sábado, 7 de enero de 2017

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El Terco

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Por Pepito El Breve


Fue en agosto del año pasado cuando, tras los resultados de la encuesta CEP, Carlos Peña explicó en la columna “La caída de Bachelet” que la Presidenta no les prestaba atención a las encuestas “Porque ella no es populista. Y es que el pueblo al que Bachelet es fiel no es real: es imaginario”.

Según Peña: “Ocurre con quienes ejercen la política lo mismo que pasa a los individuos en su vida personal. Logran funcionar y soportar las asperezas y las pedradas de la vida, gracias a una fantasía que, interpuesta entre ellos y la realidad, les ayuda a reinterpretarla una y otra vez.”.

Dicho análisis nos serviría hoy para entender la persistencia de la candidatura a las primarias presidenciales de Ricardo Lagos que según los resultados, no sólo de la última CEP, también de la CERC-MORI, Cadem y Adimark de llegar a las presidenciales estaría destinada a un rotundo fracaso.

Si bien el ex presidente es tozudo, el que ahora se haya vuelto un tanto obsesivo puede sonar preocupante y que correteen por ahí fantasmas de primeros síntomas de demencia senil debe ser la pesadilla de sus cercanos.

Pero ha sido el propio Lagos quien ha salido a tranquilizarlos y, para despejar cualquiera duda de que está más terco que de costumbre, sin que nadie se lo pida una y otra vez reitera que está dispuesto a realizarse exámenes médicos en la Plaza de Armas de Santiago hasta por meicas e iriólogos si se requiere.

Es que Lagos está auto convencido que puede cambiar las encuestas, con esa voluntad férrea que tiene es posible que lo haga y en los próximos sondeos en lugar de subir, le vaya mucho peor.

Porque Lagos, al igual como ocurrió con Bachelet, los adeptos que cree tener no son reales sino imaginarios provenientes de un mundo que, para su desazón, ya pasó y la gran obra de Lagos, ese proyecto de país que con su liderazgo ayudó a edificar es hoy denunciada por la mayoría de sus otrora adherentes como una obra ruinosa de la que algunos más que reparar prefieren pasar por el frente para no verse expuestos a sufrir un daño electoral, mientras otros sólo quieren derrumbar cual fanáticos de ISIS en Palmira.

sábado, 31 de diciembre de 2016

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Entrevista a Miguel Mazzeo

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Por Pablo Rojas Robledo

Entrevista a Miguel Mazzeo: Sobre la situación política argentina, el fascismo, el populismo y los intelectuales.

Miguel Mazzeo, es un escritor y un militante popular argentino. También es profesor en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en la Universidad de Lanús (UNLa), y Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires y Profesor de Historia (Facultad de Filosofìa y Letras, UBA). Autor de varios libros publicados en Argentina, Chile, Perú y Venezuela; entre otros se destacan: ¿Que (no) hacer? apuntes para una crítica de los regímenes emancipatorios; Introducción al Poder Popular. (El sueño de una cosa); Poder Popular y Nación; El socialismo enraizado: José Carlos Mariátegui: vigencia de su concepto de socialismo práctico; El hereje. Apuntes sobre John William Cooke. 

Nos solicita expresamente: -Por favor, no pongas que soy historiador o especialista en algo. 

Dice que por honestidad intelectual prefiere definirse como escritor o ensayista, o mejor, “militante que escribe”, o como “un tipo que aspira al alcanzar la altura de un educador popular”. Dice también que tardó mucho en asumirse como un intelectual. Pero que ya está resignado y lo acepta. Aunque se sienta obligado a recurrir a un abanico amplio de adjetivos para explicar esa condición.

En un encuentro reciente en la Ciudad de Buenos Aires (diciembre de 2016), pudimos conversar largo rato sobre diversos temas, en un clima descontracturado al que seguramente contribuyeron las cervezas compartidas. Mazzeo tiene una rara forma de ejercer la incorrección política. Lo hace con sobriedad y con una pose casi sociológica, lejos de toda actitud extravagante, sin aspavientos, sin jactancia.

Pablo Rojas Robledo: ¿Cual es tu balance después de un año de gobierno de Mauricio Macri y la coalición Cambiemos?

Miguel Mazzeo: El gobierno de Macri y Cambiemos es, lisa y llanamente, el gobierno de las grandes corporaciones transnacionales, del capital financiero y de la burguesía terrateniente. Vinieron a establecer una “ceo-cracia” en Argentina y a poner al Estado por debajo de la condición de capitalista colectivo. Es un gobierno que busca colocar al Estado en función del interés particular de los grupos más concentrados y poderosos en contra de cualquier iniciativa que se acerque a algo parecido al interés común. El interés común para el gobierno consiste en la beneficencia, la caridad, el voluntariado. Entonces, es el gobierno de los CEO y las ONGs. Su triunfo en las elecciones presidenciales de 2015 fue una pésima señal. Puede verse como la expresión de un deterioro general de la conciencia social. Significó un gran retroceso para el pueblo argentino. Bajó el piso en todos los órdenes. Permite, por ejemplo, que en la actualidad se idealice un Estado capitalista “normal”, no colonizado al ciento por ciento por las corporaciones; que se ansíe un capitalismo distributivo, una gestión más o menos progresista del ciclo. Por lo tanto, ni hablar de cambios radicales. ¡Todos y todas a reclamar el derecho a respirar en la república burguesa! Cada vez estamos lejos de nuestras posibilidades como pueblo, más separados de nuestra potencia.

Los que quieren convertir al país en un gran negocio no hacen más que embellecer al capitalismo piadoso, inclusivo… convertirlo en una especie de paraíso perdido.

Otras políticas exhiben la pertenencia de la coalición de gobierno a la tradición reaccionaria argentina. Su política exterior no hace más que causar vergüenza a cualquier argentino o argentina con algo de dignidad y un poco de información no contaminada. Lo que ha ocurrido con Venezuela es un claro ejemplo.

Pero, además, son ineficaces. Porque no es lo mismo administrar un Estado que una empresa o porque conjugan voracidad con incompetencia. Como sea, los resultados cada vez son más evidentes. Como decía un amigo: el gobierno y una parte del Estado están en manos de una horda de chetos y tilingos egresados de colegios y universidades privadas con un absoluto desconocimiento del país, del pueblo y sus problemas.

El gobierno, además, está preso de una contradicción irresoluble: avanzar en políticas regresivas y antipopulares y evitar el conflicto social. La derecha en general está presa de esta contradicción. Ocurre que es una derecha que dice estar preocupada por las necesidades de la gente (ellos dicen así: la gente) al tiempo que impulsa las políticas de mercado más salvajes. Por cierto, los sectores más impiadosos, los más duros, critican al gobierno por derecha, porque dicen que no ha ido a fondo con el ajuste, porque mantiene alto el nivel de gasto público y porque ha conservado algunas políticas asistencialistas. Esos sectores quieren bajar el costo laboral argentino y, entre otras cosas, apuestan a la apertura indiscriminada de las importaciones y al desempleo. El gobierno va en esa dirección, pero con un gradualismo que no acepta la gran burguesía local, la llamada oligarquía diversificada, junto con los sectores vinculados al capital financiero.

Por otro lado, el macrismo y Cambiemos en general se caracterizan por la oquedad de su relato y su patetismo, por su indigencia en materia de ideas. No es casual que los globos se hayan erigido en símbolo. Por su parte, la Unión Cívica Radical aporta su republicanismo insustancial, que a esta altura, más que un respeto por las formas, es un respeto por los “buenos modales”. Como comportarse en la mesa sin apoyar los codos, sin eructar y sin limpiarse los mocos. Son unas verdaderas momias.

En fin, no hay ninguna perspectiva de que propongan un pensamiento osado y generoso en algún plano de la realidad.

PRR: ¿Y el Frente Renovador de Sergio Massa?

MM: Es evidente que el establishment se apresta a erigir a Sergio Massa en alternativa de recambio. Tiene todas las fichas. Una alternativa que, por ahora, cuenta con la posibilidad de asimilar a sectores del peronismo y del sindicalismo burocrático. Esa alternativa, tal vez, pueda ofrecerle a las clases dominantes más destreza hegemónica. Pero tendrá que lidiar con la figura de Cristina Fernández de Kirchner, que sigue siendo fuerte y tiene la capacidad de capitalizar una buena parte del descontento generado por las políticas del macrismo y Cambiemos.

