martes 12 de mayo de 2009

El auto no tiene la culpa

Me encuentro con Leonel. Taxista, 29 años, 1 metro noventa. Le pregunto ¿Y...? para Leonel ¿y? significa. ¿Cómo te ha ido, cuenta, te has levantado alguna mina? Me dice que ahora está medio chantao. Después de lo último que le pasó. Me cuenta. Me llevé a una mina por el camino a Bories. Miro por el retrovisor y veo que un auto viene atrás, me inquieto un poco, doblo por un camino de tierra y el auto ya no estaba. Paro el taxi y me empiezo a atracar a la mina. Nos estamos desvistiendo y el auto se estaciona a nuestro lado. Era el marido, el weon baja y empieza a patear el taxi, yo me bajo y le digo; Oye weon el auto no tiene la culpa, si querís agárratela conmigo, la mina baja y se sube al auto del weon, el weon me dice ya vai a ver weon le voy a contar too a tu mujer. Le digo que si le llega a contar lo masacro. Mira el weon que se habrá imaginao.

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miércoles 29 de abril de 2009

Juzgados


Muchas veces los juzgados deben enfrentar ciertas situaciones inesperadas y salir del paso a como de lugar. Sin abandonar por supuesto el decoro y probidad tan dado a la investidura de jueces, fiscales y abogados defensores. Aunque escuchando el audio de estos seis casos, dudamos que eso suceda.




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martes 14 de abril de 2009

Los Unos y los Otros

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martes 7 de abril de 2009

Club Aéreo natalino



Por Osvaldo Wegmann Hansen

El poeta regional Silvestre Fugellie, que a menudo nos deleita con sus crónicas sobre el pasado magallánico, nos entregó hace pocos días un interesante relato sobre la fundación del Club Aéreo de Punta Arenas. Cuando uno lee estas cosas, ocurridas hace tantos años con personajes ya desaparecidos que conoció personalmente, da la sensación de estar poniéndose viejo. Mencionó a Santiago Leitao, oficial de la FACH, el mismo que tuvo un accidente en Puerto Bories cuando yo era niño. Amarizó con su hidroavión frente al frigorífico y chocó con una viga que flotaba en el mar. Lo salvó el capataz Antonio Saldivia, padre de un compañero del colegio. Arturo Meneses solía llegar también a Puerto Natales en un hidroavión Sikorsky, que era anfibio y salía a tierra al lado del aserradero de Youssuf. A Alfredo Landolt lo conocí después, intentando construir un avión sin motor, junto con Carlos Fischer, primer mártir de la aviación en Magallanes.
En Puerto Natales había inquietud por la aviación y se acrecentó con la llegada del teniente Julio Gallardo Donoso, en 1945. Era el primer oficial de Carabineros que había obtenido el brevet de piloto civil. Pocos años después, trasladado al norte, se mató en un vuelo a la altura de San Felipe. El aeropuerto de Natales lleva su nombre como un merecido homenaje, por lo que él hizo y por el afecto que conquistó entre sus numerosos amigos natalinos.
Me correspondió participar en la fundación del Club Aéreo de Puerto Natales, el 20 de agosto de 1945, en una reunión convocada por el teniente Gallardo, que se celebró en el casino de oficiales de la Segunda Comisaría. El señor Gallardo nos expresó que llegaba destinado por varios años a la ciudad y que quería aprovechar su experiencia y el entusiasmo de la juventud, para formar una institución con todas las de la ley, similar a las que existían a lo largo del país y que, igual que aquellas, estaría afiliada al Club Aéreo de Chile, cumpliendo los requisitos y exigencias que impone la Dirección Aeronáutica.
En esta misma reunión se nombró una comisión organizadora, que formamos, como presidente el piloto civil Julio Gallardo Donoso; como secretario René Adema Gallardo; como asesor Amarante Valverde y como secretario de prensa y propaganda el autor de estas líneas.
Fundado el club, se abrió un registro de socios, en el cual se inscribieron numerosos jóvenes de ese tiempo. La comisión inició de inmediato una campaña, para construir una cancha de aterrizaje, que permitiera la llegada de aviones, y que sirviera además para actividades futuras de la institución. Cooperó con entusiasmo y eficiencia el gobernador Humberto Jara Sánchez. Se buscaron terrenos en los alrededores de la ciudad, pero no sirvieron, a juicio de los técnicos. Hasta que el jefe de la posta LAN Chile, Alfonso Cuadrado Merino, experto piloto, recomendó los que están ubicados entre el camino a Puerto Prat y la estancia Bories, que fueron obtenidos de los propietarios para los fines propuestos.
Apenas asomó la primavera, el club tenía ya setenta socios, entre ellos treinta aspirantes a pilotos. Los más jóvenes y fuertes acompañaron al teniente Gallardo y comenzaron a trabajar en el despegue de la cancha. Hacha en mano y con destroncadoras, hicieron desaparecer poco a poco las matas de calafates y los troncos de árboles; la Municipalidad prestó un rolo; socios trajeron bueyes; se emparejó y ripió la cancha; se midió y señalizó el terreno y finalmente se construyó una caseta. Y en el verano aterrizó el primer avión procedente de Punta Arenas, trayendo mayor entusiasmo en el zumbido de su hélice. En esa oportunidad se abrió oficialmente el registro de aspirantes a pilotos y se inscribieron, los primeros, el gobernador Humberto Jara Sánchez y el Alcalde Sandalio Vivar Vivar.
La comisión organizadora había cumplido su misión. Correspondía elegir el primer directorio titular, que quedó formado de la siguiente manera: Dr. René Retamal V., presidente; David Canobra D., vicepresidente; René Adema G., secretario; René Mansilla, prosecretario; Constantino Gafo L., tesorero; Julio Gallardo Donoso, asesor técnico; y Amarante Valverde, director.
El entusiasmo era grande. Los socios del Club Aéreo vistieron uniforme y desfilaron en fiestas patrias. Se comenzó a reunir dinero para comprar un avión. Así iban las cosas cuando abandoné Puerto Natales. Pasó el tiempo. Se fue el teniente Gallardo. El club entró en receso. Pero la cancha de aterrizaje fue utilizada por aviones de LAN, de la FACH y de TAMA. En un tiempo el club fue reorganizado por el emprendedor piloto Ernesto Scabini, quien no se encuentra ahora entre nosotros.
Puerto Natales tiene escasos contactos aéreos. Es de esperar que queden aún algunos románticos, igual que Julio Gallardo, embelesados por el sueño de volar.

