó a un gran número de poetas de la isla, que actualmente nutren el complejo panorama literario de esta zona. "Aumen", revitalizó, amplió y dio continuidad a la expresión literaria del sur de Chile, particularmente en la década de los 80', organizando diversos encuentros nacionales de escritores, publicando la revista de poesía "Aumen" y numerosos libros.
Con Carlos nos conocimos en 1992, pero nos "encontramos" en el "Encuentro Nacional de Poetas en Chiloé", el año 1995, organizado en Castro por el poeta Mario Contreras. De visita, participó como panelista y relató los difíciles momentos que vivía el desarrollo de la literatura en tiempos de dictadura y la contribución del grupo "Aumen" para sobrellevarlos. En un bar, más relajado, divertía a su audiencia contando la historia del encarcelamiento por equivocación del escritor José Donoso. El autor de El jardín de al lado, se encontraba en Castro en medio del proceso de escritura de La desesperanza, cuando el Codepu -a pesar del estado de sitio- organizó un acto de apoyo a Trujillo y a otros tres profesores que habían sido exonerados del Liceo de Castro. José Donoso y su esposa asistieron al acto para solidarizar con Trujillo sin imaginar que su porte distinguido y su barba blanquísima harían que los carabineros lo confundieran con un importante líder político de la oposición. "Si leen La desesperanza, relataba Trujillo, verán cuánto le sirvió a Donoso esa experiencia para crear el ambiente de la parte final.
Tiempo después, continuamos nuestro contacto vía correo electrónico, donde periódicamente recibía sus sonetos de "Lope sin Pega" y sus alegatos por el abandono y la ingratitud del "panorama literario" frente a su autoría. Trujillo espera con paciencia la posibilidad de publicar un libro antológico del grupo "Aumen", que ya lleva más de una década y no sale a la luz y la antología "Sonetos y otros poemas compuestos por Lope sin Pega, el Fénix de los Cesantes".

Pienso que todavía habrá de pasar mucho tiempo antes de que se comprenda y valore con justicia la importancia que tuvo y ha tenido el trabajo desarrollado por el Taller Literario "Aumen" entre 1975 y 1989. No quiero decir que hasta el momento no haya habido ningún tipo de reconocimiento al taller, porque eso no sería cierto. Ya a fines de los setenta se conocía y reconocía la obra de "Aumen" y, en las décadas posteriores, esa valorización ha crecido en vez de disminuir. Sin embargo, no deja de ser un reconocimiento bastante parcial. ¿Quiénes y cuántos son los que saben de "Aumen"? Y de dónde son esos que lo conocen. El reconocimiento y validación del trabajo de "Aumen" como un hecho fundamental en el desarrollo de cierta zona de la poesía chilena en los años de la dictadura, se ha dado principalmente entre los poetas y académicos de la zona sur y habría que precisar esto, de Temuco al sur. El resto del país sólo se ha preocupado de inflar sus propios proyectos y de mostrarlos como únicos.
¿Qué y cuánto puedo decirte de lo que significa para mí, en términos personales, el taller "Aumen"? Para explicártelo, bastaría decirte que "Aumen" se adueñó de todo mi tiempo durante quince años. Desde 1975 hasta 1989, viví para "Aumen" (y también por "Aumen"). En todo ese tiempo nunca me tomé un descanso de verdad, puesto que durante las vacaciones de verano y de invierno era cuando más actividades organizábamos, cuando más reuniones teníamos, cuando menos espacio había en mi casa, siempre llena de visitas. Casi todas las personas que invitábamos a dar recitales, charlas y a otras presentaciones, se quedaban en mi casa.
En esos quince años, en que en mi país muchos se enriquecieron y muchos otros fueron creando el andamiaje para su futuro político, profesional y/o económico, yo me lo pasé escribiendo poesía y dedicando casi todo mi tiempo a dirigir talleres, formar nuevos poetas, organizar actividades, etc., etc., todas actividades que nunca me dieron ni un solo peso. A pesar de eso, si tuviera la posibilidad de vivir mi vida otra vez, sin duda repetiría la experiencia de"Aumen".
Lo que haya significado "Aumen" para mi propia poesía, no es muy claro para mí. Al comienzo fue un tremendo impulso. El hecho de estar compartictido diariamente con grupos de jóvenes talentosos dedicados a leer y leer, escribir y escribir, descubrir y descubrir, es un empujón impagable. Una motivación permanente. Las ideas y proyectos nunca se apartaban de la cabeza. Pero recuerda que fueron quince años de esto, de formar más y más gente, de volver y volver a muchas de las mismas cosas. Probablemente eso le haya quitado a mi poesía la posibilidad de dar "el gran salto" en ese entonces.
Para la poesía chilena, "Aumen" tiene una importancia innegable. No sólo fue el primer taller que se creó durante la dictadura, sino que el de más larga vida activa y sin interrupciones. En todo ese tiempo, no hubo ni una sola semana sin una reunión. Publicamos decenas de trípticos con poesía y narrativa, doce números de la revista. Se creó un gran ambiente artístico y cultural en Chiloé, se echaron las bases para una literatura sólida y valiosa, se invitaron a los poetas más importantes, tanto para dar recitales como para reunirse con jóvenes poetas y estudiantes. Se creó un gran público para la literatura y las demás artes. Sé que la importancia de esto puede parecer solamente local, pero no es así. "Aumen" extendió el mapa literario del país hasta Chiloé, a la vez que fue un movimiento literario que -me atrevería a decir- no tiene par en el Chile de ese tiempo. Y esto último no sólo por la vitalidad de su labor, ni por el alto número de jóvenes que a través de sus reuniones llegó a la poesía, sino también, porque fue un taller en el que nadie recibió pago ni por su trabajo ni por su participación y en el que nunca se recibió ningún tipo de aporte económico.
Hoy, cuando en Chile todo se ha vuelto un negocio y el libre mercadísmo se ha vuelto la receta correcta hasta para respirar, quiero dejar en el aire una simple y breve pregunta a los directores de talleres: ¿Cuántos han hecho tanto con tan poco?
Te has referido a la formación que de otros escritores hiciste en "Aumen", pero ¿Tuvo alguna contribución para el decantamiento de tu propio oficio como poeta aquel grupo/taller? ¿Fue capaz de formarte?