PRR: En relación al kirchnerismo, ¿Tu crees que podrá recomponerse después de los casos de corrupción que han salido a la luz? 

MM: Veamos… yo creo que la política convencional, la política burguesa es estructuralmente corrupta. Corrupta por su propia naturaleza y sus lógicas inherentes. Además desde que entendí de qué trata la plusvalía, la corrupción “administrativa”, la falta de “ética” de los funcionarios públicos, me parece un tema derivado, lo que se llama un epifenómeno. Entonces, trato que el árbol no me tape el bosque. Que el pequeño negociado no me oculte el gran negocio.

Eso sí, es evidente que hay un ensañamiento de la derecha y los grandes medios de desinformación contra ex funcionarios, contra la ex presidente, contra Milagro Sala, por ejemplo. Yo no estoy de acuerdo con muchas prácticas de Milagro Sala pero, en todo caso, prefiero discutirlo con ella en libertad. ¿Se entiende? Expresado en lenguaje maoísta podríamos decir: es otro plano de la contradicción, no es la contradicción principal.

Te decía: la política burguesa es estructuralmente corrupta, agrego: cuando más a la derecha, cuanto más intensamente burguesa, más corrupta. La política de Macri es corrupta en lo general: endeudamiento externo, pago a los fondos buitres, el blanqueo de capitales, ajuste brutal, transferencia de recursos a los sectores concentrados, más todo lo que te comentaba antes. La deuda en sí misma es una fuente inagotable de corrupción. Un gran negocio para los bancos y otros intermediarios que cobran suculentas comisiones por destruir a la nación y hambrear al pueblo.

Pero la política burguesa también es corrupta en el “detalle”: las sociedades off shore en Panamá, las generosas “donaciones” recibidas por la Vicepresidente de la Nación, el mundo de las fundaciones privadas y un largo etcétera. Además, no podemos olvidar que la corrupción del krichnerismo, en buena medida, está vinculada a la obra pública e involucra directamente a socios de Macri como Nicki Caputo y Angelo Calcaterra. Del mismo modo, muchos de los que se beneficiaron con el dólar a futuro, están vinculados al actual gobierno. Al lado de estos tipos, Lázaro Báez es casi la Madre Teresa de Calcuta. Claro, en una sociedad donde predomina la lógica del espectáculo tiene más impacto un ex funcionario lumpen, un sujeto despreciable que arroja bolsones de plata al interior de un convento, que una política global basada en el endeudamiento externo, el pago a los fondos buitres, el blanqueo de capitales, el ajuste brutal, la transferencia de recursos a los sectores concentrados, etcétera, etcétera, etcétera.

Yendo al meollo de tu pregunta: yo creo que el kirchnerismo tiene chances de recomponerse, de sumar aliados que podríamos llamar “neo-kirchneristas”, de alinear a buena parte del peronismo, y de ser opción de poder nuevamente. Este es mi punto de vista, aunque muchos de mis compañeros y muchas de mis compañeras no están de acuerdo conmigo.

PRR: En un nivel muy general ¿Cómo caracterizarías la situación política de los sectores populares y progresistas en la argentina? ¿Cuáles serían a tu criterio los espacios y proyectos en pugna?

MM: Existe Un espacio dizque nacional popular, tibio, papal. Podríamos llamarlo para-kirchnerista. Por ahora sin mucha Cristina y sin la organización “La Campora”. Pero… ¿quién sabe si en corto plazo no será con ambos en un gran frente anti-macrista?

Este es un espacio absolutamente a-crítico de la democracia delegativa-representativa. Es más, es cultor de todos sus fetiches. Allí te podés encontrar con compañeros y compañeras que consideran a PODEMOS de España como una referencia política, casi como un oráculo, y a Iñigo Errejón como un “cuadrazo”. Esto lo digo con mucho respeto por esos compañeros y esas compañeras, y también por Errejón, pero la verdad me parece de una candidez enorme. Me parece una posición política naïf. Sobre todo si, al mismo tiempo, se pretende refundar un proyecto socialista. Demasiado poco para un horizonte tan ambicioso. Todo indica que no se asumen las implicancias de ese horizonte. No hay lugar para Don Quijote, el modelo político es Sancho Panza. ¡Qué mal que estamos!

Por supuesto, rescato a buena parte de la militancia de base de estos espacios, pero lamento su escasa incidencia en el trazado de las líneas políticas principales. Me inquieta la mezquindad política de sus principales referentes y me preocupa el nivel de conciencia política de sus activistas. Veo a una parte importante de una generación militante que, por ahora, no cuestiona los sistemas de legitimación de las clases dominantes, que se adaptan a ellos. Veo un grado importante de conformismo, y hasta un cierto despotismo de lo superficial.

Cuando me pongo extremadamente pesimista pienso que sus principales referentes se mueven sólo por cierta voracidad institucional o presionados por mandatos de clase que los obligan a obtener algún “éxito” en tiempos individuales que, como bien sabemos, no coinciden con los tiempos de los pueblos. Entonces, lo que es realmente importante de cara a un proyecto emancipador pasa a ser parafernalia, adorno, artificio. Y lo accesorio se convierte en estratégico. De ahí la mística impostada, el deterioro ético que es proporcional al realismo de corto plazo. Pienso que por cuatro cargos de morondanga en alguna lista de una alianza pseudo progresista van a desilusionar a miles de pibes y pibas que se sumaron a militar con las inquietudes más sanas y las mejores intenciones. Los y las van a condenar a morirse vírgenes de auténtica rebeldía. Pero pienso en estas cosas eso sólo cuando me pongo extremadamente pesimista. Cosa que no ocurre muy a menudo. Me refiero al grado extremo.

Lo que sí pienso más seguido es que un proyecto emancipador no necesita tanto de los políticos profesionales, menos en este tiempo histórico que nos toca vivir. Necesita imperiosamente lo que Enrique Dussell llama políticos críticos: luchadores y luchadoras populares; dirigentes sociales, territoriales, sindicales, campesinos, estudiantiles; comunicadores y comunicadoras, educadores y educadoras populares y otras categorías por el estilo, ecologistas, feministas… Políticos críticos o intelectuales orgánicos, que es más o menos lo mismo. Tal vez en algún momento los políticos profesionales sean un mal necesario. No estoy tan seguro de que alguna vez podamos prescindir de esa especie. Sólo aspiro a que su intervención mediadora se dé en el marco de otras relaciones sociales de fuerzas, pero dudo que los políticos de superestructura logren modificarlas apareciendo seguido en los grandes medios de desinformación o desde algún espacio institucional marginal.

Retomo el hilo de la respuesta. Dentro de este espacio existen importantes movimientos sociales, me refiero a sindicatos y organizaciones territoriales. Pero considero que las organizaciones más desarrolladas están priorizando lógicas verticales, de fortalecimiento del aparato, buscan consolidarse como elite mediadora entre los pobres y el Estado. Por eso hoy se presentan como garantes de la gobernabilidad. Creo que hay muchos dirigentes y empleados y pocos voceros. Una especie de “vandorismo de pobres”. Te aclaro que Vandorismo viene de Augusto Vandor, poderoso dirigente que fue un emblema de la burocracia sindical argentina en la década del 60.

Luego está la izquierda que siempre es igual a sí misma. La vieja izquierda, envasada en partidos o en otros formatos. Relativamente desarraigada, sectaria, anodina. Con su media lengua revolucionaria. Con su conciencia crítica anestesiada por su tendencia a aferrarse a sus viejas estructuras ideológicas dogmáticas. Fijate que dije “relativamente desarraigada”, porque considero que el aporte de esta izquierda al desarrollo de corrientes sindicales combativas y antiburocráticas, ha sido muy importante, muy valioso. Aunque arrastre viejas taras y también sea, a su modo, conformista.

Con solo escuchar o leer lo que han dicho en torno a la muerte de Fidel alcanza para reafirmar su carácter absolutamente contingente respecto de los procesos históricos populares, plebeyos. Y no estoy hablando de eludir la crítica a la Revolución Cubana.

