sábado, 31 de diciembre de 2016

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Entrevista a Miguel Mazzeo

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Por Pablo Rojas Robledo

Entrevista a Miguel Mazzeo: Sobre la situación política argentina, el fascismo, el populismo y los intelectuales.

Miguel Mazzeo, es un escritor y un militante popular argentino. También es profesor en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en la Universidad de Lanús (UNLa), y Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires y Profesor de Historia (Facultad de Filosofìa y Letras, UBA). Autor de varios libros publicados en Argentina, Chile, Perú y Venezuela; entre otros se destacan: ¿Que (no) hacer? apuntes para una crítica de los regímenes emancipatorios; Introducción al Poder Popular. (El sueño de una cosa); Poder Popular y Nación; El socialismo enraizado: José Carlos Mariátegui: vigencia de su concepto de socialismo práctico; El hereje. Apuntes sobre John William Cooke. 

Nos solicita expresamente: -Por favor, no pongas que soy historiador o especialista en algo. 

Dice que por honestidad intelectual prefiere definirse como escritor o ensayista, o mejor, “militante que escribe”, o como “un tipo que aspira al alcanzar la altura de un educador popular”. Dice también que tardó mucho en asumirse como un intelectual. Pero que ya está resignado y lo acepta. Aunque se sienta obligado a recurrir a un abanico amplio de adjetivos para explicar esa condición.

En un encuentro reciente en la Ciudad de Buenos Aires (diciembre de 2016), pudimos conversar largo rato sobre diversos temas, en un clima descontracturado al que seguramente contribuyeron las cervezas compartidas. Mazzeo tiene una rara forma de ejercer la incorrección política. Lo hace con sobriedad y con una pose casi sociológica, lejos de toda actitud extravagante, sin aspavientos, sin jactancia.

Pablo Rojas Robledo: ¿Cual es tu balance después de un año de gobierno de Mauricio Macri y la coalición Cambiemos?

Miguel Mazzeo: El gobierno de Macri y Cambiemos es, lisa y llanamente, el gobierno de las grandes corporaciones transnacionales, del capital financiero y de la burguesía terrateniente. Vinieron a establecer una “ceo-cracia” en Argentina y a poner al Estado por debajo de la condición de capitalista colectivo. Es un gobierno que busca colocar al Estado en función del interés particular de los grupos más concentrados y poderosos en contra de cualquier iniciativa que se acerque a algo parecido al interés común. El interés común para el gobierno consiste en la beneficencia, la caridad, el voluntariado. Entonces, es el gobierno de los CEO y las ONGs. Su triunfo en las elecciones presidenciales de 2015 fue una pésima señal. Puede verse como la expresión de un deterioro general de la conciencia social. Significó un gran retroceso para el pueblo argentino. Bajó el piso en todos los órdenes. Permite, por ejemplo, que en la actualidad se idealice un Estado capitalista “normal”, no colonizado al ciento por ciento por las corporaciones; que se ansíe un capitalismo distributivo, una gestión más o menos progresista del ciclo. Por lo tanto, ni hablar de cambios radicales. ¡Todos y todas a reclamar el derecho a respirar en la república burguesa! Cada vez estamos lejos de nuestras posibilidades como pueblo, más separados de nuestra potencia.

Los que quieren convertir al país en un gran negocio no hacen más que embellecer al capitalismo piadoso, inclusivo… convertirlo en una especie de paraíso perdido.

Otras políticas exhiben la pertenencia de la coalición de gobierno a la tradición reaccionaria argentina. Su política exterior no hace más que causar vergüenza a cualquier argentino o argentina con algo de dignidad y un poco de información no contaminada. Lo que ha ocurrido con Venezuela es un claro ejemplo.

Pero, además, son ineficaces. Porque no es lo mismo administrar un Estado que una empresa o porque conjugan voracidad con incompetencia. Como sea, los resultados cada vez son más evidentes. Como decía un amigo: el gobierno y una parte del Estado están en manos de una horda de chetos y tilingos egresados de colegios y universidades privadas con un absoluto desconocimiento del país, del pueblo y sus problemas.

El gobierno, además, está preso de una contradicción irresoluble: avanzar en políticas regresivas y antipopulares y evitar el conflicto social. La derecha en general está presa de esta contradicción. Ocurre que es una derecha que dice estar preocupada por las necesidades de la gente (ellos dicen así: la gente) al tiempo que impulsa las políticas de mercado más salvajes. Por cierto, los sectores más impiadosos, los más duros, critican al gobierno por derecha, porque dicen que no ha ido a fondo con el ajuste, porque mantiene alto el nivel de gasto público y porque ha conservado algunas políticas asistencialistas. Esos sectores quieren bajar el costo laboral argentino y, entre otras cosas, apuestan a la apertura indiscriminada de las importaciones y al desempleo. El gobierno va en esa dirección, pero con un gradualismo que no acepta la gran burguesía local, la llamada oligarquía diversificada, junto con los sectores vinculados al capital financiero.

Por otro lado, el macrismo y Cambiemos en general se caracterizan por la oquedad de su relato y su patetismo, por su indigencia en materia de ideas. No es casual que los globos se hayan erigido en símbolo. Por su parte, la Unión Cívica Radical aporta su republicanismo insustancial, que a esta altura, más que un respeto por las formas, es un respeto por los “buenos modales”. Como comportarse en la mesa sin apoyar los codos, sin eructar y sin limpiarse los mocos. Son unas verdaderas momias.

En fin, no hay ninguna perspectiva de que propongan un pensamiento osado y generoso en algún plano de la realidad.

PRR: ¿Y el Frente Renovador de Sergio Massa?

MM: Es evidente que el establishment se apresta a erigir a Sergio Massa en alternativa de recambio. Tiene todas las fichas. Una alternativa que, por ahora, cuenta con la posibilidad de asimilar a sectores del peronismo y del sindicalismo burocrático. Esa alternativa, tal vez, pueda ofrecerle a las clases dominantes más destreza hegemónica. Pero tendrá que lidiar con la figura de Cristina Fernández de Kirchner, que sigue siendo fuerte y tiene la capacidad de capitalizar una buena parte del descontento generado por las políticas del macrismo y Cambiemos.

PRR: En relación al kirchnerismo, ¿Tu crees que podrá recomponerse después de los casos de corrupción que han salido a la luz? 

MM: Veamos… yo creo que la política convencional, la política burguesa es estructuralmente corrupta. Corrupta por su propia naturaleza y sus lógicas inherentes. Además desde que entendí de qué trata la plusvalía, la corrupción “administrativa”, la falta de “ética” de los funcionarios públicos, me parece un tema derivado, lo que se llama un epifenómeno. Entonces, trato que el árbol no me tape el bosque. Que el pequeño negociado no me oculte el gran negocio.

Eso sí, es evidente que hay un ensañamiento de la derecha y los grandes medios de desinformación contra ex funcionarios, contra la ex presidente, contra Milagro Sala, por ejemplo. Yo no estoy de acuerdo con muchas prácticas de Milagro Sala pero, en todo caso, prefiero discutirlo con ella en libertad. ¿Se entiende? Expresado en lenguaje maoísta podríamos decir: es otro plano de la contradicción, no es la contradicción principal.

Te decía: la política burguesa es estructuralmente corrupta, agrego: cuando más a la derecha, cuanto más intensamente burguesa, más corrupta. La política de Macri es corrupta en lo general: endeudamiento externo, pago a los fondos buitres, el blanqueo de capitales, ajuste brutal, transferencia de recursos a los sectores concentrados, más todo lo que te comentaba antes. La deuda en sí misma es una fuente inagotable de corrupción. Un gran negocio para los bancos y otros intermediarios que cobran suculentas comisiones por destruir a la nación y hambrear al pueblo.

Pero la política burguesa también es corrupta en el “detalle”: las sociedades off shore en Panamá, las generosas “donaciones” recibidas por la Vicepresidente de la Nación, el mundo de las fundaciones privadas y un largo etcétera. Además, no podemos olvidar que la corrupción del krichnerismo, en buena medida, está vinculada a la obra pública e involucra directamente a socios de Macri como Nicki Caputo y Angelo Calcaterra. Del mismo modo, muchos de los que se beneficiaron con el dólar a futuro, están vinculados al actual gobierno. Al lado de estos tipos, Lázaro Báez es casi la Madre Teresa de Calcuta. Claro, en una sociedad donde predomina la lógica del espectáculo tiene más impacto un ex funcionario lumpen, un sujeto despreciable que arroja bolsones de plata al interior de un convento, que una política global basada en el endeudamiento externo, el pago a los fondos buitres, el blanqueo de capitales, el ajuste brutal, la transferencia de recursos a los sectores concentrados, etcétera, etcétera, etcétera.

Yendo al meollo de tu pregunta: yo creo que el kirchnerismo tiene chances de recomponerse, de sumar aliados que podríamos llamar “neo-kirchneristas”, de alinear a buena parte del peronismo, y de ser opción de poder nuevamente. Este es mi punto de vista, aunque muchos de mis compañeros y muchas de mis compañeras no están de acuerdo conmigo.

PRR: En un nivel muy general ¿Cómo caracterizarías la situación política de los sectores populares y progresistas en la argentina? ¿Cuáles serían a tu criterio los espacios y proyectos en pugna?

MM: Existe Un espacio dizque nacional popular, tibio, papal. Podríamos llamarlo para-kirchnerista. Por ahora sin mucha Cristina y sin la organización “La Campora”. Pero… ¿quién sabe si en corto plazo no será con ambos en un gran frente anti-macrista?

Este es un espacio absolutamente a-crítico de la democracia delegativa-representativa. Es más, es cultor de todos sus fetiches. Allí te podés encontrar con compañeros y compañeras que consideran a PODEMOS de España como una referencia política, casi como un oráculo, y a Iñigo Errejón como un “cuadrazo”. Esto lo digo con mucho respeto por esos compañeros y esas compañeras, y también por Errejón, pero la verdad me parece de una candidez enorme. Me parece una posición política naïf. Sobre todo si, al mismo tiempo, se pretende refundar un proyecto socialista. Demasiado poco para un horizonte tan ambicioso. Todo indica que no se asumen las implicancias de ese horizonte. No hay lugar para Don Quijote, el modelo político es Sancho Panza. ¡Qué mal que estamos!

Por supuesto, rescato a buena parte de la militancia de base de estos espacios, pero lamento su escasa incidencia en el trazado de las líneas políticas principales. Me inquieta la mezquindad política de sus principales referentes y me preocupa el nivel de conciencia política de sus activistas. Veo a una parte importante de una generación militante que, por ahora, no cuestiona los sistemas de legitimación de las clases dominantes, que se adaptan a ellos. Veo un grado importante de conformismo, y hasta un cierto despotismo de lo superficial.

Cuando me pongo extremadamente pesimista pienso que sus principales referentes se mueven sólo por cierta voracidad institucional o presionados por mandatos de clase que los obligan a obtener algún “éxito” en tiempos individuales que, como bien sabemos, no coinciden con los tiempos de los pueblos. Entonces, lo que es realmente importante de cara a un proyecto emancipador pasa a ser parafernalia, adorno, artificio. Y lo accesorio se convierte en estratégico. De ahí la mística impostada, el deterioro ético que es proporcional al realismo de corto plazo. Pienso que por cuatro cargos de morondanga en alguna lista de una alianza pseudo progresista van a desilusionar a miles de pibes y pibas que se sumaron a militar con las inquietudes más sanas y las mejores intenciones. Los y las van a condenar a morirse vírgenes de auténtica rebeldía. Pero pienso en estas cosas eso sólo cuando me pongo extremadamente pesimista. Cosa que no ocurre muy a menudo. Me refiero al grado extremo.

Lo que sí pienso más seguido es que un proyecto emancipador no necesita tanto de los políticos profesionales, menos en este tiempo histórico que nos toca vivir. Necesita imperiosamente lo que Enrique Dussell llama políticos críticos: luchadores y luchadoras populares; dirigentes sociales, territoriales, sindicales, campesinos, estudiantiles; comunicadores y comunicadoras, educadores y educadoras populares y otras categorías por el estilo, ecologistas, feministas… Políticos críticos o intelectuales orgánicos, que es más o menos lo mismo. Tal vez en algún momento los políticos profesionales sean un mal necesario. No estoy tan seguro de que alguna vez podamos prescindir de esa especie. Sólo aspiro a que su intervención mediadora se dé en el marco de otras relaciones sociales de fuerzas, pero dudo que los políticos de superestructura logren modificarlas apareciendo seguido en los grandes medios de desinformación o desde algún espacio institucional marginal.