Siempre lo he dicho, todo lo que escribí hasta fines del 74' es mi prehistoria. Y es una prehistoria absoluta puesto que de ese montón de cuadernos no queda nada. Empiezo a confundirme con las fechas, no estoy seguro si fue a fines del 73' o del 74' que quemé todo lo que había escrito durante años. Me pareció definitivamente malo y sin más criterio que el de empezar de cero, lo eché todo al fuego en esa magnífica estufa a leña que tenía mi madre en nuestra casa de calle O'Higgins. En unos minutos desapareció todo lo que había escrito desde antes de entrar a la universidad y no me arrepiento.
En marzo de 1975, Renato Cárdenas y yo fundamos el grupo literario "Aumen". Ese es un hito significativo porque "Aumen" creció conmigo y yo crecí con él. Desde ese momento mi trabajo literario se volvió distinto, como también el acto de escribir. Antes era una isla en medio del océano. Tenía 24 años y nunca nadie había leído un poema mío. Le temía a la crítica porque nunca había tenido esa experiencia. Ahora me encontraba en un grupo de iguales. Excepto Renato, todo el resto era menor, es cierto, pero estábamos en lo mismo. Se podía conversar, corregir, comparar. "Aumen" fue un taller no sólo para los demás, fue un importante taller para mí, al menos en los primeros dos o tres años. Es significativo que ese mismo fin de año recibí en Santiago el primer premio en el Primer Certamen Nacional de Poesía Inédita. A un principiante como yo el premio le daba cierta seguridad de que ese proceso de apenas un año iba por buen camino. De ese modo, la experiencia de "Aumen" fue tremendamente significativa para mis dos primeros libros (Las musas desvaídas y Escrito sobre un balancín), que tenían una enorme influencia epigramático.
En Los territorios, al contrario, hay un evidente deseo de zafarse del verso corto y del poema breve. Hasta entonces, un poema no era mucho más que una idea, un chispazo. No quiero decir que no le encuentre valor a ese tipo de poesía. Lo que ocurrió en verdad es que vi que iba por un camino sin salida. Eso era poesía, pero no era toda la poesía. En ese momento me pareció que era necesario encarar otros temas, otras formas y otro lenguaje. Por eso, aunqvie me gusta mucho el libro Los territorios, no deja de parecerme un libro de transición, incluso en cuanto al espacio que empiezan a ganar en mi creación los referentes sociales y políticos. No es que antes no hubiera tenido conciencia de lo que ocurría en mi país, puesto que sufría directamente los atropellos de la dictadura. Lo que pasaba era que se había vuelto tan común confundir poesía con panfleto que evitaba caer en eso, por lo tanto, no me atrevía con ciertos temas por temor a caer en lo mismo que criticaba.
Precisamente, ese fue el detonante que hizo entrar a la palestra al mentado hidalgo don "Lope sin Pega". Gracias a los sonetos y demás poemas de Lope, pude seguir en mis propias búsquedas, mantenerme. Lope era el poeta político, sarcástico, burlesco, que podía "enfrentar" a la dictadura de la mano de su gracia o chispa y de ese hermoso instrumento que es el endecasílabo. Como ves, la dictadura y la necesidad de enfrentarla "a la chilena", por medio de la burla y el chiste, cargados de amargura a menudo, fueron los hechos que motivaron esta parte de mi trabajo.
Pero viene tu "exoneración", tu censantía y tu radicación en Estados Unidos ¿Cómo enfrentas "literariamente" este hecho?
La salida de Chile es un hito importantísimo para mi poesía. Al llegar acá arriba, a la costa atlántica de América del Norte, los que habían sido mis temas de toda la vida se quedaron allá, muy lejos. Frente a mis ojos comenzó a pasar otra película. Una película de la cual no me sentía parte, como diría Calderón, "una farsa, una ficción" que no me tocaba y que, por eso mismo, no podía transformarse en tema de mi escritura. Así fue como mi enfrentamiento a este mundo que me agobiaba en inglés -lengua que en ese momento entendía muy poco- me fue orientado a una poesía más comprometida a luchar con/contra el lenguaje. Así fue como la palabra, la escritura y la poesía misma se fueron transformando en los temas preferenciales de mi poesía. En todo caso debería decir que este interés vino a madurar al hallarme lejos de mi país, mi gente y mi idioma, pero que ya me rondaba desde hacía varios años. Una prueba es que la sección homónima del libro La hoja de papel, fue escrita completamente en Castro el año 1983.