Finalmente existe otra izquierda más rebelde e inadaptada, que posee potencia emancipatoria, pero está fragmentada, ha perdido autoestima, carece de la confianza necesaria, se encuentra tironeada por las dos alternativas de las que te hablé antes y también ha estado y está expuesta al conformismo. Porque el conformismo a veces va de la mano de la incapacidad de desarrollar una gran política, o si preferís, una política de masas, apelando a un lenguaje un poco viejo. Al mismo tiempo esta izquierda, por lo menos en Argentina, debe lidiar con aparatos políticos, sindicales y territoriales más consolidados a la hora de desarrollar el tipo de inserción social que mejor se aviene a sus fundamentos ideológicos, a sus horizontes políticos y su perfil militante.

Pero yo creo que sólo de este espacio puede salir algo que nos entusiasme y nos apasione, esto es, que plantee realmente un proyecto emancipador, antiimperialista, anticapitalista, antipatrialcal, etcétera; que sea la expresión de la nación clandestina; que encuentre el adjetivo que nos coloque por fuera del orden establecido. Es más, confío en que pueda influir en los otros espacios donde las bases son, digamos, de “izquierda natural”, de “izquierda práctica”, para contrarrestarles las cargas reformistas, burocráticas o sectarias y para sacarlas del pantano del pragmatismo de una elite política apurada por ocupar espacios de poder institucional.

PRR: ¿Que opinas del crecimiento de la derecha a nivel mundial? Podríamos tomar como referencia el triunfo de Donald Trump en los Estados Unidos. 

MM: Más allá de las cuestiones geopolíticas, y de otras tantas que desconozco, yo creo que hay que hablar de un avance de una nueva forma de fascismo, un neo-fascismo. Una forma que tiene mucho de las formas clásicas pero que ahora es mucho peor. El viejo fascismo doctrinario permanece como expresión de minorías, aunque encuentre en este contexto histórico un ecosistema cada vez más propicio. El fascismo que debería preocuparnos es el fascismo que promueve el mercado. Porque ya está claro que el mercado ha comenzado a asumir abiertamente su incompatibilidad con la democracia, incluso con la democracia en dosis bajísimas y formales, su incompatibilidad con la naturaleza y la belleza, su incompatibilidad con la vida misma. En realidad, viene profundizando esa incompatibilidad que ha estado presente desde los orígenes del sistema capitalista.

A diferencia del fascismo clásico, el neo-fascismo no se puede reducir a un fenómeno de pequeños burgueses asustados o confundidos por un avance popular, aunque esto último, sin dudas, lo exacerba.

El neo-fascismo propone vender y comprar todo, por eso, a diferencia de los fascismos clásicos, no invoca patria, religión, nada. A todo lo que se resiste a ser vendido y comprado le responde con la guerra.

La trilogía sería: neoliberalismo, neofascismo, neocanibalismo.

Se trata de un neo-fascismo que inocula el mercado y que arraiga en amplios sectores de la sociedad. Sus personeros son las grandes corporaciones que están dispuestas a arrasar con los seres humanos y la naturaleza, también los grandes medios de desinformación que son la capa emergente de una internacional de la derecha y del neo-fascismo. Pero el neo-fascismo opera sobre un colchón social a-crítico, inconsciente, constituido por sociedades de espectadores y consumidores pasivos que el propio neo-fascismo se encarga de reproducir. Y como el neo-fascismo también exacerba la oscuridad, el miedo a la muerte, entonces hay seres humanos que se auto-esclavizan o se mueren de miedo a la muerte.

PRR: ¿Cuáles serían para ti los signos más visibles del avance del neo-fascismo? 

MM: Hay muchos signos evidentes del avance de este neo-fascismo. Habría que fundar un observatorio del fascismo societal promedio [Risas]. Determinar que variables (conductas, prácticas, etc.) medir y establecer algunos índices. Desde la violencia contra las mujeres a la prepotencia del capital financiero, desde la violencia de los automovilistas al sadismo de los gerentes de las multinacionales y los narcotraficantes, desde los linchamientos a las guerras llamadas preventivas, desde el bulliyng a las políticas represivas en relación a los pobres y la contrainsurgencia, desde la pérdida de códigos en los barrios populares a la absoluta falta de ética de las clases dirigentes y buena parte de los políticos profesionales…. Sin obviar el incremento del grado de imbecilidad de los turistas [Risas].

El neo-fascismo se caracteriza por hacer que los seres humanos desarrollen su voluntad de odio. Es la estrategia del odio permanente. Es una estrategia que te succiona toda la humanidad. Y la bomba de succión la maneja el mercado.

El neo-fascismo es ese tipo en Miami celebrando la muerte de Fidel con una remera con el rostro del genocida Jorge Rafael Videla. O el núcleo duro de la oposición anti-chavista en Venezuela. Sí claro, eso es indiscutible. Pero el neo-fascismo es, básicamente, un modo de producción de verdugos y, al mismo tiempo, de víctimas, en todos los planos y grados imaginables. Un modo de producción de olvido, silencio, humillación desprecio por el otro/la otra, deprecio por lo colectivo, en fin: miedo y muerte.

Claro está, existen espacios de resistencia, ámbitos colectivos contenedores y afectuosos, donde la vida se expande. Allí se gestan nuevos códigos, que debemos aprender a reconocer y en los que debemos empezar a reconocernos.

PRR: Hablemos un poco sobre los intelectuales… ¿cuál es tu posición sobre el sobre el rol de los intelectuales?, me refiero específicamente al rol político. 

MM: En primera instancia uno tiende a pensar que los intelectuales de la derecha carecen de capacidad de hegemónica, porque su relato es de un anacronismo y una superficialidad increíble y porque además su proyecto no tiene costados de integración de capas sociales subalternas, es un proyecto lisa y llanamente depredador. Pero a veces me pregunto, horrorizado, si no cabe pensar en nuevas hegemonías basadas directamente en disvalores. Esto de que el odio colonice el sentido común. Tal vez el sistema desarrolle una destreza hegemónica basada en su propia monstruosidad. En ciertos planos, eso ya viene ocurriendo.

Como sea, lo que queda claro es que han sido eficaces en el corto plazo.

Hablo de los intelectuales en sentido gramsciano y detengo la mirada en la TV, en la radio, en los grandes diarios, en las redes sociales. Hablo del enorme poder de los medios de desinformación como generadores de un sentido común reaccionario e impiadoso. Han logrado disfrazar el odio con la ropa de la libertad de expresión.

Por ejemplo, aquí, en Argentina, Jorge Lanata puede ser considerado un intelectual orgánico de las corporaciones, de la derecha. Bueno…. más que un intelectual “orgánico” Lanata sería un intelectual “transgénico” [Risas].

Pero no tiene sentido centrarse en la persona de Lanata. Lamentablemente abundan los personajes como él. Hablo de Lanata como expresión de una estrategia comunicativa vendedora de mentiras, de mierda… que se desplaza de la ironía al desprecio por la humanidad; en fin, la expresión de la voluntad de odio a la que hacía referencia. Esos tipos han traicionado a la vida, no pueden entenderla y no saben respetarla. Lo han hecho por dinero, por egocentrismo, por idiotez moral, tal vez por todo eso junto. No lo sé.

Luego noto que, en una capa de intelectuales, existe una gran capacidad de amoldarse al nivel de “progresismo promedio” como una forma de cotizar sus saberes técnicos. Me refiero a cotizarlos material y simbólicamente, a la posibilidad de ser contratados y/o reconocidos.

Existe una corrección política progresista standard que apela a lo nacional popular, a la democracia, pero que ya es absolutamente insuficiente para mantener alerta a la conciencia. No obliga a exponer el cuerpo, a exponerse.

Ese “progresismo promedio” les puede garantizar a los intelectuales cargos públicos y/o prensa. Claro, los expone a ciertos vaivenes. Por ejemplo, del Estado (cuando asoman gobiernos progresistas) a los movimientos sociales y a las organizaciones populares (cuando adquieren protagonismo histórico y gobierna la derecha) o la inversa. Tiendo a pensar, de todos modos, que fuera del Estado, la conciencia se les sacude un poco. Pero no demasiado. No lo suficiente para dejar de lado el interés por la acumulación de capital curricular o prestigio. No lo suficiente para desarrollar una auténtica pasión intelectual.