Retomo el hilo de la respuesta. Dentro de este espacio existen importantes movimientos sociales, me refiero a sindicatos y organizaciones territoriales. Pero considero que las organizaciones más desarrolladas están priorizando lógicas verticales, de fortalecimiento del aparato, buscan consolidarse como elite mediadora entre los pobres y el Estado. Por eso hoy se presentan como garantes de la gobernabilidad. Creo que hay muchos dirigentes y empleados y pocos voceros. Una especie de “vandorismo de pobres”. Te aclaro que Vandorismo viene de Augusto Vandor, poderoso dirigente que fue un emblema de la burocracia sindical argentina en la década del 60.

Luego está la izquierda que siempre es igual a sí misma. La vieja izquierda, envasada en partidos o en otros formatos. Relativamente desarraigada, sectaria, anodina. Con su media lengua revolucionaria. Con su conciencia crítica anestesiada por su tendencia a aferrarse a sus viejas estructuras ideológicas dogmáticas. Fijate que dije “relativamente desarraigada”, porque considero que el aporte de esta izquierda al desarrollo de corrientes sindicales combativas y antiburocráticas, ha sido muy importante, muy valioso. Aunque arrastre viejas taras y también sea, a su modo, conformista.

Con solo escuchar o leer lo que han dicho en torno a la muerte de Fidel alcanza para reafirmar su carácter absolutamente contingente respecto de los procesos históricos populares, plebeyos. Y no estoy hablando de eludir la crítica a la Revolución Cubana.

Finalmente existe otra izquierda más rebelde e inadaptada, que posee potencia emancipatoria, pero está fragmentada, ha perdido autoestima, carece de la confianza necesaria, se encuentra tironeada por las dos alternativas de las que te hablé antes y también ha estado y está expuesta al conformismo. Porque el conformismo a veces va de la mano de la incapacidad de desarrollar una gran política, o si preferís, una política de masas, apelando a un lenguaje un poco viejo. Al mismo tiempo esta izquierda, por lo menos en Argentina, debe lidiar con aparatos políticos, sindicales y territoriales más consolidados a la hora de desarrollar el tipo de inserción social que mejor se aviene a sus fundamentos ideológicos, a sus horizontes políticos y su perfil militante.

Pero yo creo que sólo de este espacio puede salir algo que nos entusiasme y nos apasione, esto es, que plantee realmente un proyecto emancipador, antiimperialista, anticapitalista, antipatrialcal, etcétera; que sea la expresión de la nación clandestina; que encuentre el adjetivo que nos coloque por fuera del orden establecido. Es más, confío en que pueda influir en los otros espacios donde las bases son, digamos, de “izquierda natural”, de “izquierda práctica”, para contrarrestarles las cargas reformistas, burocráticas o sectarias y para sacarlas del pantano del pragmatismo de una elite política apurada por ocupar espacios de poder institucional.

PRR: ¿Que opinas del crecimiento de la derecha a nivel mundial? Podríamos tomar como referencia el triunfo de Donald Trump en los Estados Unidos. 

MM: Más allá de las cuestiones geopolíticas, y de otras tantas que desconozco, yo creo que hay que hablar de un avance de una nueva forma de fascismo, un neo-fascismo. Una forma que tiene mucho de las formas clásicas pero que ahora es mucho peor. El viejo fascismo doctrinario permanece como expresión de minorías, aunque encuentre en este contexto histórico un ecosistema cada vez más propicio. El fascismo que debería preocuparnos es el fascismo que promueve el mercado. Porque ya está claro que el mercado ha comenzado a asumir abiertamente su incompatibilidad con la democracia, incluso con la democracia en dosis bajísimas y formales, su incompatibilidad con la naturaleza y la belleza, su incompatibilidad con la vida misma. En realidad, viene profundizando esa incompatibilidad que ha estado presente desde los orígenes del sistema capitalista.

A diferencia del fascismo clásico, el neo-fascismo no se puede reducir a un fenómeno de pequeños burgueses asustados o confundidos por un avance popular, aunque esto último, sin dudas, lo exacerba.

El neo-fascismo propone vender y comprar todo, por eso, a diferencia de los fascismos clásicos, no invoca patria, religión, nada. A todo lo que se resiste a ser vendido y comprado le responde con la guerra.

La trilogía sería: neoliberalismo, neofascismo, neocanibalismo.

Se trata de un neo-fascismo que inocula el mercado y que arraiga en amplios sectores de la sociedad. Sus personeros son las grandes corporaciones que están dispuestas a arrasar con los seres humanos y la naturaleza, también los grandes medios de desinformación que son la capa emergente de una internacional de la derecha y del neo-fascismo. Pero el neo-fascismo opera sobre un colchón social a-crítico, inconsciente, constituido por sociedades de espectadores y consumidores pasivos que el propio neo-fascismo se encarga de reproducir. Y como el neo-fascismo también exacerba la oscuridad, el miedo a la muerte, entonces hay seres humanos que se auto-esclavizan o se mueren de miedo a la muerte.

PRR: ¿Cuáles serían para ti los signos más visibles del avance del neo-fascismo? 

MM: Hay muchos signos evidentes del avance de este neo-fascismo. Habría que fundar un observatorio del fascismo societal promedio [Risas]. Determinar que variables (conductas, prácticas, etc.) medir y establecer algunos índices. Desde la violencia contra las mujeres a la prepotencia del capital financiero, desde la violencia de los automovilistas al sadismo de los gerentes de las multinacionales y los narcotraficantes, desde los linchamientos a las guerras llamadas preventivas, desde el bulliyng a las políticas represivas en relación a los pobres y la contrainsurgencia, desde la pérdida de códigos en los barrios populares a la absoluta falta de ética de las clases dirigentes y buena parte de los políticos profesionales…. Sin obviar el incremento del grado de imbecilidad de los turistas [Risas].

El neo-fascismo se caracteriza por hacer que los seres humanos desarrollen su voluntad de odio. Es la estrategia del odio permanente. Es una estrategia que te succiona toda la humanidad. Y la bomba de succión la maneja el mercado.

El neo-fascismo es ese tipo en Miami celebrando la muerte de Fidel con una remera con el rostro del genocida Jorge Rafael Videla. O el núcleo duro de la oposición anti-chavista en Venezuela. Sí claro, eso es indiscutible. Pero el neo-fascismo es, básicamente, un modo de producción de verdugos y, al mismo tiempo, de víctimas, en todos los planos y grados imaginables. Un modo de producción de olvido, silencio, humillación desprecio por el otro/la otra, deprecio por lo colectivo, en fin: miedo y muerte.

Claro está, existen espacios de resistencia, ámbitos colectivos contenedores y afectuosos, donde la vida se expande. Allí se gestan nuevos códigos, que debemos aprender a reconocer y en los que debemos empezar a reconocernos.

PRR: Hablemos un poco sobre los intelectuales… ¿cuál es tu posición sobre el sobre el rol de los intelectuales?, me refiero específicamente al rol político. 

MM: En primera instancia uno tiende a pensar que los intelectuales de la derecha carecen de capacidad de hegemónica, porque su relato es de un anacronismo y una superficialidad increíble y porque además su proyecto no tiene costados de integración de capas sociales subalternas, es un proyecto lisa y llanamente depredador. Pero a veces me pregunto, horrorizado, si no cabe pensar en nuevas hegemonías basadas directamente en disvalores. Esto de que el odio colonice el sentido común. Tal vez el sistema desarrolle una destreza hegemónica basada en su propia monstruosidad. En ciertos planos, eso ya viene ocurriendo.

Como sea, lo que queda claro es que han sido eficaces en el corto plazo.

Hablo de los intelectuales en sentido gramsciano y detengo la mirada en la TV, en la radio, en los grandes diarios, en las redes sociales. Hablo del enorme poder de los medios de desinformación como generadores de un sentido común reaccionario e impiadoso. Han logrado disfrazar el odio con la ropa de la libertad de expresión.

Por ejemplo, aquí, en Argentina, Jorge Lanata puede ser considerado un intelectual orgánico de las corporaciones, de la derecha. Bueno…. más que un intelectual “orgánico” Lanata sería un intelectual “transgénico” [Risas].

Pero no tiene sentido centrarse en la persona de Lanata. Lamentablemente abundan los personajes como él. Hablo de Lanata como expresión de una estrategia comunicativa vendedora de mentiras, de mierda… que se desplaza de la ironía al desprecio por la humanidad; en fin, la expresión de la voluntad de odio a la que hacía referencia. Esos tipos han traicionado a la vida, no pueden entenderla y no saben respetarla. Lo han hecho por dinero, por egocentrismo, por idiotez moral, tal vez por todo eso junto. No lo sé.

Luego noto que, en una capa de intelectuales, existe una gran capacidad de amoldarse al nivel de “progresismo promedio” como una forma de cotizar sus saberes técnicos. Me refiero a cotizarlos material y simbólicamente, a la posibilidad de ser contratados y/o reconocidos.

Existe una corrección política progresista standard que apela a lo nacional popular, a la democracia, pero que ya es absolutamente insuficiente para mantener alerta a la conciencia. No obliga a exponer el cuerpo, a exponerse.

Ese “progresismo promedio” les puede garantizar a los intelectuales cargos públicos y/o prensa. Claro, los expone a ciertos vaivenes. Por ejemplo, del Estado (cuando asoman gobiernos progresistas) a los movimientos sociales y a las organizaciones populares (cuando adquieren protagonismo histórico y gobierna la derecha) o la inversa. Tiendo a pensar, de todos modos, que fuera del Estado, la conciencia se les sacude un poco. Pero no demasiado. No lo suficiente para dejar de lado el interés por la acumulación de capital curricular o prestigio. No lo suficiente para desarrollar una auténtica pasión intelectual.

Una auténtica pasión intelectual no contempla modas; corre el riesgo del ostracismo, el silencio, la soledad, la indiferencia, y hasta la incomprensión y el olvido, pero de ningún modo los vive como una frustración. Porque es una pasión y punto. No se padecen las pasiones.

Respecto del rol de los intelectuales críticos… Me parece que no hay mucho que inventar al respecto. Y nosotros no estamos para inventar la pólvora o el agua tibia. En todo caso, lo nuevo que puede decirse se vincula a la sutileza cada vez mayor de los mecanismos de integración de los intelectuales desarrollados por el sistema de dominación. En concreto, se pueden aportar análisis de procesos asociados al transformismo.

Yo sigo pensando que el rol del intelectual crítico (y ético) es desnudar la burguesía y al poder (al poder de verdad). Ponerla en pelotas en medio de calle, desprovista de todo concepto, y que el pueblo pueda verla tal como es: cruel, impiadosa, psicópata. Se trata de sacarle las máscaras a la burguesía y de crearle una intemperie. Al mismo tiempo creo que el intelectual crítico (y ético) debe desarrollar alguna interioridad respecto de alguna comunidad popular concreta, aunque sea pequeña y modesta. Sistematizar sus prácticas, deducir los saberes y valores no enajenantes implícitos y celebrar los explícitos. También aportar a la construcción de lenguajes que les permitan a los pueblos constituirse como sujetos históricos y entenderse como colectivos capaces de edificar un orden justo e igualitario y una civilización profundamente humana. Sin esta vocación de los y las de abajo, la burguesía podría pasearse en pelotas tranquilamente por los siglos de los siglos y terminaría convirtiendo su aberración en sentido común o utopía. Aclaro que se trata simplemente de una metáfora, no quiero ofender a los nudistas de buena voluntad y, nunca dicho más literalmente, de carne y hueso [Risas]. Claro está, en paralelo hay que denunciar los mitos enajenantes que, lamentablemente, son muchos y se reproducen como hongos después de la lluvia.

