viernes, 30 de julio de 2004

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El Millalobo y otros mitos

1 comentarios


Millalobo habita en lo más profundo del mar, y fue concebido bajo el mandato y protección del espíritu de las aguas Coicoi-vilu, por una hermosa mujer en amores con un lobo marino durante el período en que las aguas del mar invadieron la tierra.
Tiene el aspecto de una gran foca, su rostro tiene aspecto de un hombre y de pez. La parte superior del tórax tiene aspecto humano y el resto de su cuerpo tiene formas de lobo marino. Está cubierto de un corto y brillante pelaje de color amarillo oscuro, de ahí su nombre Millalobo (de milla=oro) o Lobo de Oro.
Comparte su vida con la Hunchula, hija de una vieja machi, llamada la Huenchur, y cuando las condiciones lo permiten sale con su amada a las playas solitarias con la intención de disfrutar de los rayos del sol.
El Millalobo, fue envestido por Coicoi-Vilu, como amo y señor de todos los mares y por lo tanto es el jefe supremo de todos los seres que en ellos habitan. De esta manera está en el nivel jerárquico más alto del gobierno de los mares y se le puede comparar con Neptuno de la mitología griega.
Como dueño y señor, de gran poderío, delega sus importantes funciones, en varios miembros subalternos encargados de hacer cumplir sus mandatos y voluntad. Esto va desde sembrar peces y mariscos, cuidar de su desarrollo y multiplicación, dirigir las mareas o controlar las calmas y tempestades. También están bajo su mandato las acciones de seres maléficos como la Vaca Marina, el Cuero, el Cuchivilu y el Piuchén.
De su unión con la hermosa Henchula nacieron la Pincoya, la Sirena y el Pincoy, quienes como buenos hijos ayudan y desempeñan importantes papeles en los vastos dominios de su poderoso padre.

LA HUENCHULA

Hija única de un matrimonio, que vivía en las cercanías del lago Cucao. Era una muchacha muy admirada, por todos los habitantes de la aldea vecina, por su hermosura y simpatía. Sus padres la adoraban, era ella quien realizaba todas las actividades hogareñas, ya que la madre, una famosa machi, dedicaba gran parte de su tiempo a labores propias de su profesión.
Un día, al regresar de su cotidiana faena, de conducir agua, desde el lago cercano, manifestó a su madre su desagrado por este trabajo; no por el esfuerzo que le demandaba, sino por el temor que le producía la presencia de un raro animal, con ciertas formas de lobo y de hombre, que desde las aguas la contemplaba, cada vez con mayor insistencia.
La madre, mujer acostumbrada a oír las ficciones y cuentos de sus alucinados clientes, no le dio importancia ni crédito. Pensó se trataba de las propias fantasías de la muchacha, que su viva imaginación, las hacía reflejar en el agua; le indicó, siga cumpliendo sin temor su tarea y deseche esas falsas ideas, que podrían alterar su mente. Estos argumentos no convencieron a la Huenchula y temerosa continuó sus viajes al lago, contemplando la misma visión, cuya realidad no le merecía duda y a la cual fue perdiendo temor. Una tarde, al agacharse para llenar su "chunga", en las aguas del lago, el misterioso animal alargó una mano, tomando suavemente la suya. El contacto de esta mano fuerte y suave, la sobrecogió de espanto y todo su cuerpo fue presa de un fuerte escalofrío. Esta impresión, se esfumó rápidamente, ante la mirada tierna, humilde y suplicante del raro animal y se transformó en una atracción irresistible, hacia él. Y a pesar que no hablaba, sino sólo emitía una especie de balido, comprendió claramente sus intenciones, se dejó atraer y ambos, siguiendo las aguas del lago que bajan por el río, se perdieron hasta llegar al fondo del Océano Pacífico.
En casa de la Huenchula, todo era intranquilidad, por la demora de la muchacha, siempre tan puntual en sus quehaceres. Ante esta situación, resolvió la madre salir en busca de su hija, dirigiendo sus pasos hacia las orillas del lago, pero no encontró a la niña, en cambio sus ojos espantados contemplaron, que la "chunga" en la cual la Huenchula acostumbraba conducir el agua, estaba llena de un líquido rojo idéntico a la sangre... La hechicera, regresó a su casa, inundada de llanto y contó a su esposo el lamentable resultado de su búsqueda.
Pasaron largos meses y el consuelo no llegaba a la casa materna, en la que sólo reinaba un ambiente de intensa amargura. Pero cumplido un año justo, de su misteriosa desaparición y en una tranquila noche de luna, la Huenchula, se presentó ante sus padres, que estupefactos, contemplaban su figura, sin convencerse lo que sus ojos veían; hasta que las palabras, los gestos y los brazos de su hija apretaron contra su corazón a sus queridos progenitores, que como salidos de un mal sueño, despertaron dichosos y felices. Sin entregar detalles, la Huenchula les contó que venía desde remotos lugares y les traía muchos regalos, de parte de su esposo, un poderoso rey, padre de la criatura que muy envuelta llevaba en los brazos y que depositó en una vasija de manera, una "lapa", en donde debía permanecer ajena a las miradas de todos.
En ausencia de la Huenchula y ante las miradas curiosas de los ancianos, la criatura se transformó en agua. La Huenchula, angustiada por este suceso, huyó del hogar de sus padres, llevando lo que quedaba de su hija, para reunirse con su esposo, el Millalobo, en el fondo del mar.