Una auténtica pasión intelectual no contempla modas; corre el riesgo del ostracismo, el silencio, la soledad, la indiferencia, y hasta la incomprensión y el olvido, pero de ningún modo los vive como una frustración. Porque es una pasión y punto. No se padecen las pasiones.

Respecto del rol de los intelectuales críticos… Me parece que no hay mucho que inventar al respecto. Y nosotros no estamos para inventar la pólvora o el agua tibia. En todo caso, lo nuevo que puede decirse se vincula a la sutileza cada vez mayor de los mecanismos de integración de los intelectuales desarrollados por el sistema de dominación. En concreto, se pueden aportar análisis de procesos asociados al transformismo.

Yo sigo pensando que el rol del intelectual crítico (y ético) es desnudar la burguesía y al poder (al poder de verdad). Ponerla en pelotas en medio de calle, desprovista de todo concepto, y que el pueblo pueda verla tal como es: cruel, impiadosa, psicópata. Se trata de sacarle las máscaras a la burguesía y de crearle una intemperie. Al mismo tiempo creo que el intelectual crítico (y ético) debe desarrollar alguna interioridad respecto de alguna comunidad popular concreta, aunque sea pequeña y modesta. Sistematizar sus prácticas, deducir los saberes y valores no enajenantes implícitos y celebrar los explícitos. También aportar a la construcción de lenguajes que les permitan a los pueblos constituirse como sujetos históricos y entenderse como colectivos capaces de edificar un orden justo e igualitario y una civilización profundamente humana. Sin esta vocación de los y las de abajo, la burguesía podría pasearse en pelotas tranquilamente por los siglos de los siglos y terminaría convirtiendo su aberración en sentido común o utopía. Aclaro que se trata simplemente de una metáfora, no quiero ofender a los nudistas de buena voluntad y, nunca dicho más literalmente, de carne y hueso [Risas]. Claro está, en paralelo hay que denunciar los mitos enajenantes que, lamentablemente, son muchos y se reproducen como hongos después de la lluvia.

No creo que los intelectuales puedan hacer mucho más. Y me incluyo, claro. No hay que sobredimensionar el papel de los intelectuales, salvo que se incluya en esa categoría a los poetas. A los poetas de verdad, escriban o no. Esos que logran instalarse en la memoria rebelde de los pueblos. No a los que escriben versitos y arman juegos de palabras ingeniosos.

Eso sería más que suficiente. Sería una forma de acercarse al terreno de la praxis y salir un poco del campo especulativo y burocrático de la academia, el Estado o las organizaciones sindicales y políticas convencionales… También una forma de exponer un poco más el cuero.

PRR: En tu último libro, El hereje, apuntes sobre John William Cooke, vuelves sobre los pasos de esa figura emblemática de los años 60, un precursor de la izquierda peronista… ¿Por qué hablar de Cooke en el 2016? 

MM: Siempre regreso a Cooke. Una y otra vez. Busco claves para entender este país y el tiempo histórico que me tocó. Y, a medida que pasan los años, siempre descubro claves nuevas. Cooke sigue siendo importante, por ejemplo, para no idealizar la destreza pragmática del peronismo y para darse cuenta que como materialidad concreta hace rato que no está en condiciones da ofrecerle al conjunto del pueblo argentino un proyecto rebelde, radical, transformador. Cooke, además, suministra elementos para una crítica al populismo, desde una visión popular.

PRR: ¿Podrías explicar mejor esa contraposición entre populismo y lo popular? Me resulta un tanto confusa. ¿Tú no coincides acaso con los autores posmarxistas? 

MM: Bueno… el término populismo, el concepto de populismo, es muy ambiguo. Existe una definición de la derecha ultraliberal, del estilo Miami o CNN, que considera que populismo es, lisa y llanamente, el gasto público, la inversión estatal en desarrollo social y la redistribución equitativa del ingreso, aunque esta sea redistribución secundaria del ingreso. Para ese tipo de personas un poco de piedad ya es populismo.

Ahora se habla de un populismo cool. El populismo puesto en práctica por la derecha liberal que debe garantizar condiciones de gobernabilidad y que tiene que hacer algunas concesiones hacia abajo.

Luego, autores como Ernesto Laclau, ya fallecido, y otros autores y autoras posmarxistas han resignificado positivamente el concepto de populismo. También están quienes lo reivindican por pura inversión simbólica. O sea, trastocan el sentido que le asigna la derecha más troglodita. Este gesto es entendible, y hasta posee núcleos de buen sentido, para usar una expresión gramsciana. Sobre todo por lo que rechaza, no tanto por lo que afirma.

Por lo demás, yo no soy pos-marxista, ni pos-nada. Detesto las modas “pos”, porque son solo eso, modas pasajeras. Y no adhiero a ningún enfoque determinista, incluyendo el determinismo de los símbolos.

En términos bien cookistas –ya que estamos con Cooke– y en relación al populismo yo suelo plantear lo siguiente: si el populismo es una estrategia para diluir los contenidos populares más radicales en una totalidad que los incluye pero los subordina a través de significantes flexibles, lo popular aspira a una totalidad pero con predominio de la clase trabajadora y con subordinación de los contenidos burgueses. Si el populismo es una estrategia de regulación de la lucha de clases, lo popular es una estrategia de profundización de la lucha de clases. Si el populismo es una estrategia de politización social limitada y controlada, en cuenta gotas, lo popular es una estrategia que lleva al punto máximo esa polarización. Si el populismo es una articulación interclasista, lo popular es una articulación intraclasista.

Ocurre que muchas veces esta tensión entre lo populista y lo popular atraviesa los procesos históricos populares que suelen ser impuros y poco lineales. La Revolución Bolivariana de Venezuela es un proceso atravesado por esta contradicción y su futuro depende de cómo se salde la misma.

Como podrás apreciar, mi idea del populismo no tiene nada que ver con la de la derecha y tampoco se puede emparentar a la de los posmarxistas.

PRR: Algo más que quieras agregar… 

MM: No. La verdad que no. Ya tomamos muchas cervezas. Y puede que el grado de alcohol en palabra sea excesivo.

Entrevista realizada en revista Resumen.

domingo, 18 de diciembre de 2016

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El punto “G”

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Por Pepito El Breve

“Esta va por ti, muñeca” (Casablanca).

Hasta hace un tiempo era costumbre en Chile que la vida sexual de los políticos no soliera ventilarse por la prensa, se cuidaba tanto “como un hemofílico se cuida un rasguño” frase con que Michael Jackson se referiría al celo que el rey del pop tenia por mantener en secreto su vida privada. Prueba de lo anterior es que si bien por lo bajo se chismoteaba a nadie se le pasó por la mente cuestionar al Chicho por la Payita.

Tal vez por ello enfureció tanto el obsequio de Roberto Fantuzzi presidente de Asexma al ministro de Economía Luis Felipe Céspedes en la cena anual del gremio de los exportadores y manufactura. Fantuzzi, socarrón como es, pensó que como el chiste político erotizado no debiera ser exclusividad de la portada de The Clinic, sería entendido como tal en otras esferas, optó por regalar al ministro una muñeca inflable porque, dijo: “La economía, es como una mujer, y hay que estimularla”.

Pero conviene recordar que fue el Partido Por la Democracia el primero que creyó con Guido Girardi haber alcanzado el punto “G”, sin embargo el senador desvió el camino.

Si bien los sexólogos políticos ya se estaban convenciendo de que dicho lugar en el cuerpo de la política era más bien un mito, irrumpió Guillier provocando un seductor placer electoral que va in crescendo y que espera llevar a los radicales y la masonería hasta el paroxismo, por no decir a alcanzar el clímax.

Cabe señalar que Insulza también intenta lo suyo, pero según consignan las encuestas, por más que trata de caer simpático, no le alcanzaría más que para ser un punto sobre la “i”.

Eso sí lo de Lagos es notable, como para dejar claro que el sexo en la tercera edad es justo y necesario señaló con franqueza que es de gusto un tanto raros, pero no por ello ilegítimos, después de todo somos libres de practicar el sexo como se nos antoje siempre y cuando sea un acto consentido, entre adultos y con criterio formado.