No creo que los intelectuales puedan hacer mucho más. Y me incluyo, claro. No hay que sobredimensionar el papel de los intelectuales, salvo que se incluya en esa categoría a los poetas. A los poetas de verdad, escriban o no. Esos que logran instalarse en la memoria rebelde de los pueblos. No a los que escriben versitos y arman juegos de palabras ingeniosos.

Eso sería más que suficiente. Sería una forma de acercarse al terreno de la praxis y salir un poco del campo especulativo y burocrático de la academia, el Estado o las organizaciones sindicales y políticas convencionales… También una forma de exponer un poco más el cuero.

PRR: En tu último libro, El hereje, apuntes sobre John William Cooke, vuelves sobre los pasos de esa figura emblemática de los años 60, un precursor de la izquierda peronista… ¿Por qué hablar de Cooke en el 2016? 

MM: Siempre regreso a Cooke. Una y otra vez. Busco claves para entender este país y el tiempo histórico que me tocó. Y, a medida que pasan los años, siempre descubro claves nuevas. Cooke sigue siendo importante, por ejemplo, para no idealizar la destreza pragmática del peronismo y para darse cuenta que como materialidad concreta hace rato que no está en condiciones da ofrecerle al conjunto del pueblo argentino un proyecto rebelde, radical, transformador. Cooke, además, suministra elementos para una crítica al populismo, desde una visión popular.

PRR: ¿Podrías explicar mejor esa contraposición entre populismo y lo popular? Me resulta un tanto confusa. ¿Tú no coincides acaso con los autores posmarxistas? 

MM: Bueno… el término populismo, el concepto de populismo, es muy ambiguo. Existe una definición de la derecha ultraliberal, del estilo Miami o CNN, que considera que populismo es, lisa y llanamente, el gasto público, la inversión estatal en desarrollo social y la redistribución equitativa del ingreso, aunque esta sea redistribución secundaria del ingreso. Para ese tipo de personas un poco de piedad ya es populismo.

Ahora se habla de un populismo cool. El populismo puesto en práctica por la derecha liberal que debe garantizar condiciones de gobernabilidad y que tiene que hacer algunas concesiones hacia abajo.

Luego, autores como Ernesto Laclau, ya fallecido, y otros autores y autoras posmarxistas han resignificado positivamente el concepto de populismo. También están quienes lo reivindican por pura inversión simbólica. O sea, trastocan el sentido que le asigna la derecha más troglodita. Este gesto es entendible, y hasta posee núcleos de buen sentido, para usar una expresión gramsciana. Sobre todo por lo que rechaza, no tanto por lo que afirma.

Por lo demás, yo no soy pos-marxista, ni pos-nada. Detesto las modas “pos”, porque son solo eso, modas pasajeras. Y no adhiero a ningún enfoque determinista, incluyendo el determinismo de los símbolos.

En términos bien cookistas –ya que estamos con Cooke– y en relación al populismo yo suelo plantear lo siguiente: si el populismo es una estrategia para diluir los contenidos populares más radicales en una totalidad que los incluye pero los subordina a través de significantes flexibles, lo popular aspira a una totalidad pero con predominio de la clase trabajadora y con subordinación de los contenidos burgueses. Si el populismo es una estrategia de regulación de la lucha de clases, lo popular es una estrategia de profundización de la lucha de clases. Si el populismo es una estrategia de politización social limitada y controlada, en cuenta gotas, lo popular es una estrategia que lleva al punto máximo esa polarización. Si el populismo es una articulación interclasista, lo popular es una articulación intraclasista.

Ocurre que muchas veces esta tensión entre lo populista y lo popular atraviesa los procesos históricos populares que suelen ser impuros y poco lineales. La Revolución Bolivariana de Venezuela es un proceso atravesado por esta contradicción y su futuro depende de cómo se salde la misma.

Como podrás apreciar, mi idea del populismo no tiene nada que ver con la de la derecha y tampoco se puede emparentar a la de los posmarxistas.

PRR: Algo más que quieras agregar… 

MM: No. La verdad que no. Ya tomamos muchas cervezas. Y puede que el grado de alcohol en palabra sea excesivo.

Entrevista realizada en revista Resumen.

viernes, 9 de enero de 2015

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Valeria González Aguilar entrevista a Juan Mihovilovich

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No quiero caer en lugares comunes, pero es cierto aquello que ya he hecho parte de mí y que se supone dijo Kafka alguna vez: “el escritor que no escribe es un monstruo que invita a la locura”.(Juan Mihovilovich).

1.- En la novela “Desencierro”, el monólogo del personaje tiene un evidente carácter testimonial, el que, a su vez, supone a un otro que interpela, juzga, reconcilia, etc. En el capítulo 23 de éste, el personaje afirma, como respondiéndole al receptor implícito, que las rayitas en el muro corresponden al número de visitas de este interpelado. Al mismo tiempo, en “El contagio de la locura”, en el capítulo 36, el juez realiza la visita periódica de celdas encontrándose en una de ellas con un sujeto que bosqueja figuras incoherentes en el muro ¿El personaje interpelado en “Desencierro” es el mismo juez de “El contagio de la locura”? ¿Existe intención de enlazar ambas novelas mediante el recurso de la intertextualidad de manera que la locura se observe desde dos puntos de vista? 

R: Me parece notable el enlace que, sinceramente, no fue hecho de manera consciente. Y claro, la creación literaria es un fenómeno alucinante y misterioso, un emulo empobrecido de la creación divina. Así, esa supuesta intertextualidad es cierta en cuanto un lúcido lector (a) la descubre, luego, como una premisa cartesiana, existe. Y si existe, es porque en las capas del subconsciente (en las mías, obviamente) se estableció una correlación invisible entre ambos episodios. Te recuerdo que El contagio de la locura la escribí en un período de dos semanas reales, de trabajo material o específico de trasladar al papel lo que se venía gestando por largos nueve años de observación cotidiana mientras realizaba mis funciones “normales” como juez en Curepto. Y como un escritor escribe hasta cuando sueña o lee a otros, el trayecto interior de la novela estaba ya en mi corazón y en mi cabeza. En tanto, Desencierro tuvo un parto largo y difícil; quemada incluso el año 98, resurgió de las cenizas porque mi hija guardó, por esos avatares del destino, un ejemplar y pude rescribirla a contar del año 2004 o 2005, en tanto El contagio…se escrituró el 2005 (abril de ese año, mes en que suelo escribir mis novelas o parte importante de ellas). Vale decir, en esa correspondencia de tiempos y espacios (vivía en Curepto, en una casa quinta) me parece ahora obvio que el personaje que es interpelado en Desencierro pudiera, sino ser el mismo Juez de El contagio…al menos un sujeto de características sicológicas similares. Te recuerdo que en Desencierro el personaje habla o monologa con un supuesto tercero, tal vez ni siquiera sea otro, quizás sea su propia conciencia o Dios, etc., eso queda a criterio del lector y de su propia necesidad interior. De ahí que sí, hay un enlace entre ambos personajes que descubres tu y que me permite balancear ambos capítulos; además, en Desencierro el personaje deja evidenciar que el visitante pudiera no existir; en tanto, el personaje de El contagio…que traza signos alambicados sobre un muro si existe, pero ¿existe en verdad? ¿O es fruto de la imaginación del visitante? Lo que sí pareciera ser real es o son los signos que el diminuto individuo bosqueja sobre las paredes: un paisaje inentendible que arrastra al visitante hacia los deslindes de esas otras dimensiones que parecen atraerlo desde siempre. Luego, te agradezco la perspicacia que me hace retomar ambos temas como uno solo.



2.-En más de una ocasión ha expresado que escribir es una forma de sublimar los monstruos interiores, una especie de expiación del alma, ¿Cómo describiría este proceso mental y escritural? 

R: Somos una suma y resta de virtudes y defectos, de lucidez temporal y de temporales locuras, una mezcla o embutido de “ángel y de bestia.” Sólo que pocos, muy pocos, en realidad tienen conciencia de lo que son o lo que somos. En ese juego” de contraposiciones, de contradicciones embrionarias o evidentes, ¿qué hace un escritor para no morir en el intento? Lisa y llanamente escribir, y esto que parece de Perogrullo, requiere de una predisposición interior, anímica, que lo enlace con esos “demonios” que subyacen tras la supuesta normalidad en que todos nos movemos. Cierto, en esa suerte de expiación del alma, como bien lo señalas, hay un proceso que va y viene por los derroteros de esas realidades más profundas, de ese vehículo desconocido al que llamamos alma o Dios o dimensión desconocida. Desde allí emerge lo verdaderamente trascendente, luego, ¿cómo encarnar en el papel ese mensaje que “viene de otra parte”? Porque lo cierto es que se vive una supuesta realidad espacio temporal; nacimiento, desarrollo y muerte, ¿y eso es todo? ¿Es tan sencillo el trazado material sobre la superficie del planeta? Una parte de mí se resiste a ello. La materia es evanescente y ocupa ese territorio del espacio al que se denomina tiempo, es decir, la corrupción invariable de los elementos físicos. En ese trayecto que todos realizamos el escritor surge como el cronista de su propio dilema personal: procuro desentrañar mi misterio en la ilusa pretensión de desentrañar el misterio ajeno, “la otredad”, él otro que soy yo mismo y todos a la vez. En el corazón del hombre se da esa batalla indisimulada entre el demonio y Dios, lo negativo y positivo, lo real y lo irreal, o ambas cosas a la vez. En el espejismo de la ilusión material trato de ser consciente dentro del sueño que se vive, porque a mi pesar o al nuestro, la vida humana, con todas sus miserias y mezquindades, vale la pena vivirse. Y porque más allá o más acá de ella, en nuestra perpetua contradicción somos algo más que un espejismo. Y en ese descubrimiento embrionario mis aproximaciones a la literatura surgen como un proceso físico, emocional y mental de exorcismo personal, un desnudo vergonzoso a veces, honesto en ocasiones, un manoteo cósmico queriendo alcanzar una trascendencia que vislumbro a partir de la vida que tengo y que tenemos.

3.-Algunos pasajes de la novela “Desencierro”, permiten vincular al personaje anónimo de ésta con Juan Pablo Castel de Ernesto Sábato o “el mudito” de José Donoso, tanto por sus conflictos existenciales como por la búsqueda de identidad en un “otro” ¿mera coincidencia o existe una intención de hacerlos semejantes? 

R: Si las lecturas de ambas novelas, (El obsceno pájaro de la noche la leí siendo muy joven, en tanto El túnel la releo habitualmente), han dejado huella en las capas más ocultas de mi conciencia, es posible esa relación. Las coincidencias no existen, y cuando las vemos como tales, suele ocurrir que hay ligazones invisibles que las conectan. Seguramente, en el caso de Juan Pablo Castel la influencia ha de ser más notoria o evidente. Pero diría que se trata en general de la obra de Sábato que, siendo relativamente corta o exigua, ha dejado una huella profunda, no sólo en mí, sino en muchos de mi generación y posteriores a ella. En todo caso, en lo estrictamente personal la visión de mundo de Sábato en engarzó por años en mi interior. Es más, siempre quise visitarlo en Santos Lugares, alrededor de Buenos Aires, donde vivió hasta su muerte relativamente reciente. Apenas si terminé por escribirle siendo yo muy joven y remitiéndole cuentos de El Ventanal de la Desolación. Me contestó con una breve carta donde me instaba a continuar y que él éxito sería mi destino. No el éxito como cuestión frívola, naturalmente, sino como expresión de consumar una obra literaria. Perdí esa carta y otras dos que tuve junto a La carta a un joven escritor que me autografió con su respuesta. Te cuento estos detalles más íntimos sólo para evidenciar que en su caso hubo un complemento con la obra que siempre respeté y admiré, junto a su personalidad como individuo. En esa perspectiva, claro, la figura de Juan Pablo Castel fue por años un héroe literario en mi memoria y eso ha debido traducirse en un ensamblaje inconsciente de la identidad de ese “otro” al que te refieres. Los conflictos no sé que tan existenciales sean en ambos casos, el de Desencierro y El túnel. Es posible que en Desencierro existan otras variables, otras pistas que se distancian de Castel en tanto sujeto específico de carne y hueso. Es posible.