EN CHILE, EN UN LIBRO, EL PRIMER POEMA DEBE ENTRISTECER, EL SEGUNDO ANGUSTIAR Y EL TERCERO MATAR DE UN TIRÓN.

Una de las obras significativas de tu producción es Escrito sobre un balancín y el texto "Mis límites", ¿qué historicidad entraban este libro y este poema?
Escrito sobre un balancín fue bien importante para mí cuando lo publiqué, porque es un libro en el que un montón de amigos puso un tremendo esfuerzo para hacerlo hermoso a pesar de los pocos medios con que contábamos. Sin embargo, muy pronto lo dejé atrás. Nunca elegía poemas de allí para los recitales. Varios opinan como tú en relación al libro, como Óscar Galindo, por mencionar a uno, pero yo no coincido para nada con esa apreciación. Como todo creador, siempre me siento más cerca de lo que estoy haciendo, con lo que tengo más próximo.
Ese libro fue escrito entre marzo de 1976 y marzo de 1977, junto a muchos otros poemas e incluso junto a otro volumen más o menos del mismo tamaño que se titulaba "Cronologías" y que era un libro de poemas oscuros y desesperanzados. Creo que nunca publiqué ningún poema de ese libro a pesar de que no lo consideraba inferior a Escrito sobre un balancín. El hecho es que escribía muchísimo y las posibilidades de publicación, como siempre, no abundaban. Escrito sobre..., es parte de un período de gran creatividad, en que el trabajo literario se había transformado en el verdadero sustento de muchos de nosotros. No había día en que no nos juntáramos. Ese grupo de poetas que se había ido formando vivía en permanente estado de creación. La literatura era nuestra vida y nuestro tema fundamental -casi único- de conversación. En ese tiempo leíamos con fruición todo lo que nos caía en las manos, pero había lecturas que nos llegaban más que otras: Teillier, Jaime Quezada y su generación, Parra y Cardenal, entre los principales.
"Mis límites" es un texto realmente significativo para mí, pues no es sólo la voz del poeta la que habla allí, sino la de todos los seres humanos. Todos estamos comprometidos con y en ese poema. Lo escribí una tarde de 1981 sobre la mesa de la cocina, allá en Castro. Sólo recuerdo que lo escribí de un tirón, y se transformó en mi carta de presentación por más de quince años. Cada recital lo iniciaba con "Mis límites". Ahora me cuesta leer poemas escritos antes de 1990. Sólo leo cosas que no he publicado.

(...)Yo limito
Yo limito con el escapulario que me colgaban del cuello,
y con la imagen de la virgen del Carmen entre dos oficiales de barba,
y con el Mes de María,
y con los crucifijos oxidados sobre los marcos de las puertas,
y con la salvación eterna
escondiéndose siempre bajo distintos sombreros
Yo limito
Yo limito con mis suspensores, con mis primeros zapatos;
yo limito con la mañana, con lo que no es la mañana;
con mis ojos y mis orejas,
yo limito con mi olfato y con mi tacto,
con los decretos y contradecretos,
con las relegaciones y los exilios
Yo limito con mi fe de bautismo,
con mi certificado de defunción
Yo limito con todo y con nada
Todo en mí hoy es límite
Cada palabra limita a la siguiente.
Extracto de "Mis Límites o Fronteras Personales"