El ex presidente como es su costumbre fue franco y directo y se mostró dispuesto a transparentar su vida sexual a vista y paciencia de todo el electorado, ello a riesgo de ser criticado, porque lo de él sería el masoquismo, ya que aunque su candidatura no prende se empeña en ser candidato y, cómo él mismo dijo, si sale derrotado en las primarias “acabó Lagos”.

El caso es que lo de la muñeca inflable fue noticia mundial, porque ofendió a muchos, atribuyeron a un juguete erótico de plástico la vida y valores propios de un género humano. Misma confusión en que cayó Fantuzzi al confundir la economía con la mujer y representar a esta en una muñeca inflable. Así mientras, para algunos lo de Fantuzzi fue un chiste grosero y ofensivo, para otros nada más que la legitimación pública del plástico y solitario acto sexual antinatura.

Como es poco probable que el ministro Céspedes haya llevado la muñeca a casa, y es de mala educación botar los regalos, lo más factible es que la guardó en su oficina del ministerio, pero ahí está el peligro puede engolosinarse con ella corre el riesgo de terminar más enganchado que el protagonista de la película “Fedora la novia de Lars”.

Lo anterior podría provocar un descalabro económico del país, porque Céspedes es capaz de creer que la muñeca habla, le dice cosas, que no puede repetir porque le habla solo a él.

De juguetes eróticos bien saben los que asistieron al Congreso Nacional de Matronas que se realizó en noviembre en la ciudad de Punta Arenas, con masiva participación de profesionales y académicos de la matronería de todas las regiones y de las universidades públicas, privadas y privadas con vocación pública del país.

Como el tema del Congreso del año 2016 fue “La Sexualidad” en sus diferentes acepciones, en la cena de cierre se sortearon entre los asistentes juguetes eróticos, no hubo por cierto muñecas, pero si penes de goma y gel lubricante (eso sí para disfrutar y estimularse en pareja) lo anterior no salió en la prensa, ni nadie manifestó públicamente su molestia.

Creo que todos los seres humanos tenemos muñecas (o muñecos) ocultos en los armarios internos de nuestra precaria humanidad yo, como no soy político y sólo porque los caballeros no tienen memoria, confieso que recuerdo al menos dos, la primera se llamaba “Princesa” y “El Cato”, de la carrera de Historia, solía cantarle: “Entre la cirrosis y la sobredosis andas siempre muñeca”, durante las tomas de los años 80 en la Universidad de la Frontera; la otra era de trapo, se llamaba Alejandrina y solía acompañar el show de Tilusa, pero ella es: “Solo una muñeca de fondo no tiene nada ningún rencor escondido ninguna envidia guardada”.

En una columna de opinión titulada “Toros” del sábado 10 de diciembre del diario español El País, el filósofo Fernando Savater se refirió a quienes combaten la Tauromaquia como: “Creen ser ilustrados porque pretenden prohibir todos los placeres que no comparten, como si la inquisición fuese moderna. ¿Por qué no prueban a ilustrarse ocupándose de sus asuntos?". En nuestro país no tenemos toros pero, para horror de muchos, han empezado a proliferar muñecas inflables.

domingo, 27 de noviembre de 2016

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A Fidel lo que es de Fidel

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Por Miguel Mazzeo

Fidel.

Este nombre es un palimpsesto que condensa seis décadas de luchas populares contra el poder despótico del capital y los sueños emancipatorios del mundo periférico, pobre y explotado.
F-i-d-e-l.

Esas cinco letras convocan como por arte magia los anhelos y las reivindicaciones de los justos y las justas del mundo entero. Nadie puede afirmar lo contrario. Salvo que sea reaccionario, torpe sectario, individualista obsesivo e infecundo, turista éticamente irresponsable, incauto, arrepentido; víctima de alguna “confusión democrática” y de las mistificaciones promovidas por el imperialismo y las clases dominantes; o, simplemente, ignorante y/o alienado, presa fácil para los discursos hegemónicos y otras narrativas impiadosas.

El Comandante Hugo Chávez Frías dijo una vez: “A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. A Fidel lo que es de Fidel…”.

Más allá de algunos rigores monolíticos, más allá de los claroscuros, Fidel es la cifra de la utopía del cambio sistémico y de la resistencia a las políticas neo-coloniales. Fue y es un ejemplo de resistencia al hostigamiento y las agresiones de la principal potencia capitalista, racista y belicista del mundo, al más impiadoso bloqueo imperialista, a lo que Maurice Duverger llamó alguna vez una política de “fascismo exterior”. Fidel fue siempre un ejemplo de dignidad y de solidaridad. Y con él y por él Cuba fue y es epicentro de la dignidad de los pueblos del mundo. Mientras que, en el Norte, los sucesivos gobiernos y los sucesivos criminales de guerra, desde Dwight Eisenhower a Barack Obama, hicieron de los Estados Unidos el epicentro de la barbarie y la arrogancia (ejercidas tanto en el orden externo como en el interno), de una política que plagó, a Nuestra América y a otras regiones de la periferia, de “miserias a nombre de la libertad”, tal como profetizó Simón Bolívar.

Fidel y los personeros del imperio remiten a atmósferas morales antagónicas. El Subcomandante Insurgente Marcos afirmaba en 2003: “Se dice Cuba como se dice dignidad”.

Nosotros agregamos: también se dice Fidel como se dice dignidad. Por supuesto, Fidel también es el nombre de una revolución con arraigo popular y con la convicción de construir un mundo nuevo, una sociedad diferente a la del capital. A pesar de los condicionamientos estructurales no superados, a pesar de las muchas frustraciones en el largo proceso tendiente a la construcción de una vía anticapitalista, a pesar de lo que Silvio Rodríguez denominó “la exhaustiva seguridad de nuestro socialismo”, el pueblo cubano, se conservó como uno de los pueblos más puros, abnegados y generosos de la tierra, un pueblo de patriotas, de revolucionarios y revolucionarias. Un pueblo que nunca se singularizó imitando, que resistió y resiste al dogmatismo, que soportó el retroceso del período especial (y sigue soportando algunos de sus efectos persistentes), y que jamás renunció a sus raíces, aún bajo contextos de fuertes presiones tendientes a la adopción de un cuerpo cerrado de doctrina. Sin dudas, ese pueblo aprendió a ser menos indulgente con los discursos y prácticas oficiales y menos tolerante con el mimetismo, de cualquier signo. En ese pueblo tenemos que buscar a Fidel y no en los elogios rituales.

Por suerte el pacto entre el pueblo cubano y Fidel logró rebasar las mediaciones burocráticas, los lenguajes administrativos y los enmohecidos manuales soviéticos (los “ladrillos” de los que hablaba el Che). No podría ser de otro modo, porque Fidel es una figura clave para entender por qué el socialismo, como sostenía Armando Hart, se convirtió en “sueño, carne y espíritu de los cubanos”. Ese vínculo entre el pueblo cubano y Fidel supo custodiar algunas claves libertarias que mantienen inalterada su vigencia y que esperan ser rehabilitadas, resignificadas y proyectadas permanentemente. Hablamos de las claves estrictamente martianas, es decir: humanistas, antiimperialistas, hablamos del programa “ultra-democrático” como lo llamó Julio Antonio Mella en su lúcido ejercicio precursor de la articulación entre nación y socialismo. La tenacidad y la enorme humanidad del pueblo revolucionario cubano, puesta a prueba una y mil veces, y que Fidel expresa como nadie, es el insumo principal para actualizar, para renovar el imaginario revolucionario cubano, para revitalizar las estructuras de poder popular, para dinamizar la larga transición cubana al socialismo y evitar que se convierta en una transición acelerada a la mercantilización.

El proceso de estatización de la Revolución Cubana (del socialismo cubano, del marxismo cubano) con su proliferación de estructuras altamente codificadas, con sus pantanos culturales, ideológicos y políticos, puede ser criticado con razones muy valederas. Es más, creemos que, desde un horizonte emancipador honesto y consecuente debe ser criticado dialécticamente; es decir, sin negar los aportes liberadores más significativos. El marxismo debe utilizarse también a la hora de analizar/valorar críticamente la práctica socialista. Es más, prescindir del marxismo en esta faena impostergable contribuye al enterramiento de la utopía socialista. No todo el sentido común de la izquierda es “buen sentido”. Además, quienes pensaron (y piensan) la sociedad socialista exenta de contradicciones no le hicieron ningún favor a la causa del socialismo, todo lo contrario. Las mistificaciones para eludir los dilemas que desgarran a los militantes populares siempre tienen un fondo conservador y hasta reaccionario. Además, siempre que el conformismo y la revolución se llevan bien, es porque algo anda mal.