4.- ¿Qué motivación existe tras la creación de personajes enajenados como el protagonista de “Desencierro” o potencialmente alienados como el juez de “El contagio de la locura”? 

R: No quiero caer en lugares comunes, pero es cierto aquello que ya he hecho parte de mí y que se supone dijo Kafka alguna vez: “el escritor que no escribe es un monstruo que invita a la locura”. Puede ser. Pero en mi caso,si leíste Sus desnudos pies sobre la nieve, y como seguramente lo hiciste con mis cuentos, siempre me atrajo, desde muy niño, ese mundo de irrealidades que ciertos individuos de cualquier sexo, vivían y viven. Esos mundos escindidos que se yuxtaponen o que se diferencian mínimamente al interior de cerebros alucinados los percibí desde pequeño, incluso en el seno de mi propia familia, pero también fuera de ella. Luego, con el devenir de los años constaté que las enajenaciones no eran sólo patrimonio de unos pocos. Entendí o pretendo entender, que las locuras individuales no son exclusivas. ¿O acaso no es demencia absoluta lo que ocurre en nuestro depredado planeta? ¿No es demencial que lo destruyamos ex profeso sin siquiera atisbar que se trata, a su vez, de un ser inteligente? ¿O acaso gravita y rota en el espacio por obra y gracia de birlibirloque? Más allá de las opciones religiosas de cada cual, las locuras que se cometen en nombre de Dios, las aberraciones sexuales, las dictaduras y su entronización global, las guerras continuas o intermitentes, la codicia económica ilimitada, ¿no son acaso la fiel expresión de un mundo alucinado, individual y colectivo? De ahí que, en mis personajes, partí de la observación local en ciudades como Punta Arenas, de la que soy originario; en el barrio croata pululaban (y con seguridad persisten) protagonistas marginados de la vida social, y a cuyo respecto mi sensibilidad infantil los elevó a la categoría de héroes anónimos y perdidos; me dolía, como hasta hoy me duelen, esas existencias sin otro destino que la muerte en vida. Y claro, pasar de allí a descubrir más tarde que la locura vital de un Erasmo de Rotterdam por ejemplo, se aleja sideralmente de la pervertida locura del mundo moderno, fue una especie de sacudón espiritual, por decirlo de algún modo. Detrás de cada individuo o en su interior más recóndito pervive aquello que el poeta natalino Hugo Vera Miranda denomina como que “lo miserable de lo oculto es intransferible.” Entonces, eso oculto pre condiciona determinadas conductas. Nuestras fobias y temores infantiles cobran cuerpo, se mimetizan en nuestra escasa lucidez y se apropian más tarde de los últimos vestigios de los sueños de niños. Se termina con la bondad natural y se escarcea en las perversiones más escabrosas. ¿Eso es locura? Tanto peor que la demencia individual que aherroja a un sujeto cualquiera a vivir “su propio mundo” con seres que cree o siente que existen y voces que les ordenan “algo.” La analogía, luego, es sencillamente extrapolar lo individual a lo colectivo y tendremos la ecuación del mundo real que hoy habitamos. ¿Esperanza? Siempre, a pesar de todo y de todos. Sólo que es necesario desmitificar la sordidez interior y exterior en que vivimos o nos desenvolvemos.



5.- Colibríes, garzas, flamencos, gallinas, gorriones, golondrinas y aves en general, son un elemento que no puede faltar en sus narraciones. Más allá de la libertad que representan, ¿por qué precisa incluirlas? 

R: Surgen como una especie de contrapunto con el drama del encierro en que el individuo y la sociedad moderna vive. Pero, siendo más exacto incluso, creo que tiene un antecedente, como todas las cosas de la vida. En Desencierro y otros textos escribí las vivencias que como grupo o “pandilla” de jóvenes desarrollábamos en el Barrio croata y sus alrededores. Básicamente nos deleitaba “matar” pájaros. Algo que puede parecer como un transito normal en el devenir infantil, lo asocié más tarde como a esa imposibilidad material que ya intuíamos: jamás podríamos volar por nosotros mismos, al menos, no en igual sentido y forma que las aves. Quizás allí radicaba ese afán enfermizo por destruirlas y enterrarlas en un cementerio que teníamos en las cercanías de los basurales de la playa. Claro, más tarde, la pregunta se hizo inevitable, ¿de dónde nos venía esa imperiosa necesidad de matarlas arrojándoles piedras con tiradores? Y no sólo eso, que sería casi “normal”, pero luego las utilizábamos como carnada herida para que las demás (gaviotas en ese caso) nos sobrevolaran y así cazábamos más ejemplares. Era insano. Pero era cierto. En un cuento Gaviotas en el cielo, relato parte de ese proceso. Ahora bien, ya como escritor más maduro las aves comenzaron a aparecer de modo natural en mis textos y sentí que era en parte por aquél antecedente que recién te expliqué, pero además, porque finalmente entendí que las aves son una parte maravillosa del Reino Animal, un reino depredado vastamente por el reino humano. Entendí y presiento que el reinado de las aves son un señuelo de “otras dimensiones”, una suerte de antesala de vidas sublimes más allá de la muerte física. Por eso, y porque mis experiencias con colibríes o golondrinas han tenido cierto cauce místico, las introduzco como un elemento “que humaniza y diviniza” las historias y a los personajes. Un aviso de que no todo está de este lado. Que el vuelo humano también es posible, sólo que de otra manera, que al fin de cuentas viene a ser similar al que las aves nos enseñan cotidianamente.

6.- El antihéroe como protagonista refleja la agonía existencial de no-ser, pero también conlleva el peso de una condena expresada en sus constantes laberintos mentales. ¿Por qué esto sugiere interés en usted? 

 R: El antihéroe al que te refieres pareciera siempre ser un sujeto condenado al fracaso, ya sea por el peso que señalas o por otras razones algo más difuminadas. No obstante, ese personaje “dejado de la mano de Dios” no lo ha de ser en su sentido estricto o menos visible, de otro modo ¿qué hace aquí? ¿Cuál es su razón de supuestamente no-ser? Cierto, los laberintos mentales son o constituyen una especie de acertijo, un rompecabezas que se debe re-armar, sólo que el individuo que padece su propio laberinto a menudo cree que piensa o reflexiona sobre sí mismo, cuando en un sentido más riguroso, apenas pareciera ser pensado por “otros.” Me explico. Esas supuestas condenas en realidad son el fruto de una mente afiebrada que coloca al individuo en la encrucijada de no ser nada ni nadie, de quedar al margen de la historia individual y colectiva, de su propia historia en suma. Sólo que si se mira con más atención o desde una óptica diversa, ese antihéroe es un número creciente, es la muchedumbre misma, es el individuo perdido en el anonimato mientras fuerzas desconocidas operan en su nombre. Un número, un mero dato estadístico, en tanto las grandes decisiones que lo involucran pasan a su lado ordenando, permitiendo, prohibiendo. Casi como una definición legal. Sin embargo, ¿por qué el mundo funciona? ¿No es acaso por esos seres apartados de los circuitos de poder que el mundo se sustenta? ¿Dónde empieza el martirio individual del no-ser para diferenciarlos de aquellos que supuestamente “si son”? ¿No se trata acaso de una falacia inventada por algo que pudiera ser “siniestro” para dominar a unos sobre otros? Y claro, en el ámbito de las decisiones personales el laberinto mental es casi una condena, porque creemos pensar, suponemos que pensamos sobre nosotros y nuestra circunstancia en tanto estamos mediatizados por un bombardeo inmisericorde de gustos y apetencias que no nos pertenecen, condicionando luego lo que creemos nuestro proceso reflexivo. Dejamos la locura de Rotterdam y nos involucramos de lleno en las migajas de la locura del poder omnímodo cuyas raíces están en los imperios que sospechamos, o más allá, incluso, de ellos. Pues bien, el héroe anónimo, te insisto, “está aquí,” somos nosotros mismos, en suma, y de alguna ilusa forma sobreviviremos a esta demencia generalizada. De eso se trata…quizás.

7.- La destrucción del sujeto es posible apreciarla en “Desencierro” y “El contagio de la locura”, ya sea por la desintegración corporal, por la crisis espiritual de los personajes o, incluso por la destrucción de lo íntimo. ¿Qué idea motiva esta concepción del sujeto?

R: En alguna medida se responde en la pregunta anterior. No obstante, podría agregar que en cierta medida la desintegración física deviene en necesidad espiritual, pasando incluso por la destrucción de esa intimidad a que aludes. Mi amigo y fraile capuchino Sergio Hernández, (socialista en la época del Golpe y encerrado a sus 18 años) pasó por las peores atrocidades que puede sufrir un ser humano. Ello se relata en parte en Grados de Referencia, y sirvió también para que yo escribiera un corto relato llamado Colibrí, que seguramente conoces. Bien, Sergio pasó de su concepción filosófica marxista a una visión cristiana producto del sufrimiento. Su desintegración la tomo como ejemplo. El individuo es parte de la historia que vive, aunque en esencia sea muchísimo más que eso. Lo siento y lo presiento. Con seguridad la descomposición de nuestra sociedad desde los setenta en adelante ha servido para premunirme de un escudo agujereado desde el que me protejo y por cuyas aberturas observo la desintegración del mundo circundante. Así, el telón de fondo ha sido durante décadas esa realidad escindida que este país ha vivido, pero limitarlo a un solo país es restrictivo. Va más allá de eso. El mundo moderno ha caído por un precipicio del que no saldrá indemne. Ya no es posible. La autodestrucción es tan potente que conlleva en sí misma una recuperación utópica, a menos, claro está, que surja una vida nueva a partir de esa propia descomposición, lo que podría superar la utopía rigurosamente materialista como la panacea de la problemática humana. Yo estoy acá, como tú, soy también “mi circunstancia,” más allá de que lo quiera o no.

 8.- ¿Qué intención tiene la animalización del juez en “El contagio de la locura”? 

R: Me parece que obedece a la idea de que todo es mutable, cambiante, que la metamorfosis kafkiana está a la vuelta de la esquina. La realidad se nutre de lo irreal, o de lo que en apariencia lo es. Las esquizofrenias más extremas se vinculan con mundos que nos parecen abstractos, ¿y lo son? Claro, el siquiatra nos dirá que el enajenado mental vive su “propia realidad,” que está enfermo, que socialmente está fuera de la sociedad misma, ¿y eso basta? Luego, el Ministro que llega al pueblo cuando el caos pareciera total, ¿qué persigue? ¿Equilibrar la locura general, la del propio juez? ¿Acaso la suya no es más relevante que la de los visitados? Entonces es posible que la mutación explique la transitoriedad de todo. “No creerse el cuento” del poder sería tan vital y necesario para quienes lo ejercemos de algún modo. Nuestras míseras cuotas de un poder siempre ajeno e inapropiable. Tal vez por eso el juez se animaliza, ¿qué crees tú?

9.- ¿Por qué las personas contagiadas tienen un sello en sus ojos que los delata? 

R: Probablemente el personaje “sintió” que ese sello distintivo establecía una especie de hermandad del mal que iba más allá de las funciones específicas de cada uno. Y digo “probable” porque el debió sentir que el contagio de la locura excedía la propia. No se trataba únicamente de su alucinación individual, (volvemos a lo anterior); ahora también existía una expansión siniestra que estaba tras bambalinas (está) y que a la manera de un titiritero manejaba los hilos de los que le parecían caer en sus redes. Eso el juez parece advertirlo, pero siente que su lucha es casi estéril. Por eso sube a los cerros en busca de otros mundos, de una realidad que lo trascienda y seguramente lo salve del contagio general. Si lo logra o no es una apreciación que excede al propio narrador. El lector podrá decidirlo…

10.- En lugar de hacer implícito el discurso de la tortura, se manifiesta directo y concreto el mecanismo de animalidad a los que son sometidos los personajes, ¿por qué decide hacerlo de ese modo? ¿Considera que la exageración de estos métodos potencia el trato infrahumano? 