Carlos, ¿persiste en ti un proyecto programático de escritura y un "arte poética" que atraviese globalmente tu obra? ¿Cómo se inserta tu obra en el conjunto de la poesía chilena actual?
Pienso que a estas alturas, pasados 23 años desde la publicación de mi primer libro, ya no es posible pensar en una "arte poética" que englobe las diferentes etapas de mi poesía. Si revisas desde Las musas desvaídas hasta La hoja de papel verás que tanto el concepto y función de mi poesía, como el lenguaje y el tono, cambiaron mucho en esos años. Ahora, si te decides a seguir más adelante y revisar inéditos como "Memoria de no ser" y otros volúmenes escritos en los últimos seis o siete años, más un montón de poemas sueltos que andan por allí, verás que se hace difícil encontrar una arte poética única e impasible ante el tiempo y los cambios. Si nos retiramos un poco de este bulto, que es la parte fundamental de mi trabajo, y pasamos a los versos de "Lope sin Pega", veremos que por allí hay otro campo, otra perspectiva, otra búsqueda, otro lenguaje. Cuál sea mi arte poética en este momento es algo que en verdad no tengo muy claro, sólo sé que estoy escribiendo, seria y conscientemente escribiendo, navegando a favor del viento y dejando que las olas besen mi barca.
En cuanto a cómo se incorpora mi escritura en la tradición estética-poética chilena, pienso que mi poesía ha ido buscando y bebiendo de todos. Por momentos mi escritura sufrió el encantamiento de algunos referentes, unos y otros se fueron volviendo mis poetas de cabecera en diversos tiempos. El lenguaje antipoético, como a casi toda mi generación, por momentos me tomó por asalto y hasta me pareció que era la única forma o, al menos, la única forma válida de escritura en ese momento histórico. Pero he ido saliendo de eso, ahora estoy más por el encantamiento que produce la palabra, por la música de la palabra, por lo escondido que hay en ella. Por lo tanto, a estas alturas, veo que me voy separando bastante de ese prosaísmo que me fue tan fiel y dejándome llevar por el encanto de la palabra, de lo que hay en ella misma y de todas las posibilidades de descubrimiento. En esta poesía que es canto y descubrimiento -y probablemente celebración- no sé si me esté acercando a alguien ni a quiénes. La verdad es que poco me importa. En todo caso, tengo muy claro que nunca vamos solos en nuestro camino y que nunca somos los creadores de nada. Más bien es la poesía la que nos descubre.
En cuánto a quiénes han sido mis referentes inmediatos, la lista de autores que debería nombrarte excedería todo lo que te esperas. Tienes que pensar que además de poeta soy profesor de castellano, que he dirigido talleres literarios desde hace 23 años con muy escasas interrupciones y que, además, me tuve que meter en la cabeza toda la literatura que te exige un doctorado en literatura. Así que ¿qué puedo decirte de mis referentes inmediatos? ¿Quién en algún momento no ha sido mi referente inmediato? Desde Catulo, Lupercio y Marcial, pasando por Jorge Manrique, Góngora y Quevedo, hasta llegar a mis discípulos de los talleres, todos han sido mis referentes inmediatos. ¿Cómo negarlo?
Es claro que algunos se han mantenido más cerca por más tiempo o en momentos más significativos para mi creación. Aquí van algunos: Los españoles de la Edad Media y del Siglo de Oro; José Martí y Rubén Darío; Walt Whitmaii y T. S. Eliot; un montón de poetas rusos de este siglo; los cinco, seis o siete grandes de la poesía chilena, más Teillier, Lihn, Uribe y Arteche; la generación de Jaime Quezada; Ernesto Cardenal y varios otros poetas nicaragüenses; los argentinos Borges, Juarroz, Gelman. Y siempre Vallejo. Para qué seguir si con estos ya hay harto paño que cortar.