Ahora bien, creemos que ninguna crítica en clave emancipatoria puede relativizar la significación histórica de la Revolución Cubana sin precipitarse en una actitud muy parecida a la deserción. Luego… ¿en cuántos Estados del mundo priman los criterios de solidaridad y cooperación por sobre los criterios de mercado? Cuba fue (y todavía es) uno de los escasos sitios en el mundo donde los valores humanos no se admiten sólo como ficción. Y no hubo naufragio o bloqueo que alterara esta condición. ¿Acaso existe en el mundo un pueblo que, como el cubano, presente rasgos tan marcados de una cultura distributiva e igualitaria? ¿Cuántos Estados, cuántos pueblos, están prestos a apoyar, sin retaceos de ninguna índole, a cualquier fuerza de signo anticolonialistas, antiimperialista y anticapitalista que levante la cabeza en cualquier rincón del planeta? Apoyar aquí es: entregar la propia riqueza, no lo que sobra, como dijo Fidel alguna vez. Literalmente, es sacarse el pan de la boca para que otro, en la otra punta del planeta, recobre su dignidad. ¿Cuántos pueblos desarrollaron esa conciencia que sólo aflora cuando se asume la responsabilidad de luchar por la liberación de otros pueblos? Cuba, promotora de las diversas culturas de liberación, ha sido la antítesis exacta del “fascismo exterior” de los Estados Unidos.

Los anacronismos políticos (la matriz centralizada del socialismo, por ejemplo) y las opacidades culturales que arrastra el sistema cubano, el hecho de que fuera concebido para otra época histórica, el adormecimiento de la dinámica de las incitaciones, no le impidió y no le impide cumplir con roles históricos que, en ciertos planos, siguen siendo de vanguardia.

Cuba no ha cesado un instante de poner en tensión al poder hegemónico mundial y la política global del Imperio. Esa persistencia es mérito invalorable de Fidel y del pueblo cubano. Asimismo, sigue existiendo una simbiosis descarada entre los enemigos de la Revolución Cubana y los enemigos de la Revolución de Nuestra América. (Que es lo mismo que decir: enemigos de la independencia de Cuba y enemigos de la independencia de Nuestra América).

Decir que Fidel fue y es un gran estadista es quedarse muy corto. Fidel supo ser el nombre de la utopía realista en el mundo periférico. Fue el arquitecto principal del espacio utópico más importante del mundo en la segunda mitad del siglo XX. Un espacio que habilitó las fantasías heroicas más maravillosas. Un espacio que supo ser, según los contextos, tan real como simbólico o más simbólico que real. Pero siempre necesario e imprescindible como referencia vivificadora para los hombres y las mujeres que, en cualquier rincón del planeta, resistían, luchaban y soñaban.

Ciertamente, Fidel no tuvo otra alternativa que conservar ese espacio utópico en la más absoluta soledad, en medio de la dispersión de las fuerzas populares derrotadas en el resto del mundo, en una ínsula subdesarrollada, excluida, bloqueada y en medio de un inmenso océano de capitalismo envalentonado por lo que parecía su triunfo definitivo e irreversible.

Nunca hay que olvidar que Fidel y el pueblo cubano tuvieron que ingeniárselas para conservarse al frente del proceso de emancipación del capitalismo y al mismo tiempo garantizar la reproducción social en las peores condiciones materiales y geopolíticas.

Durante las décadas del letargo neo-liberal, Fidel tuvo que ser el único “diablo”. O se vio obligado a compartir la condición “diabólica” con figuras desprovistas de toda proyección civilizatoria, incluso tuvo que convivir con diablos en pequeña escala o efímeros. Nunca dejó de ser el gran diablo del siglo XX, aún en el punto de máxima reducción del campo de maniobras y de máximo deterioro de la solidaridad externa. Esa soledad explica, en parte (y sólo en parte), que ese espacio saliera un tanto abollado, con sus dotes arquetípicas y heréticas menguadas y sin la capacidad seductora de otrora. Como no podía ser de otro modo, Fidel fue instigador del otro gran diablo, el principal diablo en lo que va del siglo XXI (y que se nos fue demasiado pronto): Hugo Chávez.

A pesar de las diferencias respecto de los trayectos y las estrategias emancipatorias actuales –y, posiblemente, futuras– la Revolución Cubana y Fidel son y serán una estación fundamental de la revolución en Nuestra América, una referencia insoslayable.

Vale decir también que si el mundo no fue estrictamente unipolar hace algunas décadas, si los extirpadores de utopías no lograron un triunfo absoluto, si el poder hegemónico del capital no logró transformar toda la mentira en verdad, si la moral de los luchadores y los revolucionarios conservó algunos pedestales, si el futuro no cayó en la desgracia más absoluta, fue por Fidel y por el pueblo cubano. Fidel y el pueblo cubano fueron la última trinchera que evitó que regresión política y cultural impuesta por neoliberalismo haya sido más devastadora de lo que fue.

Sin Fidel y sin el pueblo cubano, sin el deseo, el entusiasmo y la audacia de ambos, posiblemente hoy no se hablaría de “tendencias” o “transiciones geo-económicas a la multipolaridad”, del posible inicio de un “ciclo alter-mundialista”, de “programas mínimos anticapitalistas”, de la reconfiguración de las relaciones Sur-Sur, o de la emergencia de un nuevo paradigma emancipatorio (que, en muchos aspectos, es sustancialmente diferente al cubano histórico).

Sucede que también esa capacidad para sobrellevar la soledad y para conservar una parte de la axiología revolucionaria más valiosa, para salvarla del naufragio y permitirle que llegue a otra orilla; en fin, esa obstinación formidable a la hora de conservar el optimismo de la voluntad, explican la permanencia del castrismo como movimiento internacional antiimperialista y emancipador.

Fidel fue el héroe de mil batallas a favor de la humanización. Eterno luchador contra las lógicas mercantiles y la oquedad filantrópica, contra la política enajenada, contra la alienación cultural. Su figura resumió a lo largo de seis décadas todas las resistencias contra las diversas expresiones de la barbarie del etnocentrismo occidental y contra el despotismo capitalista.

Existen aspectos del liderazgo de Fidel que no pudieron ser mellados por la vejez y la rutina.

Fidel sigue siendo el patriarca del anticolonialismo, una bandera de esperanza de los desposeídos y las desposeídas contra la voracidad de un sistema depredador.

Fidel es el nombre del internacionalismo en su expresión más alta. El internacionalismo que abreva en Simón Bolívar, en José Martí y en las mejores versiones del “internacionalismo proletario”. Un internacionalismo generoso y concreto, jamás ingenuo y mucho menos declamatorio.

El dominicano Pedro Henríquez Ureña decía –¡en 1936!– que el pueblo cubano, en su rebeldía de casi un siglo, era el que más horas y más vidas había ofrendado por la libertad. Fidel y buena parte de la “Generación del Centenario” supieron recoger esa herencia, la conservaron, la perfeccionaron, la proyectaron.

Fidel es el nombre de lo que posee la capacidad de ver el triunfo en la derrota, desde el Moncada hasta –seguramente– el último aliento. Fidel es la voluntad que no sabe de vacilaciones.

Fidel es el nombre de lo que no quiso ser modelo pero siempre fue ejemplo. “Nadie sabe realmente como construir el socialismo”, dijo alguna vez, no hace tanto. Fidel es el nombre del espíritu desmitificador.

Fidel es punto de referencia imprescindible para quienes dedican sus días a sembrar la conciencia colectiva solidaria, a amar y a fundar, al decir de José Martí.