R: Sin duda. Y es una muy buena observación implícita en tu pregunta. La tortura como mecanismo de dominación explícita es eso: explícita; corriente en los genitales, golpes con lumas, extracción de dientes, inmersión en el agua, etc., son expresiones bestiales que no han variado mucho en la historia humana. El hombre no es demasiado imaginativo en ese tipo de sufrimientos a terceros. Se remiten a la corporalidad. En cambio el revertir la dominación hacia mecanismos animales dimensiona el trato de otra manera. La presión absorbente hacia el otro se vuelve más sutil, a pesar de que pareciera mediatizada por la verbalización, aun cuando en ocasiones ni siquiera ella es necesaria: bastan los gestos, las actitudes. Exagerar esa animalidad a que aludes (por eso te pedía y pido tu percepción sobre los cuentos) me parece más potente y castrante que la expresión física directa. “Todos anhelamos dominar a otros” titularon una entrevista que me hicieron. Si, gran parte de nuestras actuaciones cotidianas se remiten al dominio sobre los demás, sea cualquier el reino con el que interactuamos: mineral, vegetal, animal o humano. Al reino divino no podemos someterlo; escapa a nuestros parámetros, pero con él soñamos, y por él nos movemos, somos o seremos.


11.- ¿Qué particularidades ofrece la paranoia y la esquizofrenia como enfermedades mentales recurrentes en sus personajes? 

R: Buen alcance. Del momento en que vislumbré de niño que “algo extraño” ocurría con ciertos familiares, y no sólo con ellos, pero a ellos los tenía al alcance de la mano, sentí que la supuesta vida normal y ese entorno idílico de la infancia podía ser bastante más que un infierno. Dependía del sitio y los actores. Parte de esto los respondí más arriba, pero te lo complemento. Si bien surgió en la infancia mi interés por los desvalidos mentales y de hecho escribí varios cuentos desde esa perspectiva, luego descubrí que, por un lado, la imaginación (mi imaginación) podía desbordarse con gran facilidad si apenas la dejaba volar sin ataduras. Recuerdo por ejemplo el cuento Delirio que escribí muy joven sin siquiera tener muy claro que era el delirium tremens. Y por otro, ya más adulto, sufrí (sufrimos) en carne propia la esquizofrenia en mi hermano menor, que ya rizaba los treinta y tantos años; ello ocurrió alrededor del 85 y en varios cuentos (Los números no cuentan; lo que un número no dice; en pasajes o capítulos de Grados de Referencia, etc.) se evidencia el trastorno que a todo el grupo familiar literalmente “lo trastornó.” Es más, una novela inédita, que espero salga el próximo año 2015, está escrita a dos voces siendo en el fondo una sola; una especie de diálogo monocorde desde una óptica dual; es una novela compleja, fuerte, quizás la más descarnada que haya escrito hasta ahora y además, ambiciosa literariamente hablando, ya que excede el plano personal y se transforma en una alegoría por más humanidad. Se regresa también al tema de la locura y la lucidez como supuestas antípodas, cuando en el fondo y la forma parecieran no serlo. Entonces, las particularidades a que aludes sufren esa mutación: desde la infancia primero, y la adultez más tarde, con el hecho que te mencioné. Mi viejo y querido amigo Pacián Martínez (QEPD) siempre me decía que temía por mi lucidez, un poco en broma un poco en serio. Quién sabe, ¿no crees?

12.- ¿Cuál es el detonante principal del desequilibrio mental de sus personajes?

R: Está respondida más arriba, creo. De cualquier manera, sólo como para ampliar el radio de acción o de visión: el o los detonantes parecieran siempre estar ligados a un desajuste interior con una realidad que no les basta, que no satisfacen. Hasta el enclaustramiento aparentemente normal de El Clasificador, por ejemplo, surge de pronto como un sacudimiento interior que estremece la conciencia individual cuando el personaje es despedido de un trabajo de años. Es decir, la ausencia de humanidad, en cualquiera de sus categorías, puede provocar un deterioro repentino de la supuesta o aparente normalidad. Nada es lo que parece, al fin de cuentas, y la negación de amor como resumen, hace que se pierda el sentido de la vida y con ello el paso a una realidad, “real o imaginaria”, dependiendo del cristal con que se mire.

13.- En general, los alienados cumplen el principio de matar para sobrevivir, ¿cómo se explica esto?

R: Supongo que el trastorno mental se traduce en una pérdida de la noción de mundo objetivo, del que solemos ufanarnos con demasiado frecuencia. Esa pérdida del mundo habitual, sea por una relación afectiva que termina de manera unilateral, por una muerte de alguien querido, por la negación del otro, etc., provoca una reacción “emotivo mental” imposible de controlar. O, incluso, puede servir (esa pérdida o negación) para elaborar de modo casi consciente (o decididamente consciente) la muerte de un semejante. De ahí que se hable en ocasiones de si el sujeto actuó o no dentro del ámbito de su lucidez habitual o normal. Ello judicial o jurídicamente hablando. Pero, es también probable que el alienado (¿?) mate por razones que ningún razonamiento normal pueda dilucidar en sus causas últimas o primeras.

14.- En “Desencierro” el espacio es difuso y por lo tanto, el pozo en que se encuentra también ¿se podría hablar de un encierro metafísico? 

R: Ciertamente. Ex profeso la novela se dio en un ambiente donde lo circundante fuera difícil de dilucidar. En la respuesta a la pregunta 1 hay algo de ello. La angustia metafísica es parte indisoluble del personaje. Por lo mismo, se reitera, puede ser o no sujeto de un encierro real, físicamente hablando. Recién hace un par de días una joven que atendía en una librería de Coyhaique (Claudia se llama ella) y que venía saliendo de la cárcel producto de un tráfico de drogas, me dijo al pasar que lo que motivaba su lectura de Desencierro era haber descubierto en prisión que su verdadero encierro no era el encierro físico propiamente tal. No. Su encierro era mental y había acontecido mucho antes de ser ayudista en el tráfico. Por eso veía en Desencierro una salida o un encuentro con su propia realidad. Creo que de eso se trata en el fondo: los encierros son parte del paisaje humano actual. ¿Has visto cómo la tecnología ha acercado a los individuos a límites insospechados hace unas décadas? Celulares, PC, Facebook, tv, etc., etc., y sin embargo, las personas que se ufanan en tener cientos de amigos en Facebook ignoran quién vive al lado de su casa o departamento; nunca como antes el encierro humano (lo dice el personaje en el mismo capítulo 23, si mal no recuerdo) se ha vivido en una época como la actual. Y el personaje juez en El contagio de la locura refiere al ir a visitar la cárcel “como el único lugar donde realmente se vive en libertad.” Claro, es una ironía entristecida, pero que siente como verdadera. Luego, la existencia ha perdido su norte y la supuesta fraternidad se ha transformado en palabrería hueca e insustancial. Quizás por ello Desencierro sea una búsqueda conscientemente desesperada por recuperar una humanidad extraviada, como si el personaje quisiera retornar a un paraíso perdido que sencillamente, imagina.

15.- El primer capítulo de “El contagio de la locura” sorprende con el juicio a un colibrí, el que huye despavorido por una ventana tras ser juzgado por el juez ¿Existe cierta ironía sobre la privación de libertad? 

R: Esa pregunta me la han hecho reiteradas veces y nunca he querido contestarla. No me obligues a ello. Allí radica claramente la clave de la novela. Pero, esa clave cada uno ha de interpretarla como la sienta. Naturalmente, condenar a un colibrí parece una ironía, sin embargo, es bastante más que eso. Mucho más, al menos para la humilde (o no tan humilde) pretensión del narrador.

Puerto Cisnes, lugar donde reside actualmente el escritor Juan Mihovilovich.
16.- En la entrevista que realiza The Clinic, usted manifiesta que trabajar en Curepto es un desafío desde el punto de vista humano, en donde debe imperar la empatía con un ser que es de carne y hueso. En este sentido, ¿Los personajes anónimos de “El contagio…” representan al hombre masa construido por la globalización y las grandes ciudades? ¿Qué sugiere que reflexione el lector? 

R: Justamente. Ya se respondió también en parte. Pero eso es: hoy trabajo en Puerto Cisnes, Región de Aysén, y desde hace dos años a la fecha. Fue una opción de vida junto a mi mujer. Pero una opción que tiene que ver con lo que siempre he buscado, al menos, desde mediados de los 90: situarme alejado del mundanal ruido, donde la “vida ve pasar a la gente.” En cambio, en sitios como Curepto o Puerto Cisnes, “uno ve pasar a la vida” y es parte de ella, no sólo por apreciar la existencia de sus semejantes, sino también del entorno salvaje y virginal del espacio aún descontaminado. Es una diferencia sustancial, grande. Los personajes anónimos cobran vida, son de carne y hueso, los puedo ver, palpar, sentir. Hasta ejercer como juez es diferente: no se trata de sentenciar como si las personas fueran números. No me interesan las estadísticas ni cumplir metas en tal sentido. Es absurdo en los poblados pequeños medir con las mediciones de las grandes urbes. Pero, además, la globalización ha hecho de la aldea un espacio que es preciso también invadir. Por ello el aparataje tecnológico se muestra sobre los techos de las casas, las antenas surgen por doquier y finalmente se trata de un diminuto fragmento de una realidad múltiple y mundial. Es cierto eso, aunque también es verdad que la profanación de todo tipo es menor. Hasta donde se pueda es preciso mantenerse así; nadie garantiza nada hoy en día. Una hecatombe no dejará lugar a salvo, si ella llega, desgraciadamente, a producirse. Así y todo, es preciso que el lector reflexione sobre el mundo que le ha tocado vivir. No se respira por nada. Y a este paso hasta el aire “terminará embotellado,” como lo presagiaba el poeta. Si El contagio de la locura o Desencierro ayudan a “mirarse por dentro,” así sea a dos o tres lectores lucidos, me siento más que satisfecho, si el término y el alcance, caben.


domingo, 11 de mayo de 2014

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Entrevista a John Lennon por Tariq Alí y Robin Blackburn

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Yoko Ono, John Lennon y Dalí
Es mucho más interesante que las interminables preguntas y respuestas a cargo de Jann Wenner, de Rolling Stone. Tariq y Robin dejaron que Lennon hablara y lo alentaron cuando dio señales de flaquear. Lennon cuenta cómo él y George Harrison se rebelaron contra sus valedores y se pronunciaron contra la Guerra de Vietnam, discute la política clasista de modo estimulante, defiende la música country and western y el blues, sugiere que las mejores canciones de Dylan se originan en baladas revolucionarias irlandesas y escocesas y disecciona sus tres versiones de «Revolution». La entrevista, que inspiró a Lennon a escribir «Power to the People» (Todo el poder al pueblo), fue publicada en The Red Mole, un periódico trotskista de formato grande publicado por el Grupo Marxista Internacional, un apéndice británico de la Cuarta Internacional. El Mole surgió después de que desapareció su predecesor, The Black Dwarf. Como verán, eran otros tiempos. La entrevista está incluida en el libro Streetfighting Years, de Tariq Alí, recientemente publicado por Verso.

-Tariq Alí: Tu último disco y tus recientes declaraciones, especialmente las entrevistas en la revista Rolling Stone, sugieren que tus puntos de vista se radicalizan cada vez más y se vuelven más políticos. ¿En qué momento dirías que comenzó a ocurrir?

-John Lennon: Siempre he tenido conciencia política, sabes, y he estado contra el statu quo. Es bastante básico, cuando has aprendido desde chico, como yo, a odiar y a temer a la policía como tu enemigo natural y a despreciar al ejército como algo que se lleva a todos y los abandona muertos en alguna parte. Es simplemente un asunto básico de la clase trabajadora, sabes, aunque comienza a desteñirse cuando vas envejeciendo, tienes una familia y te traga el sistema. En mi caso, nunca he dejado de ser una persona política, aunque la religión tendía a eclipsarlo en mis días de ácido, allá por el sesenta y cinco o el sesenta y seis, y esa religión fue el resultado directo de toda esa porquería de la superestrella: la religión fue una válvula de escape para mi represión. Pensé: «Bueno, hay algo más allá de la vida, ¿no es cierto? Seguro que no puede ser esto». Pero de cierto modo siempre fui político, sabes. En los dos libros que escribí, aunque los hice en una especie de jerga joyceana, hay muchos palos a la religión y hay un drama sobre un trabajador y un capitalista. He estado satirizando al sistema desde mi infancia. Solía escribir revistas en la escuela y las distribuía. Tenía mucha conciencia de clase, solían decir que era un resentido, porque sabía lo que me había sucedido y sabía de la represión de clase que nos afectaba; -era un maldito hecho, pero en el huracán del mundo de los Beatles se quedó afuera. Cada vez me apartaba más de la realidad, durante un cierto tiempo.