Nunca he tratado de dar el gran golpe, ni esperado salir con lo que se volverá el último grito de la moda. No estoy por la originalidad que grita su originalidad para parecer original, ni tampoco por el oportunismo. Me gusta esa originalidad que surge naturalmente por necesidad, porque necesita ser así, no por recurso publicitario ni para capturar la atención de los incautos. Esa originalidad siempre será bien recibida. Yo creo que los años, las lecturas, la experiencia y el contacto con un mundo más amplio y cosmopolita, me han ido envolviendo en cierta originalidad.
Algunas de las cosas que estoy haciendo hoy, me parecen tremendamente nuevas, pero he llegado a eso en un proceso sin interrupciones, en un proceso que no lo ha detenido ni siquiera la imposibilidad de publicar. La originalidad pasa siempre por la propuesta escritural, por el tratamiento del tema, por lecturas y más lecturas, que es lo que definitivamente nos lleva al descubrimiento y al encantamiento. Los temas son muy pocos, pero las formas son infinitas y a veces en un día de suerte damos con algunas que aún no habían sido descubiertas. En cuanto a dónde estoy, prefiero escuchar lo que diga el lector. Los más rupturistas dirán que estoy en la tradición y los más tradicionales me verán como rupturista. Yo sólo sé que estoy donde estoy y que es donde debo estar, de acuerdo a la evolución que ha tenido mi escritura.
¿Qué significa al interior de tu obra la escritura permanente de sonetos, como los de "Lope sin Pega"?
Los sonetos y demás poemas de "Lope..." son una parte importante de mi trabajo. Es una obra creativa que no para. Desde comienzos de los ochenta hasta ahora, se ha ido juntando un buen número de poemas entre los que hay, por lo menos, un par de centenas publicable. Tú sabes que Lope es, a veces, un poco lengua suelta y dice cosas que la gente no quiere que se digan o que no quiere oír.
Lope tiene una voz distinta y ve el mundo desde una perspectiva distinta. Por eso su poesía es chispeante, burlona, juguetona, ácida, crítica. Además, utiliza las formas métricas y la rima que las últimas generaciones han desdeñado. La poesía de Lope rescató las formas clásicas, las conoce, las domina y, de ese modo, a través de moldes antiguos, le ofrece al lector una pintura tremendamente moderna -postmoderna, si tú quieres- de la sociedad; más bien de las noticias y personajes de la sociedad actual.
Lope tiene bastantes lectores, como también algunos muy especiales seguidores que gozan con la aparición de cada una de sus "hojas". Sin embargo, a nivel de editoriales nadie le ha dado bola. Es que Lopc no tiene ni busca pitutos. Yo estoy seguro que si estos mismos sonetos los hubiera escrito alguno de los poetas beatificados por obra y gracia de la gracia, más aún si fuera de la capital, hace rato que se habrían publicado en forma de libro y otro gallo le estaría cantando. ¿No te parece que los poemas de Lope no encajan en ninguna de las tendencias de la poesía chilena de estos tiempos? Si coincides en esto, no pondrás en duda que ese mismo y solo hecho ya le da un cierto valor.
Muchos han dicho que Chile es un país provinciano y considero que tienen toda la razón. Provinciano y el seno de estereotipos. En Chile la poesía tiene que ser seria, grave, formal. En un libro el primer poema debe entristecer, el segundo angustiar y el tercero matar de un tirón. La cosa es más o menos así, cuestión del carácter de los pueblos o de las ideas fijas que se echan encima. Evidentemente, la poesía de Lope sin Pega no encaja en ese molde, puesto que no parece seria, no es grave, ni tampoco es formal. Además, al único que deja permanentemente en peligro es al autor.