La voz grande y briosa de Fidel sobrevivirá a los lacayos y a los reformistas, a los títeres tele-comandados, a cualquier moda “post”. Sobrevivirá a todas las agendas imperialistas. Sobrevivirá a los hipócritas que se preocupan por los derechos humanos en Cuba al tiempo que maquillan (¡o celebran abiertamente!) el poder de las cosas sobre las personas, las tropelías del capitalismo “democrático” y del Estado burgués en el resto del planeta. Sobrevivirá también a los pragmáticos (dentro y fuera de Cuba), predispuestos a las concesiones a cualquier precio, admiradores de modelos anacrónicos y pseudosocialistas como el vietnamita o el chino. Sobrevivirá a los esquemas de los burócratas. Sobrevivirá a la hojarasca, al rebullicio, a las requisas, a los fiascos y a los resabios. La voz prodigiosa e intransigente de Fidel sobrevivirá definitiva, combativa y resistente, por los siglos de los siglos.

Fidel persistirá como significante funesto para todo molde imperialista y neocolonialista, como significante saboteador del poder de la mercancía y la voracidad de la acumulación primitiva. Permanecerá como el nombre de la realización de lo inefable, al decir de Goethe.

Fidel flotará siempre sobre esta tierra, lo respiraremos en cada selva, páramo montaña, en cada suburbio, barriada y fábrica de Nuestra América, en cada periferia pobre y oprimida del mundo.

La humanidad conmemora los 90 años de uno de sus quijotes más emblemáticos. La utopía de Nuestra América celebra los 90 años de uno de sus principales comandantes.

lunes, 18 de abril de 2016

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El Chueco y la Vieja

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Por Pepito El Breve
La primera vez que Carlos Alberto Audicio Carrillo traspasó el paso fronterizo de Monte Aymond e ingresó clandestino a Chile para ver a sus padres, lo hizo conduciendo un camión argentino.

Estaba el tanto que hacía unos años, el 12 de octubre de 1973, si mal no recuerda, su juvenil rostro de 17 años fue publicado en el matutino La Prensa Austral de Punta Arenas, como uno de los extremistas más buscados de Magallanes.

Por fortuna se había ido a la Argentina tres días antes, atrás quedaban familia, afectos y sueños, de equipaje portaba la incertidumbre de un chico que nunca había salido de casa y el tango “Adiós pampa mía” que se escuchaba por la radio del bus.

Cuando decidió irse se despidió sus amigos del barrio y compañeros del Liceo Industrial con su acostumbrado “¡Chao Vieja!”. Entre ellos Pablo Jeria y el Jano Olate que, posteriormente, serían detenidos y enviados a Isla Dawson donde fueron de los prisioneros más jóvenes de las barracas hasta el cierre del campo de concentración de la dictadura militar.

Pablo falleció exiliado en Estados Unidos y Jano sigue residiendo en Punta Arenas, reconocido como un destacado deportista y profesor de educación física, es el actual seremi de Deportes.

Al otro lado del alambre, Audicio fue aconsejado que, por seguridad, usara el apellido materno, así era conocido como Carlos Carrillo y ejerció varios oficios desde ayudante de mecánico hasta chofer de camión recorriendo las rutas de Buenos Aires hasta la Patagonia, el vehículo de carga lo salvó, fue su vía de escape.

De esos años guarda marcas imborrables, como ser una familia que dejó cuando decidió retornar definitivamente a Punta Arenas, amistades con las que aún se comunica por Facebook, cebar mate y, por un accidente cargando de fierros el camión, una inconfundible cojera.

Puede ser que en uno de esos tantos viajes por la desolada Patagonia Carlos Carrillo hallara “La Leona”, esa legendaria posada a orillas del río del mismo nombre en la Ruta 40, donde el año 1905 se alojó el forajido norteamericano Butch Cassidy y su banda, luego de asaltar el Banco de Londres y Tarapacá de Río Gallegos, para luego escapar a Chile y seguir a Bolivia donde sería asesinado.

O habrá leído el libro “Los vengadores de la Patagonia trágica”, del historiador argentino Osvaldo Bayer que narra los hechos de 1920 y 1921 sobre la huelga de los peones de las estancias patagónicas quienes liderados por el anarco sindicalista español Antonio Soto Canalejo, se levantaron contra la explotación patronal. Soto, luego que el gobierno argentino enviara desde Buenos Aires un ejército para extinguir el movimiento, huye a Chile y se radica, silenciosamente, en Punta Arenas.

Porque tanto Butch Cassidy como Antonio Soto Canalejo, al igual que él eran fugitivos. Pero Audicio, el lejano oeste solo lo conocía por las películas de la función vermouth en el Politeama y lo que más tenía de bandido era subir con sus amigos “El Cerro de los Ladrones”. O participar con su equipo de la Población Williams en “La Pandilla de mi Barrio”, ese añorado campeonato de futbol de series menores que reunía a jóvenes de los diferentes sectores de Punta Arenas y donde se cuenta que Vladimiro “El Pulga” Mimica, aprendió a relatar partidos.

Con Soto Canalejo, habrían, por cierto, más semejanzas, después de todo era militante de la Juventud Socialista y junto al Jano, estaban entre los encargados de proteger las marchas a favor de la UP.

Hoy Audicio tiene un taller mecánico en la casa que era de su abuela frente a donde están ubicados los nuevos tribunales de justicia, como para recordarle, diariamente, que siendo muchacho con él y otros se cometió una injusticia.

Aún quedan algunos amigos, el Jano suele visitar a menudo el taller. Audicio, fiel a su costumbre, le sigue saludando con un “¡Hola Vieja!” pero como el tiempo no pasa en vano, hay cosas que han cambiado, el Jano responde: “¡Hola Chueco!”.
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Él y los Otros

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Por Pepito El Breve
En lugar de tildarlo poco menos que de traidor, los parlamentarios deberían felicitar al diputado Boric por la crítica a la composición del Parlamento chileno que realizó al diario El País de España. Y agradecerle que, dejando de lado cualquier tipo de narcisismo, cuando en los medios de comunicación se refiere a la mediocridad de los políticos, lo haga en tercera persona plural, es decir ellos o, más bien, los otros.

 Boric, que al igual que los parlamentarios de zonas extremas del país sufre el centralismo agobiante, en su calidad de diputado por Magallanes dijo que el Parlamento representa a una élite santiaguina y de clase alta.

Palabras que son más valiosas proviniendo de Gabriel, con nulo resentimiento social, ya que si bien no nació en cuna de príncipe, menos en cajón proletario, sí vino al mundo en la lujosa, más no ostentosa, cama propia del buen vivir de algo más que un burgués. Y que en su linaje se cuente de lo más selecto de la DC regional, un muy cercano tío suyo fue intendente y otro tío abuelo Obispo, además de educarse en las aulas del exclusivo British School de Punta Arenas.

Pero él, es la excepción, y aunque ser autocrítico consigo mismo enriquece al ser humano, sus pares del congreso no lo comprendieron y solo se limitaron a ver en sus dichos un ánimo de desclasado.
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La gracia del Oso

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Por Pepito El Breve
Por años los realizadores de cine buscaron, infructuosamente, crear la Opus Magnum sobre los años de la dictadura chilena, eso sí más que triunfar en Hollywood, ese burdo cine de entretención yanqui, su ideal era Europa añoraban romper taquillas en Venecia, Cannes y Berlín.

 Algunos pensaron que ello se había logrado con el documental “La batalla de Chile”, luego vino “La Frontera” y la más reciente “No”, pero estas nunca estuvieron a la altura de las trasandinas “La noche de los lápices”, o de las dos ganadoras del Óscar “La historia oficial” y “El secreto de sus ojos”, que a su manera enfocaban el periodo del Proceso Militar argentino. Y ni siquiera de la mexicana “La Ley de Herodes”, esa tragicomedia sobre la corrupción del PRI en los años cincuenta.

Hasta que una cortísima película chilena de monitos animados alcanzara un reconocimiento planetario, ganara el Oscar y, curiosamente, la metáfora de un oso capturado para trabajar en un circo, se alce como la mejor representación cinematográfica nacional de la crueldad de la dictadura gorila.
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Reír para no olvidar

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Por Pepito El Breve
En la mitología griega Momo, hijo del sueño y de la noche, era el dios de las burlas y de las agudezas, satírico a más no poder, nada ni nadie era perfecto a sus ojos, hasta los inmortales eran objeto de sus punzantes burlas.