-TA: ¿Cuál piensas que fue el motivo para el éxito de tu tipo de música?

-JL: Bueno, en esa época se pensaba que los trabajadores se habían impuesto, pero me doy cuenta en retrospectiva de que es el mismo trato engañoso como el que dieron a los negros. Fue sólo que permitieron que los negros fueran corredores, boxeadores o artistas. Es la alternativa que te permiten; ahora la salida es ser estrella pop, que es en realidad lo que digo en el álbum en «Working class hero». Como dije en Rolling Stone, los que tienen el poder son los mismos; el sistema de clases no cambió ni una pizca. Desde luego, hay mucha gente que anda por ahí ahora con pelo largo y algunos chicos a la moda de clase media andan en ropas hermosas. Pero nada cambió con la excepción de que todos nos vestimos un poco mejor y dejamos que los mismos hijos de puta dirijan todo.

-Robin Blackburn: Por cierto, la clase es algo que los grupos de rock usamericanos no han tocado todavía.

-JL: Porque todos son de clase media y burgueses y no quieren mostrarlo. Tienen miedo a los trabajadores, en realidad, porque los trabajadores parecen fundamentalmente de derecha en EU, aferrados a sus bienes. Pero si esos grupos de clase media se dan cuenta de lo que sucede y lo que ha hecho el sistema de clases, es cosa de ellos que repatríen a la gente y que se salgan de toda esa mierda burguesa.

-TA: ¿Cuándo comenzaste a salirte del papel que se te impuso como Beatle?

-JL: Incluso durante el apogeo de los Beatles traté de oponerme, igual que George. Fuimos unas pocas veces a EU y Epstein siempre trató de llenarnos de palabras vacías sobre Vietnam. Así llegó el momento en el que George y yo dijimos: «Escucha, cuando pregunten la próxima vez, vamos a decir que no nos gusta esa guerra y que pensamos que Fab Four». Fue la primera oportunidad en la que saqué a relucir un poco la bandera. Pero tienes que recordar que siempre me sentí reprimido. Estábamos todos tan presionados que apenas había alguna oportunidad de expresarnos, especialmente cuando trabajábamos a ese ritmo, viajando continuamente y mantenidos todo el tiempo en un capullo de mitos y sueños. Es bastante duro cuando eres César y todos dicen lo maravilloso que eres y te dan todos los bienes y las muchachas; es bastante duro escapar de eso, decir: «Bueno, no quiero ser rey, quiero ser real». Así que el segundo acto político que hice fue decir: «Los Beatles son más grandes que Jesucristo». Eso realmente hizo estallar la escena. Casi me fusilan por eso en EU. Fue un trauma inmenso para todos los chicos que nos seguían. Hasta entonces se mantuvo esa política tácita de no responder a preguntas delicadas, aunque yo siempre leía los periódicos, sabes, las secciones de política. La conciencia continua de lo que estaba sucediendo me hacía sentir avergonzado de no decir nada. Estallé porque ya no podía seguir jugando el juego; simplemente ya era demasiado. Desde luego, EU aumentó la presión, especialmente porque la guerra ocurría allí. De cierto modo, resultamos ser un caballo de Troya. Los «Fab Four» llegamos directamente a la cumbre y entonces cantamos sobre drogas y sexo y entonces me metí en más y más cosas pesadas y ahí fue cuando comenzaron a abandonarnos.
John Lennon y Yoko Ono.
-RB: ¿No hubo siempre una doble carga en lo que hacían desde el comienzo?

-Yoko Ono: Siempre fuiste muy directo.

-JL: Sí, bueno, lo primero que hice fue proclamar nuestra idiosincrasia propia de Liverpool al mundo y decir «Está bien provenir de Liverpool y hablar así». Antes, cualquiera de Liverpool que tenía éxito, como Ted Ray, Tommy Handley, Arthur Askey, tenía que perder su acento para presentarse en la BBC. Sólo eran comediantes, pero es lo que Liverpool producía antes de nosotros. Nos negamos a seguir ese juego. Después de que salieron a la escena los Beatles, todos comenzaron a hablar con acento de Liverpool.

-TA: ¿De cierto modo, pensabas en política, incluso cuando parecías estar hablando mal de la revolución?

-JL: Ah, seguro. «Revolution». Hubo dos versiones de esa canción, pero la izquierda del underground sólo escogió la que decía «no cuenten conmigo». La versión original que apareció en el LP decía también «cuenten conmigo»; puse las dos cosas porque no estaba seguro. Hubo una tercera versión que fue sólo abstracta, música concreta, una especie de bucles y cosas así, gente gritando. Pensé que estaba pintando con sonidos un cuadro de la revolución, pero cometí un error, sabes. El error fue que era contrarrevolucionario. En la versión publicada como single, decía «cuando hables de destrucción no cuentes conmigo». No quería que me mataran. Realmente no sabía mucho de los maoístas, pero sólo sabía que parecían ser tan pocos y a pesar de ello se pintaban de verde y se paraban frente a la policía esperando que los detuvieran. Sólo pensé que era poco sutil, sabes. Pensé que los revolucionarios comunistas originales se coordinaban un poco mejor y que no andaban gritando al respecto. Es lo que sentía -realmente formulaba una pregunta-. Siendo de clase trabajadora, siempre me interesaron Rusia y China y todo lo que se relacionaba con la clase trabajadora, aunque estaba metido en el juego capitalista. En una época, estuve tan metido en la mierda religiosa que andaba por ahí llamándome comunista cristiano, pero, como dice Janov, la religión es la locura legalizada. La terapia alejó todo eso y me hizo sentir mi propio dolor.

-RB: Ese analista al que fuiste, cómo se llama…

-JL: Janov...

-RB: ¿Sus ideas parecen tener algo en común con Laing en el sentido de que no quiere reconciliar a la gente con su miseria, ajustarlos al mundo, sino más bien hacer que enfrenten sus causas?

-JL: Bueno, se basa en sentir el dolor que se ha acumulado en tu interior desde la infancia. Tuve que hacerlo para liquidar realmente todos los mitos religiosos. En la terapia, sientes realmente cada momento doloroso de tu vida; es penosísimo. Te obligan a comprender que tu dolor, del tipo que te hace despertar con miedo, con tu corazón latiendo fuerte, es realmente tuyo y no el resultado de alguien que está arriba en los cielos. Es el resultado de tus padres y de tu entorno. Al darme cuenta de esto, comencé a encontrar mi sitio. Esa terapia me obligó a decir adiós a toda esa porquería de Dios. Todos los que crecemos tenemos que aceptar demasiado dolor. Aunque lo reprimimos, sigue estando ahí. El peor dolor es el de no ser deseado, de darte cuenta de que tus padres no te necesitan del mismo modo como tú los necesitas a ellos. Cuando era niño, viví momentos en los que no quería ver la fealdad, no quería ver que no era deseado. Esa falta de amor llegó a mis ojos y a mi mente. Janov no sólo te habla de esto, sino que te hace sentirlo; una vez que te has permitido volver a sentir, haces la mayor parte del trabajo tú mismo. Cuando despiertas y tu corazón resuena como una bomba o tu espalda se siente tensa, o desarrollas algún otro trauma, tienes que dejar que tu mente vaya hacia el dolor y el dolor mismo reproducirá maquinalmente la memoria que originalmente te llevó a suprimirla en tu cuerpo. Así, el dolor se va por el canal correcto en lugar de ser reprimido nuevamente, como ocurre cuando tomas una píldora o un baño, diciendo «Bueno, ya se pasará». La mayoría de la gente canaliza su dolor hacia Dios o la masturbación, o algún sueño de tener éxito. La terapia es un viaje ácido muy lento que ocurre naturalmente en tu cuerpo. Es difícil hablar del tema, sabes, porque sientes «yo soy dolor» y suena algo arbitrario, pero el dolor para mí tiene ahora un significado diferente porque he sentido físicamente todas estas extraordinarias represiones. Fue como hablar sin guantes y sentir por primera vez tu propia piel. Es algo aburrido decirlo, pero no creo que puedas comprender esto a menos que hayas pasado por ello -aunque trato de colocar algo al respecto en el álbum-. Pero en todo caso para mí todo formó parte de la disolución del viaje de Dios o del viaje del personaje del padre, encarar la realidad en lugar de andar buscando siempre algún tipo de cielo.

The Beatles, 1964.
-RB: ¿Ves a la familia en general como la fuente de estas represiones?

-JL: El mío es un caso extremo, ¿sabes? Mi padre y mi madre se separaron y nunca vi a mi padre hasta llegar a los 20 años, ni vi mucho más a mi madre. Pero Yoko tuvo a sus padres presentes y fue lo mismo…

-YO: Puede ser que uno sienta más dolor cuando los padres están presentes. Es como que tienes hambre, sabes, es peor tener un símbolo de una hamburguesa que ninguna hamburguesa. No te hace ningún bien, sabes. A menudo desearía que mi madre hubiese muerto para que por lo menos pudiera recibir alguna compasión de la gente. Pero ahí estaba, una madre perfectamente hermosa.

-JL: Y la familia de Yoko eran japoneses de clase media, pero es exactamente la misma represión. Aunque yo pienso que la gente de clase media tiene el mayor trauma si tienen padres amables de imagen perfecta, sonrientes y emperifollados. Son los que tienen más dificultad para decir «Adiós mamita, adiós papito».

-TA: ¿Qué relación con tu música tiene todo esto?

-JL: El arte es sólo una manera de expresar dolor. Quiero decir que el motivo por el que Yoko hace cosas tan extravagantes es porque pasó por un dolor tan extravagante.

-RB: Muchas de las canciones de los Beatles solían ser sobre la infancia… 

-JL: Sí, sería sobre todo yo…

-RB: Aunque eran muy buenas, siempre faltaba un elemento…

-JL: Habrá sido la realidad, ése habrá sido el elemento faltante, porque en realidad nunca me quisieron, porque nunca me quisieron realmente. El único motivo por el que soy una estrella es por mi represión. Nada me habría impulsado a todo eso si hubiese sido «normal»…

-YO: ... y feliz...

-JL: El único motivo por el que me fijé ese objetivo es porque quería decir «Ahora, mamacita-papacito, ¿me quieren ahora?» -TA: Pero tuviste éxito más allá de los sueños más fantásticos de la mayoría de la gente… 

-JL: Oh, Jesucristo, fue una opresión total. Quiero decir que tuve que pasar de una humillación tras otra de parte de las clases medias y del negocio del espectáculo, y de los alcaldes y todo eso. Eran tan condescendientes y estúpidos. Todos trataban de aprovecharse de nosotros. Fue una humillación especial para mí porque nunca pude callarme la boca y siempre tenía que estar borracho o con píldoras para contrarrestar esa presión. De verdad fue el infierno…

-YO: Lo privaba de toda experiencia real, sabes…

-JL: Fue muy miserable. Es decir, fuera de la primera euforia de tener éxito -la emoción del primer número, del primer disco, del primer viaje a EU-. Al comienzo, tuvimos una especie de objetivo como el de ser igual de grandes que Elvis. Avanzar fue algo tremendo, pero el logro fue la gran decepción. Descubrí que tenía que complacer permanentemente al tipo de gente que siempre había odiado cuando era niño. Eso comenzó a devolverme a la realidad. Comencé a comprender que todos somos oprimidos, por lo que quisiera hacer algo respecto a eso, aunque no estoy seguro de cuál es mi lugar.

-RB: Bueno, en todo caso, la política y la cultura están vinculadas, ¿no es cierto? Quiero decir, los trabajadores son reprimidos por la cultura, no por los fusiles, en la actualidad… 

-JL: ... están dopados...