CENTRO DE LA COLA DEL MUNDO

¿Cuáles son a tu juicio las debilidades y fortalezas de situar tu obra en "la provincia"? ¿Qué reflexiones tienes frente al "centralismo"?
Me parece que es un gran error seguir situando a la obra -su calidad, su novedad, su importancia- teniendo como punto esencial de referencia el lugar donde fue producida. Esa es una categorización que evidentemente conviene a quienes viven en el centro, pero tratándose de nuestro país, habría que preguntarse en el "centro de qué", Chile es centro de qué. Centro de la cola del mundo. Con esto no estoy desdeñando ni denigrando a mi país, sino que simplemente apuntando a un hecho real. Estamos en el extremo sur del continente, es decir, en la cola del mundo. El extranjero que llega a Chile es exclusivamente el que va a Chile, puesto que no somos lugar de pasada hacia otros países. No somos centro de nada. Simplemente periferia. Somos periferia de la periferia. Pero que quede claro, eso no nos hace peores. Allí es donde estamos. Se trata de nuestra ubicación geográfica, no de nuestra capacidad ni de nuestras posibilidades.
A ese criterio centralista, que sé muy bien no es el tuyo, se le deben varios pecadillos y algunos pecados bien grandes. Empecemos por los pecados. Los mismos que menosprecian a un autor por vivir en una provincia y que, al referirse a él o a ella le dicen "poeta chilote", "cuentista magallánico", "novelista serenense", cuando hablan de la Mistral, Neruda, De Rohka o Parra, siempre son "poetas chilenos". En ese caso se cuidan muy bien de omitir el origen provinciano de ellos.
Mi obra en sí misma no tiene ni fortalezas ni debilidades por haberse escrito en la provincia; las fortalezas y debilidades que tenga son simplemente las que le ha podido dar el autor. Una escritura no es mejor ni peor por escribirse en un lugar o en otro, en el centro o en la periferia, una escritura será mejor o peor exclusivamente por sus valores intrínsecos.
Sin embargo, no es ningún secreto que los males del centralismo son y han sido una carga harto pesada que hemos llevado los poetas, narradores y, en general, los artistas de provincia. Hay que luchar contra el estereotipo y contra la ignorancia -o mala intención- de los que no se salen de ese marco. Nunca olvidaré que, cuando en 1975 fui a Santiago a recibir un primer premio en un certamen nacional de poesía, ¡nadie quería creer que yo era de Castro! Todos pensaban que estaba bromeando. Aceptaban que mi trabajo estuviera allá, pero no podían creer que un chilote tuviera talento para escrbir poesía. Al menos, esta "leyenda negra" ha sido borrada, gracias a "Aumen" y, en general, a todos los poetas que en los últimos 25 años han desarrollado su obra en el archipiélago.
Como te he dicho, pienso que las fortalezas y debilidades de mi poesía, sólo comprometen a mi poesía y a su autor. Sin embargo, su absoluta falta de difusión fuera de Chiloé, de la zona sur, se ha debido en parte al hecho de vivir en una provincia que, además, está muy lejos de las universidades, de las buenas editoriales, de las distribuidoras y de esos contactos que mueven montañas. El hecho de vivir en Chiloé, junto a mi desconocimiento del ambiente editorial y a la falta de contactos en ese medio, ha afectado mucho a la difusión de mi poesía. Las ediciones de mis libros por lo general han sido horrorosas, debido a la falta de cuidado de los editores. Cuando se publica en editoriales o imprentas pequeñas, es sabido que si el autor o algún otro interesado en la publicación no está allí exigiendo un trabajo de calidad, el resultado es lamentable. Valga como ejemplo mi primer libro, Las musas desvaídas. Para ahorrar dinero y papel, el editor puso los poemas breves en una sola página y, como si eso fuera poco, el último continúa en la página siguiente. Si no fuera porque es tan lamentable, parecería un chiste.
De modo que, según mi experiencia, las debilidades de una obra creada en provincia no tienen nada que ver con la obra en sí ni con el proceso de creación, sino simplemente con la certeza de que no va a conseguir la difusión que tendría si hubiese sido hecha allí donde se cuecen la habas. Por lo mismo, un autor que permanece en la provincia no logra el mismo reconocimiento que el que "busca el centro" para hacer carrera, aunque su obra sea de igual calidad.
¿Qué significado literario y cultural le ves a la exclusión de tu nombre de la Antología de Teresa Calderón y Tomás Harris? ¿Qué sentido biográfico tiene aquella exclusión?
Poco puedo opinar al respecto porque ni siquiera he tenido la oportunidad de hojearla. Me he enterado -más bien me han enterado- de algunos de los ausentes, pero asimismo me gustaría ver el valor de las presencias y leer el libro con calma para dar una opinión fundamentada. De mi exclusión no puedo decir mucho puesto que ésta no es una prueba de velocidad, ni un campeonato de fútbol, así que no puedo discutir por haber marcado unos goles más que algunos de los presentes, que a fin de cuentas eso importa poco. Lo que aportará a "mi biografía" la tal ausencia me parece lo más sabroso. Por lo que me han contado quienes han tenido la oportunidad de leerla, soy el único Premio "Pablo Neruda" que no está presente, lo que demuestra que al menos hay algo de mala leche en el dúo-trío Calderón-Harris-Calderón. Pienso que para cualquier conocedor de la poesía chilena actual, objetivamente no hay ninguna duda de que la obra de varios de los premiados tiene bastante menos merecimientos que la mía. En todo caso, si quieres más detalles y más sabrosos, podrías preguntarle su opinión a Lope...

DE AUTOELOGIADORES Y ANTOJOLOGÍAS

Havertown, 21 de julio de 1996.
Yo existo, tú No existes, él no existe,
vosotros no existís, y por lo visto
ninguno existe así como yo existo
con todas esas páginas que viste.
Yo existo, mi presencia allí resiste,
se afirma, soy un nuevo Jesucristo,
si nadie me da bola, me entrevisto,
muy en serio respondo, no es un chiste.
Me incluyo, me releo, me antologo,
me cito, me comparo, me investigo,
me llamo espejo, solo veo mi cara.
Me historio hasta no más, casi me ahogo
en el centro profundo de mi ombligo,
para medir no hay más que la mía vara.