La Prensa Austral, 10 de junio de 1982.

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domingo 29 de marzo de 2009

Cuarta teoría de Lalo

Estoy terminando de atender a Lalo cuando me pregunta cuánto calzo, viendo cómo viene la mano, le miento, le digo que cuarenta y cuatro. Me dice que el número del calzado no tiene nada que ver con el tamaño del miembro. Eso es pura mentira nanito, na que ver, lo mismo que el tamaño de los dedos de la mano, una vez hablé con un médico argentino y ¿sabes lo que me dijo? Tú sabís que los médicos argentinos esos sí que son güenos, no como los médicos de acá, el médico argentino me dijo que para saber el tamaño del miembro de un hombre hay que mirarle la nariz, cuanto más grande la nariz, más grande el miembro de un hombre, mira mi nariz y la tuya chiquitita.

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viernes 27 de marzo de 2009

Tercera teoría de Lalo

El otro día vi a tu cabrito y puta que está cambiao, cuando era chiquito se parecía bastante a ti, ahora está muy cambiao, es alto, delgado y morenito, lo que pasa es que todos los cachorritos se parecen, todas las guagüitas son iguales, ahora cuando crecen ya se puede saber si son los hijos de uno o no. Por eso yo siempre digo que hay que esperar que crezcan, claro que ahora hay analis donde se puede saber si son tus hijos o no claro que eso si que son caros. Pero no está mal hacercelos por las dudas.

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jueves 26 de marzo de 2009

Segunda teoría de Lalo

Mientras le corto un cuarto de mortadela, le comento a Lalo, aquello que me contó mi amigo Julián de La Serena, que cada vez que llega a Natales percibe en el aire cierto dejo erótico. Lalo me dice que en otras partes todo está contaminado, que hay mucho smog, mientras que el cielo de Natales es limpio. “Si po’ nanito, o acaso no te day cuenta, puta la wea, los weones viene acá y el aire es puro, entonces pasa una galla y se siente el olor, aemas que las weonas no se lavan bien la zorra y entonces quea la cagá po’ nanito”.

Primera teoría de Lalo

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