-RB: Y la cultura que los está dopando, el artista puede hacerlo o romperlo…

 -JL: Es lo que estoy tratando de hacer con mis álbumes y en estas entrevistas. Lo que estoy tratando de hacer es influir en todos los que puedo: a todos los que siguen soñando, y sólo provocar un gran signo de interrogación en sus mentes. Ya pasó el sueño ácido; es lo que trato de decirles.

-RB: Incluso en el pasado, sabes, la gente usaba canciones de los Beatles y les cambiaba las palabras. «Yellow submarine», por ejemplo, tuvo una serie de versiones. Una que cantaban los huelguistas comenzaba «We all live on bread and margarine» (Todos vivimos de pan y margarina); en la LSE (Escuela de Economía de Londres) teníamos una versión que comenzaba con «We all live in a Red LSE» (Todos vivimos en una LSE roja).

-JL: Eso me gusta, y me alegré cuando las multitudes del fútbol cantaban en los primeros días «All together now». También me gustó cuando el movimiento en EU usó «Give peace a chance» (Da una oportunidad a la paz), porque en realidad lo que quise hacer al escribirla fue eso. Esperaba que en lugar de cantar «We shall overcome» (venceremos) de 1800 o algo así, tendrían algo contemporáneo. Sentí una obligación incluso de escribir una canción que la gente cantaría en el pub o en una manifestación. Por eso, quisiera escribir ahora canciones para la revolución…

-RB: Sólo tenemos unas pocas canciones revolucionarias y fueron compuestas en el siglo XIX. ¿Encuentras algo en nuestras tradiciones musicales que podría utilizarse para canciones revolucionarias?

-JL: Cuando comencé, el propio rock and roll fue la revolución básica para la gente de mi edad y situación. Necesitábamos algo fuerte y claro para irrumpir a través de toda la falta de sentimiento y la represión que nos habían caído encima como niños. Al comienzo, nos sentíamos un poco conscientes de ser usamericanos de imitación. Pero nos lanzamos a la música y encontramos que era mitad country blanco y western y mitad rhythm and blues negro. La mayor parte de las canciones provenían de Europa y de África y ahora vuelven a nosotros. Muchas de las mejores canciones de Dylan vinieron de Escocia, Irlanda o Inglaterra. Fue una especie de intercambio cultural, aunque debo decir que para mí las canciones más interesantes fueron las negras, porque eran más simples. Como que te sacuden el culo, o tu polla, lo cual realmente fue una innovación. Y luego existían las canciones del campo que expresaban sobre todo el dolor que sufrían. No podían expresarse intelectualmente, así que tenían que decir en unas pocas palabras lo que estaba ocurriéndoles y luego estaban los blues de la ciudad y gran parte trataba de sexo y peleas. Mucho de esto fue auto expresión, pero sólo en los últimos años se han expresado por completo con Black Power, como Edwin Starr cuando hace discos sobre la guerra. Antes de eso, muchos cantantes negros todavía trabajaban bajo ese problema de Dios: a menudo era cosa de que «Dios nos salvará». Pero todo el tiempo los negros cantaron directa e inmediatamente sobre su dolor y también sobre sexo, lo que hizo que me gustara.


-RB: Dices que la música de country and western derivó del folk europeo. ¿No trata a veces de temas bastante horribles, como perder y ser derrotado?

-JL: Cuando niños, todos nos oponíamos al folk porque era tan de clase media. Era cosa de estudiantes universitarios con grandes pañuelos y medio litro de cerveza en la mano, cantando folk en lo que llamamos voces la-di-da -«Trabajé en una mina en New-cast-le» y toda esa porquería-. Hay muy pocos auténticos cantantes de folk, sabes, aunque me gustaba un poco Dominic Behan, y hay algún material bueno que se escucha en Liverpool. Pero ocasionalmente escuchas discos muy viejos en la radio o en la televisión de verdaderos trabajadores en Irlanda u otra parte que cantan esas canciones y el poder que tienen es fantástico.

Pero la mayor parte de la música folk es de gente con voces resonantes que tratan de mantener vivo algo viejo y muerto. Es todo un poco aburrido, como el ballet: un asunto para minorías, mantenido por un grupo minoritario. En la actualidad, la canción folk es el rock and roll. Aunque sucede que surgió de EU, no es realmente importante que así sea a fin de cuentas, porque escribimos nuestra propia música y eso cambió todo.

-RB: Tu álbum, Yoko, parece fusionar la música moderna de vanguardia, con rock. Me gustaría contarte una idea que se me ocurrió al escucharla. Integras sonidos de todos los días, como un tren, en un modelo musical. Esto parece exigir una medida estética de la vida de todos los días, una insistencia en que el arte no debe ser aprisionado en museos y galerías, ¿no es cierto?

-YO: Exactamente: quiero incitar a la gente a perder su opresión dándoles algo con que trabajar, un fundamento. No deberían temer la creación propia; por eso, hago las cosas muy abiertas, con cosas para que la gente las haga, como en mi libro (Grapefruit), porque hay básicamente dos tipos de personas en el mundo: las que tienen confianza porque saben que tienen la capacidad de crear y luego las personas que han sido desmoralizadas, que no tienen confianza en sí mismas, porque les han dicho que no tienen capacidad creativa, sino que deben cumplir órdenes. Las instituciones dominantes quieren tener gente que no tome responsabilidades y que no se respete.

-RB: Supongo que el control obrero se refiere a eso…

-JL: ¿No trataron de hacer algo así en Yugoslavia? Se han liberado de los rusos. Me gustaría ir allá y ver cómo funciona. -TA: Bueno, así es; trataron de romper con el modelo estalinista, pero, en lugar de permitir un control obrero desenvuelto, agregaron una fuerte dosis de burocracia política. Tendía a asfixiar la iniciativa de los trabajadores y también regularon todo el sistema mediante un mecanismo de mercado que causó nuevas desigualdades entre una región y otra.

-JL: Parece que todas las revoluciones terminan en un culto a la personalidad, incluso los chinos parecen necesitar una figura paterna. Supongo que esto también ocurre en Cuba, con Che y Fidel. En el comunismo de estilo occidental, tendríamos que crear una imagen casi imaginaria de los propios trabajadores para que la vean como la figura paterna.

-RB: Es una idea bastante buena -la Clase Trabajadora se convierte en su propio Héroe-, mientras no se convierta en una nueva ilusión reconfortante, mientras haya un auténtico poder de los trabajadores. Si un capitalista o un burócrata manejan tu vida, necesitas compensarlo con ilusiones.

-YO: La gente tiene que tener confianza en sí misma...

-TA: Es el punto crucial. Hay que instar a la clase trabajadora a un sentimiento de confianza en sí misma. No se puede hacer sólo mediante la propaganda; los trabajadores deben actuar: apoderarse de sus propias fábricas y decir a los capitalistas que se vayan al diablo. Es lo que comenzó a suceder en mayo de 1968 en Francia… los trabajadores comenzaron a sentir su propia fuerza.

-JL: Pero el Partido Comunista no estuvo a la altura, ¿verdad?

-RB: No, no estuvo. Con 10 millones de trabajadores en huelga, podrían haber dirigido una de esas inmensas manifestaciones que ocurrieron en el centro de París a una ocupación masiva de todos los edificios e instalaciones gubernamentales, reemplazando a De Gaulle por una nueva institución de poder popular como la Comuna o los soviets originales, que podrían haber iniciado una autentica revolución, pero el Partido Comunista Francés tuvo miedo. Prefirieron manejarse por arriba en lugar de alentar a los trabajadores a tomar la iniciativa ellos mismos…

-JL: Formidable, pero hay un problema al respecto, sabes. Todas las revoluciones han ocurrido cuando un Fidel, un Marx, un Lenin o quien sea, que eran intelectuales, pudieron comunicarse con los trabajadores. Juntaron un buen grupo de gente y los trabajadores parecieron comprender que vivían en un estado reprimido. No han despertado todavía en este país, siguen creyendo que los coches y los televisores son la respuesta. Hay que sacar a esos estudiantes izquierdistas a que hablen con los trabajadores, hay que involucrar a los chicos de las escuelas con The Red Mole.

-TA: Tienes toda la razón. Hemos estado tratando de hacerlo y deberíamos hacer más. Esta nueva Ley de Relaciones Industriales que el gobierno está tratando de introducir lleva a más y más trabajadores a comprender lo que sucede.

-JL: No creo que esa ley pueda funcionar. No creo que puedan imponerla. No creo que los trabajadores cooperarán con ella. Pensé que el gobierno Wilson fue una gran desilusión, pero estos de Heath son peores. Están acosando al underground, los militantes negros ya ni siquiera pueden vivir en sus propias casas y están vendiendo más armas a los sudafricanos. Como dijera Richard Neville, puede que haya sólo una pulgada de diferencia entre Wilson y Heath, pero vivimos en esa pulgada.

-TA: No estoy seguro. Los laboristas introdujeron políticas racistas de inmigración, apoyaron la guerra de Vietnam y esperaban proponer nuevas leyes contra los sindicatos.

-RB: Podrá ser verdad que vivimos en la pulgada de diferencia entre los laboristas y los conservadores, pero mientras lo hagamos seremos impotentes e incapaces de cambiar algo. Tal vez Heath está haciéndonos un favor al obligarnos a salir de esa pulgada, sin tener la intención de hacerlo…

-JL: Sí, he pensado también en eso, esto de colocarnos en un rincón para que tengamos que descubrir cómo tratan a otra gente. Siempre leo el Morning Star (el periódico comunista) para ver si hay alguna esperanza, pero parece estar en el siglo XIX; parece que lo escriben liberales fracasados de mediana edad. Deberíamos tratar de alcanzar a los jóvenes trabajadores porque es la edad en la que se es más idealista y se tiene menos miedo. De alguna manera, los revolucionarios deben acercarse a los trabajadores, porque los trabajadores no se acercarán a ellos. Pero cuesta saber por dónde comenzar; todos estamos metidos en la represa. Pienso que mi problema es que tengo que volverme más realista. Me he apartado de la mayoría de la gente de clase trabajadora -sabes que lo que les gusta es Engelbert Humperdinck-. Ahora son los estudiantes los que nos compran y ése es el problema. Ahora The Beatles son cuatro personas separadas; no tenemos el impacto que tuvimos cuando estábamos juntos. -RB: Ahora tratas de nadar contra la corriente de la sociedad burguesa, lo que es mucho más difícil.

-JL: Sí, poseen todos los periódicos y controlan toda la distribución y la promoción. Cuando llegamos, sólo Decca, Philips y EMI podían realmente producirte un disco. Tenías que pasar por toda la burocracia para llegar al estudio de grabación. Te encontrabas en una posición tan humilde; no tenías más de 12 horas para hacer todo un álbum, que es lo que hicimos en los primeros tiempos. Incluso ahora es lo mismo; si eres un artista desconocido, tienes suerte si consigues una hora en un estudio; es una jerarquía y, si no tienes éxitos, no te graban de nuevo. Y controlan la distribución. Tratamos de cambiar eso con Apple, pero terminaron por derrotarnos. Todavía controlan todo. EMI liquidó nuestro álbum Two Virgins porque no les gustó. En el último disco, censuraron las letras de las canciones impresas en la funda del disco. Una porquería ridícula e hipócrita. Tienen que dejarme cantar, pero no se atreven a permitir que lo leas. Demencial.

-RB: Aunque ahora llegas a menos gente, tal vez el efecto puede ser más concentrado.

-JL: Sí, creo que puede ser verdad. Al principio, la gente de clase trabajadora reaccionó contra nuestra franqueza sobre el sexo. Tenían miedo a la desnudez; están representados de ese modo, al igual que otros. Tal vez pensaron «Paul es un muchacho bueno, no provoca líos». También cuando Yoko y yo nos casamos, recibimos terribles cartas racistas, sabes, advirtiéndome de que me iba a degollar. Llegaron sobre todo de gente del ejército que vive en Aldershot, oficiales. Ahora los trabajadores se muestran más amistosos hacia nosotros; tal vez las cosas están cambiando. Me parece que los estudiantes están ahora suficientemente despiertos a medias para tratar y despertar a sus hermanos trabajadores. Si no transmites tu propia conciencia, ésta vuelve a cerrarse. De ahí la necesidad básica de que los estudiantes se mezclen con los trabajadores y los convenzan de que no están hablando mamarrachadas, y desde luego es difícil saber lo que piensan realmente los trabajadores porque en todo caso la prensa capitalista siempre se limita a citar a portavoces como Vic Feather. Así que la única posibilidad es hablarles directamente, sobre todo a los trabajadores jóvenes. Tenemos que comenzar con ellos porque saben que están en contra. Por eso hablo de la escuela en el álbum. Quisiera incitar a la gente a romper el marco, a ser desobediente en la escuela, a sacarles la lengua, a insultar permanentemente a la autoridad.