A BOCA DE HARRO

Castro, agosto de 1994
Mas Calderones no hay que aquel gran Peyo
que hiciera del teatro poesía,
por más que algunas bocas de sandía
confundan quilineja con cabello.
Los calderones de hoy llevan un sello
que a otro harrón marco con gran porfía,
harrita que no sabe de agua fría
y si sale de allí no da resuello.
Se acalderona el arte y la escritura,
se aletran negramente los calderos.
En un mundo de paras y de peros
desesperan las crónicas sin cura.
Son hartos y calderos alabados
y en su propia negrura perdonados.

LA NORMA DE LA NORMALIDAD TE METE EN SU HORMA

Retomando tu partida a Estados Unidos ¿Qué significó, en este contexto, abandonar el país, sin embargo, estar obsesionado por tu condición sureña, chilota?
Lo que voy a contarte puede parecer increíble pero es absolutamente cierto. Cuando vivía en Chiloé, nunca se me pasó por la cabeza irme a otro lugar. No pensé ni en Valdivia, ni en Temuco, ni en Santiago, pese a que tuve posibilidades sin siquiera buscarlas. Pero cada vez que se tocaba el tema de "por qué no te vas a tal parte", o "por qué no te vienes que aquí harías carrera", siempre mi respuesta fue: "el día que me vaya de Chiloé es porque me voy al extranjero, puesto que lo mismo que puedo hacer en cualquier otra parte del país lo estoy haciendo aquí". Te digo que parece increíble, porque si bien no tenía ningún deseo de irme a otra ciudad de Chile, tampoco habría pensado en irme a otro país. Lo cierto es que no quería moverme de allí. Lo de irme a otro país era simplemente una forma fácil de cerrar el tema, nada más. Lo increíble es que el asunto resultó cierto y ya llevo nueve años viviendo en el área de Filadelfia, Estados Unidos.
Salir de Chile, y principalmente de Chiloé, y llegar a un país tan distinto, significó un cambio enorme. Imagínate lo que es irse de una pequeña ciudad en la "periferia de la periferia", a una ciudad inmensa que, además, está a tiro de honda de Nueva York, Baltimore y Washington D.C.. Salir de un colegio municipal al que se llegó castigado "por desobediente" y llegar, con todas las de la ley, a una de las universidades más prestigiosas de los EEUU, sin temor a decir lo que se me ocurriera. Dejar la ciudad de toda mi vida, los parientes, los amigos, mi lengua, el taller, un mundo donde, a pesar de las diferencias, todos nos parecemos, tenemos ideas más o menos similares, nos vestimos de manera parecida, compartimos la misma religión, los mismos gustos, intereses semejantes, y llegar a otra donde se hablan montones de lenguas, se practican innumerables religiones, conviven -aunque no siempre de la mejor manera- todas las razas, en fin, un mundo que no guarda ningún parentesco con aquel de donde venía. Esas diferencias comenzaron a alterar mi mundo, más bien mi visión de mundo. Hasta entonces, 1989, siempre había contemplado el mundo desde Chile, desde Chiloé. Ese era mi punto de mira. Al venirme a los Estados Unidos, el punto de mira cambió y asimismo el mundo se me amplió muchísimo. Ahora puedo entender y aceptar muchas cosas que antes no habría querido -o podido- entender ni aceptar. Mi criterio se ha ampliado, soy más open minded, porque vivo en medio de la diversidad. De una diversidad que es racial, religiosa, lingüística, social, etc., etc. No hay duda de que mi mundo hoy es otro, muy distinto. En ese sentido he ganado, porque todo esto se suma a mi experiencia vital de casi cuarenta años allá en el sur del mundo, experiencia que no se ha perdido.
Chile está lejos y yo estoy lejos de Chile. Me he acostumbrado a dejar de extrañarlo porque los amores de lejos no funcionan, se vuelven inestables o dolorosos y no me gusta ninguna de esas posibilidades. Creo que hoy no soy ni menos chileno ni menos chilote, pero sí bastante distinto a lo que era nueve años atrás. Más crítico, más objetivo, por esa objetividad que se logra cuando se miran las cosas -las de uno y las de los demás- desde cierta distancia. Hace una década pensaba que nunca podría vivir lejos de mi tierra. Hoy me he acostumbrado a eso y parece que esa costumbre ya no tiene vuelta.
Aquí vivo en Havertown, que está en las afueras de Filadelfia. Es un pueblo pequeño, o mejor dicho fue un pueblo alguna vez, puesto que hoy tomo la calle que pasa a 50 metros de mi casa y a tres cuadras de allí ya diviso los rascacielos de Filadelfia y, yendo en auto, estoy allá en unos 25 minutos. Pero eso no dice nada, puesto que hoy, desde una habitación de tu casa te conectas con el mundo y esa habitación se convierte en centro; desde allí te comunicas. Sin embargo, como bien dices, sigo en la provincia, porque para mí, mi Chile sigue siendo Chiloé y el sur, y eso me hace de una marginalidad superior, porque el Chiloé y el sur que habito, no existen más. Ese Chiloé de hace una década nunca más volverá a ser sino en mi memoria, puesto que para quienes han seguido allá, ese sur y ese Chiloé son otros, bien distintos y asumidos así, puesto que ustedes -navegantes de esa tierra- han ido cambiando junto con la embarcación. Yo he estado lejos de allí, cambiando también, pero de manera distinta.