Se cuenta que Momo lamentaba que Vulcano no creara al hombre con una ventana en el corazón para que pudiesen verse sus más secretos pensamientos, y, obviamente, él pudiera mofarse de ellos.

Dioses, ninfas, héroes y mortales se molestaban con Momo, aunque no hay registro que producto de sus burlas aconteciera una hecatombe o que el Olimpo se desplomara, fue igualmente expulsado de la morada de los dioses.

Desde entonces hay quienes le ven caminar por la corteza terrestre, como Tilusa, claro está que el payaso triste chileno lo hacía en busca de palomas mientras que Momo para capturar las almas de los mortales, con especial predilección por la de los humoristas.

Aquello y no otra cosa es la razón de la procacidad de las jocosas rutinas festivaleras que para el espectro político son atentatorias contra la Seguridad Interior del Estado, no obstante los amargados de siempre consideren que son meras repeticiones de chistes viejos.

Porque aunque la risa sea un elixir de la vida y actúe también como remedio para soportar las penurias de la misma, no sabemos hasta ahora que por culpa de reírse a carcajadas se produzcan radicales transformaciones sociales, ya que si con un chiste se cambiara el mundo eso sería para morirse de risa.

A lo más puede acontecer lo que graficó Nicanor Parra en aquel artefacto donde un famélico guerrillero expresaba: “Compañeros en estos 10 años de revolución hemos comido poco pero no se puede negar que nos hemos reído bastante”.

Así y todo persisten los que viven su militancia política con una religiosidad propia del clero, para ellos hacer humor político constituye un blasfemia y estarían dispuestos a propiciar tanto una ley del Derecho al olvido con el fin de que se penalice al que traiga a la memoria sus barbaridades, como una norma para que las empresas sanitarias se vean obligadas a incorporar el agua potable además de flúor unas cuantas gotas importadas del río Leteo.

Tales propuestas políticas serían transversales, con trámite legislativo de suma urgencia, y de aprobación asegurada, ya que retomando la antipoética comicidad parriana: “La izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas”.

Si bien nunca he estado en el festival de Viña del Mar, este año estuve en el festival del Lago Argentino en El Calafate, ese lugar del mundo de la ex mandataria transandina Cristina Fernández, donde tiene unos cuantos ranchitos.

Calafate es una ciudad de 16 mil habitantes, distante por vía terrestre a cinco horas de Puerto Natales. El evento se organiza hace unos años, coincidente con el bautismo del Lago Argentino, dura siete días y un público de 25 mil personas repleta el anfiteatro al aire libre, obra inaugurada por la propia Cristina en enero del año 2015.

En la placa conmemorativa se lee ““Nos quieren tristes porque los pueblos deprimidos no vencen…Nada grande se puede hacer con la tristeza”, pensamiento de Arturo Jauretche, un intelectual argentino que sacó del olvido el kirchnerismo.

El Festival es gratuito cuando se presentan grupos nacionales y se cobra un precio módico diferenciado entre residentes y foráneos cuando se presentan artistas internacionales, no hay lugares privilegiados y tendrá la mejor ubicación quien llegue primero.

Aclaro que viajé con mi familia para disfrutar la actuación de la banda de rock Rata Blanca, sin embargo tuve que acompañar a mi mujer e hijas a las de Chayanne y Ricky Martín, pero esos días lo hice bien camuflado, porque se repleta de magallánicos, alguno podría reconocerme, corría riesgo mi pose metalera y andarían tomándome para el chuleteo.

Como no hay humoristas para no aburrirme me entretuve escuchando las bromas que se hacían un par de tipos con acento argentino sentados a mi lado, que por su rasgos debían de tener parientes chilenos, se burlaban porque uno era militante macrista y el otro peronista.

Además del Festival uno puede viajar 50 kilómetros y estar face to face con el glaciar Perito Moreno, o bien a 9 kilómetros de Calafate visitar el sitio arqueológico de Punta Walichú y ver in situ auténticas pinturas rupestres o, si se está de ánimo, recorrer 230 kilómetros hasta El Chaltén, uno de los más nuevos pueblitos de la Argentina fundado con el fin de asentar soberanía en pleno litigio fronterizo por Laguna del Desierto, y poder apreciar que las diferentes autoridades chilenas descuidaron la Patagonia, lo cual más que risa da pena.

Calafate, como ciudad argentina que se precie, tiene una surtida librería, adquirí un ejemplar del libro “Voltaire contra los fanáticos” escrito por Fernando Savater tras la masacre de Charlie Hebdo, una selección de sarcasmos y agudezas de Voltaire, lo cual para un burro como yo constituye un verdadero tesoro, permite acercarme de manera breve a la obra de quien es considerado el primer intelectual moderno.

A mi regreso a Natales escuché a dos adolescentes comentar la performance de los humoristas de Viña, concluyendo que si hoy alguien quiere hacer reír debe contar chistes de políticos, lo cual debiera tener contentos a los políticos porque si bien para la juventud la actividad política no es para nada atrayente a lo menos resulta graciosa.

Sin saberlo esos jóvenes estaban cerca de Voltaire, porque para el filósofo francés: “El único partido razonable en un siglo ridículo es reírse de todo (…) he tomado el partido de la risa y quiero morir riendo”. Así entonces hubiese sido más atinado que la Presidenta para expresar su buen estado de ánimo y el éxito de la dieta veraniega, más que una cumbia colombiana, como está la situación en la Araucanía, hubiera bailado un purrun. Aun cuando estaba decidido a seguir explayándome fui interrumpido por mi hija Natalia: “Papá no puedes ser así ¡mira como está de desordenada la casa!”, y en lugar de estar tecleando, acabé pasando aspiradora y lavando los platos, pero aquello no se los contaré ni en broma.
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Mejor una de monitos

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Por Pepito El Breve

De Palacio informan que se asignarán recursos para la filmar en formato documental una memoria visual de la gestión de la mandataria, lo cual fue inmediatamente cuestionado por sectores de la oposición e independientes. Para evitar las críticas era preferible optar por un formato diferente ya que el largo metraje si es documental se torna un tanto latoso.
Un film de personajes, quizás, era apropiado pero si es muy realista el público se confunde y cree que lo ve en la pantalla es fiel reflejo de su vida cotidiana.

Está la opción del cine negro, ese de intrigas y policías, pero habría que incluir los casos Caval y SQM y ahí si que reclamarían varios; podría ser, entonces, un nostálgico film de época pero la retroexcavadora opacaría la figura de la mandataria.

Un alternativa es el western, género que con “El Renacido” y “Los 8 más odiados” vive hoy un resurgimiento, pero bien sabemos que no hay lugar en Chile para bandidos y pillajes; Si bien una futurista de ciencia ficción encantaría a varios, sería poco creíble porque ni aunque se reforme la Constitución la Presidenta Bachelet volverá a La Moneda. Y una épica, imposible, ya que la agrupación gobernante hace tiempo extravió el relato.

Filmar una dramática sería contraproducente porque de nada sirve al gobierno que los chilenos luego de verla salgan llorando, tampoco una comedia que se prestaría para burlas, y menos una fantástica denunciarían que el gobierno quiere vendernos un cuento.

Por ningún motivo optar por el cine de horror, puede aumentar el miedo a ser víctima de un delito; y ni en sueños una de ese arribista cine chileno de autor de los años 90 ya que una película de tales características aunque la proyecten gratis en el Cine Arte Normandie y el Cinearte de Viña del Mar ni siquiera Antonio Martínez, Héctor Soto, Ascanio Cavallo ni Agustín Squella la verían.

Como hacer un film estilo hollywoodense significa gran despliegue de producción y recursos, y el gobierno llamó a moderar el gasto público y no despilfarrar dinero, lo mejor es hacer una breve de monitos animados, sobre todo si a fines de mes el premiado cortometraje animado chileno Bear Story, dirigido por Gabriel Osorio y producido por Punkrobot, puede que gane el Óscar. El corto está basado en la historia del abuelo del director quien fue detenido y exiliado.

La idea no es mala, el cine de animación soporta gran cantidad de contenidos, como gusta a grandes y chicos nadie reclamaría, es más, hasta sonreirían un rato.

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