John Lennon de niño.
-YO: En realidad, tenemos mucha suerte, porque podemos crear nuestra propia realidad, John y yo, pero sabemos que lo importante es comunicarse con otra gente.

-JL: Mientras más realidad enfrentamos, más nos damos cuenta de que la irrealidad es el programa principal del día. Mientras más reales nos volvemos, mientras más abuso recibimos, más nos radicalizamos de cierto modo, como que nos colocan en un rincón. Pero sería mejor si fuéramos más.

-YO: No debemos ser tradicionales en la manera como nos comunicamos con la gente, especialmente con los círculos dominantes. Tenemos que sorprender a la gente diciendo cosas nuevas de un modo totalmente nuevo. La comunicación de esa especie puede tener un poder fantástico mientras no hagas sólo lo que esperan.

-RB: La comunicación es vital para edificar un movimiento, pero a fin de cuentas es impotente, a menos que pueda desarrollar fuerza popular.

-YO: Me entristezco mucho cuando pienso en Vietnam, donde parece no haber otra alternativa que la violencia. Esta violencia se perpetúa durante siglos. En nuestra época, en la que la comunicación es tan rápida, debemos crear una tradición diferente, tradiciones se crean todos los días. Cinco años en la actualidad son como 100 años anteriormente. Vivimos en una sociedad que no tiene historia. No existen precedentes para este tipo de sociedad, así que podemos romper los viejos modelos.

-TA: Ninguna clase dominante en toda la historia ha renunciado voluntariamente al poder y no creo que eso cambie.

-YO: Pero la violencia no es sólo algo conceptual, sabes. Vi un programa sobre ese muchacho que había vuelto de Vietnam; había perdido toda la parte inferior de su cuerpo, de la cintura abajo. No era más que un trozo de carne y dijo: «Bueno, supongo que fue una buena experiencia».

-JL: No quería encarar la verdad, no quería pensar que todo había sido inútil… -YO: Pero piensa en la violencia, podría ocurrirle a tus hijos…

-RB: Pero Yoko, la gente que lucha contra la opresión se ve atacada por los que tienen un interés creado en que nada cambie, los que quieren proteger su poder y su riqueza. Mira a la gente en Bogside y Falls Road en Irlanda del Norte; fueron implacablemente atacados por la policía especial porque comenzaron a manifestarse por sus derechos. Una noche en agosto de 1969, siete personas murieron y expulsaron a miles de sus hogares. ¿No tenían derecho a defenderse?

-YO: Por eso, hay que tratar de encarar esos problemas antes de que ocurra una situación semejante.

-JL: Sí, pero ¿qué haces cuando ocurre, qué haces?

-RB: La violencia popular contra sus opresores es siempre justificada. No se puede evitar.

-YO: Pero de cierto modo la nueva música mostró que las cosas pueden verse transformadas por nuevos canales de comunicación.

-JL: Sí, pero como dije, nada ha cambiado realmente.

-YO: Bueno, algo cambió y para bien. Todo lo que digo es que tal vez podamos hacer una revolución sin violencia.

-JL: Pero no puedes tomar el poder sin una lucha…

-TA: Ése es el aspecto crucial.

-JL: Porque, cuando se llega al meollo de la cuestión, no dejarán que el pueblo tenga poder alguno; concederán todos los derechos para actuar y bailar para ellos, pero no un poder real.

-YO: Es que, incluso después de la revolución, si la gente no tiene ninguna confianza en sí misma, se enfrentará a nuevos problemas.

-JL: Después de la revolución, tienes el problema de lograr que las cosas sigan adelante, de concertar todos los diferentes puntos de vista. Es muy natural que los revolucionarios tengan diferentes soluciones, que se dividan en diferentes grupos y luego se reformen; eso es la dialéctica, ¿no es cierto? Pero al mismo tiempo tienen que unirse contra el enemigo, solidificar un nuevo orden. No sé cuál es la respuesta; obviamente, Mao tiene conciencia del problema y mantiene las cosas en marcha.

-RB: El peligro es que, una vez que se ha creado un Estado revolucionario, tiende a formarse una nueva burocracia conservadora a su alrededor. Este peligro tiende a aumentar si el imperialismo aísla a la revolución y hay escasez material.

-JL: Una vez que el nuevo poder llega al mando tiene que establecer un nuevo statu quo sólo para mantener en funcionamiento las fábricas y los trenes en circulación.

-RB: Sí, pero una burocracia represiva no dirige necesariamente las fábricas o los trenes mejor de lo que lo harían los trabajadores bajo un sistema de democracia revolucionaria.

-JL: Sí, pero todos tenemos instintos burgueses en nuestro interior; todos nos cansamos y sentimos la necesidad de descansar un poco. ¿Cómo mantienes todo en funcionamiento y el fervor revolucionario después de lograr lo que te habías propuesto? Por supuesto, Mao los ha mantenido en China, pero ¿qué pasará cuando muera Mao? También utiliza un culto a la personalidad. Tal vez sea necesario; como dije, todos parecen necesitar una figura paterna. Pero he estado leyendo a Khrushchev recuerda. Sé que es un tipo especial, pero parece pensar que fue malo que se convirtiera a un individuo en una religión; que no parece formar parte de la idea comunista básica. Pero la gente es la gente; ésa es la dificultad. Si tomáramos el poder en Gran Bretaña, tendríamos la tarea de limpiarla de burguesía y de mantener a la gente en un estado mental revolucionario.

-RB: ...En Gran Bretaña, a menos que podamos crear un nuevo poder popular -y quiero decir básicamente un poder de los trabajadores- controlado por las masas y que responda ante las masas, no podríamos hacer la revolución para comenzar. Sólo un poder de los trabajadores que esté profundamente arraigado podría destruir el Estado burgués.

-YO: Por eso, las cosas serán distintas cuando la generación joven se haga cargo.

-JL: Creo que no sería tan difícil que la juventud se ponga realmente en movimiento. Tendrías que darle rienda suelta para atacar los ayuntamientos o para destruir a las autoridades escolares, como los estudiantes que rompen la represión en las universidades. Ya está sucediendo, aunque la gente tiene que unirse más. Y las mujeres también son muy importantes, no podemos tener una revolución que no involucre y libere a las mujeres. La manera cómo te enseñan la superioridad masculina es tan sutil. Me costó bastante tiempo darme cuenta de que mi masculinidad estaba limitando ciertas áreas para Yoko. Es una liberacionista al rojo vivo y me mostró rápidamente los errores que cometía, aunque a mí me parecía que me portaba normalmente. Por eso, siempre me interesa saber cómo trata a las mujeres la gente que afirma que es radical.

-RB: Siempre ha habido por lo menos tanto chauvinismo macho en la izquierda como en cualquier otra parte, aunque el ascenso de la liberación de la mujer está ayudando a eliminarlo.

-JL: Es ridículo. Cómo puedes hablar de poder para el pueblo a menos que te des cuenta de que el pueblo se compone de ambos sexos.

-YO: No puedes amar a alguien a menos que estés en una posición de igualdad. Muchas mujeres tienen que agarrarse de hombres por temor o inseguridad y eso no es amor -básicamente es el motivo por el cual las mujeres odian a los hombres-.

-JL: ... y viceversa...

-YO: Así que si tienes una esclava en tu casa, ¿cómo puedes querer hacer una revolución afuera? El problema para las mujeres es que si tratamos de ser libres, nos aislamos naturalmente, porque tantas mujeres están dispuestas a ser esclavas y los hombres generalmente las prefieren. Así que siempre tienes que arriesgarte: «¿Voy a perder a mi hombre?». Es muy triste.

-JL: Desde luego. Yoko estaba bien involucrada con el tema de la liberación antes de que yo la conociera. Tuvo que luchar en un mundo masculino -el mundo del arte está dominado por completo por hombres- así que estaba saturada de celo revolucionario cuando nos encontramos. Nunca hubo discusión alguna al respecto: teníamos que tener una relación a partes iguales o no habría relación. Lo aprendí rápidamente. Hizo un artículo sobre las mujeres en Nova hace más de dos años, en el que dijo: «La mujer es el negro del mundo».

-RB: Por cierto, todos vivimos en un país imperialista que explota al Tercer Mundo e incluso nuestra cultura participa. Hubo un tiempo en el que la música de los Beatles era publicitada por la Voz de América…

-JL: Los rusos proclamaban que éramos robots capitalistas y supongo que lo éramos…

-RB: Fue bastante estúpido por su parte que no se dieran cuenta de que era algo diferente.

-YO: Seamos realistas. La música de los Beatles fue una canción de folk del siglo XX en el marco del capitalismo; no podían hacer nada diferente si querían comunicar dentro de ese marco.

-RB: Yo trabajaba en Cuba cuando apareció “Sergeant Pepper» y es cuando comenzaron por primera vez a tocar música de rock en la radio.

-JL: Bueno, esperemos que vean que rock and roll no es lo mismo que Coca-Coca. A medida que vamos más allá del sueño, debería ser más fácil; por eso, hago declaraciones más fuertes en la actualidad y trato de librarme de la imagen del quinceañero. Quiero llegar a la gente apropiada y quiero hacer que lo que tengo que decir sea muy simple y directo.

-RB: Tu último álbum suena muy simple al comienzo, pero los textos, el ritmo y la melodía se elevan a una complejidad de la que uno se da cuenta sólo poco a poco. Como el tema «My mummy's dead» recuerda la canción de cuna «Three blind mice» y trata de un trauma infantil.

-JL: Así es; era esa clase de sentimiento, casi como un poema haikú. Recientemente, me inicié en haikú en Japón y creo que es simplemente fantástico. Obviamente, cuando te liberas de toda un segmento de ilusiones en tu mente, te queda una gran precisión. Yoko me mostró algunos de esos haikú en originales. La diferencia entre estos últimos y Longfellow es inmensa. En lugar de un largo poema florido, el haikú diría: «Flor amarilla en bol de madera sobre mesa de madera», lo que en realidad te ofrece todo el cuadro…

-TA: ¿Cómo piensas que podemos destruir el sistema capitalista aquí en Gran Bretaña, John?

-JL: Pienso que sólo si logramos que los trabajadores sean conscientes de la posición realmente infeliz en la que se encuentran, destruyendo el sueño que los rodea. Creen que viven en un país maravilloso, con libertad de expresión. Tienen coches y televisiones y no quieren pensar en que pueda haber algo más en la vida. Están dispuestos a que los mandamases los dirijan, a ver que a sus hijos los arruinan en la escuela. Sueñan el sueño de un ser ajeno, no es el de ellos mismos. Deberían darse cuenta de que los negros y los irlandeses son acosados y reprimidos y que ellos mismos vendrán después. En cuanto comiencen a darse cuenta de todo eso, podremos comenzar realmente a hacer algo. Los trabajadores pueden comenzar a hacerse cargo. Como dijo Marx: «A cada cual según su necesidad». Pienso que funcionaría bien en este país. Pero también tendríamos que infiltrar al ejército, porque están bien entrenados para matarnos a todos. Tenemos que comenzar todo esto desde el hecho de que nosotros mismos somos los oprimidos. Pienso que es falso, frívolo, dar a otros cuando tu propia necesidad es grande. La idea no es reconfortar a la gente, no es hacer que se sienta mejor, sino que se sienta peor, que se le muestren constantemente las degradaciones y humillaciones que sufre para conseguir lo que llaman un salario vital.

Tariq Alí y Robin Blackburn son colaboradores de Counter Punch.
Entrevista realizada en 1971, y publicada por la revista Memoria, de México, en 2006

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