Pasando ahora a lo que es y ha sido mi presencia en el panorama literario chileno, debo decir que cuando yo estaba en Chile, según el "todopoderoso centralismo literario chilensis", yo era seguramente un poeta sureño de cierto nombre en el sur. Desde que me vine a los Estados Unidos, "para ese mismo gran señor", Trujillo posiblemente sea nada más que un poeta que existió alguna vez en algún lugar.
De lo que pasa aquí sé bien poco. No hay duda que al ladito no más, en Filadelfia, debe haber cientos o miles de poetas escribiendo en inglés y, en menor cantidad, otros escribiendo en chino, coreano, japonés, alemán, italiano, portugués y castellano. Pero este es un mundo donde las relaciones se dan de manera distinta y los intereses también son diferentes. Podría conectarme más con los poetas puertorriqueños, pero lo que yo hago y lo que hacen ellos no tiene casi nada en común. En síntesis, tendría que decirte que en cuanto a mi trabajo literario, salí de una isla y me vine a otra mayor.
Persiste tu angustia por el extrañamiento... ¿qué otras enfrentas actualmente?
Es difícil responder a cuáles son las angustias que enfrento actualmente, porque hace harto que no me lo he preguntado. ¿A qué angustias me refiero?, ¿a qué tipo de angustias?
Diez años atrás, la pregunta habría sido innecesaria y la respuesta la esperada y sabida por todos: "la dictadura". Hoy Chile ha dejado atrás la dictadura -y la ha querido borrar de la memoria-, el país se ha alejado de mí y, de la misma manera, yo de él. La ecuación suena bien pero no es del todo clara. El alejamiento mío es una cuestión física, nada más que unos miles de kilómetros de lejanía. Pero el apartamiento en el que Chile -por decirlo de alguna manera- me ha dejado, no es sólo físico. Hasta no falta el que se pregunta ¿es Trujillo un poeta de Chiloé? En nuestro pequeño país de pequeñas parcelas de poder y de grandes vanidades, la lejanía de algún compatriota es su desaparición. ¡Lo sepultan vivo! Simplemente deja de existir. Y si no se está en grupitos de poder o en alguna de esas camarillas apitutadas, ¡peor todavía! Hace unos años, de paso por Chile, escuché cosas como ésas, que ya no soy un poeta de allá o algo así. Pero resulta que tampoco soy un poeta de aquí. Como la canción de Cabral "no soy de aquí ni soy de allá". Pero ocurre que tampoco se me considera como poeta chileno residente acá. En ese mismo viaje me encontré con una muestra antológica de poetas chilenos en Estados Unidos que publicó la revista de la Sociedad de Escritores de Chile. Mi nombre no aparecía allí ni por equivocación. Sin embargo, en ese momento, era uno de los pocos chilenos de mi generación de quien se había publicado un libro completo sobre su obra aquí en los Estados Unidos, escrito por una norteamericana.
"Es que no ha sabido moverse en ciertos ambientes", dirán algunos, pero lo cierto es que sigo siendo de esos que creen que el trabajo de uno debe valer por lo que es y no por la máquina propagandística que se cree alrededor.
Parece que sin querer y sin tenerlo muy claro siquiera, han ido saliendo algunas de las angustias. Pero vuelvo al comienzo. Mis angustias de hoy son distintas a las de diez años atrás. Quizás mi mayor "angustia" como poeta, sea la falta de presiones, de tensiones, de temores, de lo inesperado a la vuelta de la esquina. La norma de la normalidad te mete en su horma. Vivo en un medio en el cual las necesidades básicas están cubiertas, en el que tengo un trabajo seguro y respetado. Hago clases y eso es lo que me gusta, además que tengo la suerte de estar en una buena universidad que arquitecturalmente es bellísima. Pero todo esto me ocurre en un lugar muy lejano de la tierra donde diariamente transcurre ese acontecer que a mí me toca, en donde se habla y se canta ese lenguaje que canta en mis orejas, donde he vivido la mayor parte de mi vida. Por años y años todo lo importante para mí ha ocurrido allá. Y llega la hora en que hay que empezar a acomodarse en el lugar donde se está, que no es posible vivir mentalmente despernancado. Se está donde se está y no hay vuelta.


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