LA PINCOYA

La Huenchula, después de haber desaparecido durante un largo tiempo, volvió a casa de sus padres, contando que había estado en lejanos lugares, donde se casó con un rey (el Millalobo), quien sería el padre de la criatura que muy envuelta traía, y la cual depositó cuidadosamente en una lapa, en donde debía permanecer lejos de la cualquier mirada.
Sin embargo en un descuido, y haciendo caso omiso de las advertencia de la Huenchula, la criatura se trasformó en agua cristalina ante la curiosa mirada de sus abuelos.
La Huenchula desesperada y llorando, tomó la lapa y corrió hacia la playa, para vaciar suavemente su contenido en las aguas del mar. Luego se sumergió en las profundidades en busca del consuelo de su amado esposo el Millalobo. Llorando, le relató lo acontecido, pero antes que termine su historia, el Millalobo le dijo :
- No llores más amada mía pues nuestra hija no ha muerto...
Entonces apareció una hermosa barca semejante a una lapa, llevando en su interior a su hija; convertida ahora en una hermosa adolescente, de larga cabellera dorada, encanto y dulzura incomparables, y semivestida con un traje de algas, a quien dieron por nombre Pincoya.
Todos los mariscos y peces que el Millalobo generosamente ofrece a los pescadores, son sembrados en mares y playas por las fecundas manos de la Pincoya, quien sale de las profundidades del mar a danzar a las playas. Cuando realiza su delicado baile mirando hacia el mar, significa que en esas playas y mares abundarán los peces y mariscos.
En cambio, cuando alguno de los pobladores ha cometido alguna falta en contra del mar o sus habitantes, lo hace con el rostro vuelto hacia la tierra, indicando a los pobladores que habrá escasez, y que deberán ir en busca del alimento a playas y mares más lejanos.
No obstante, si la escasez persiste, se puede realizar una ceremonia mágica para agradar a la Pincoya, y hacer que los favorezca nuevamente.
La Pincoya se encarga además de rescatar a los marinos que naufragan, y en el caso de que estos mueran, los lleva tiernamente con la ayuda de sus hermanos La Sirena y el Pincoy, hasta el Caleuche, donde revivirán como tripulantes del barco fantasma a una nueva vida de eterna felicidad.
Por esta razón los chilotes jamás han temido al embravecido mar, a pesar que muchos no saben nadar, pues saben que la Pincoya vela por ellos durante sus arriesgadas travesías en el mar.

LA SIRENA

El lugar predilecto por la Sirena es la isla Laitec, una de las más australes del archipiélago de Chiloé. Posee una playa de arenas grises, en partes blanqueadas por la cal de las conchuelas, que se alarga siguiendo la curva de una bahía, hasta la punta "Lile", en donde forma una angosta faja, que como pequeña rampa termina en un islote de rocas estratificadas, blancas, grises y rojizas; parcialmente cubiertas de verdosos matorrales y hierbas de múltiples colores, con vistosas flores, que se reflejan en el espejo de las aguas azules de la quieta ensenada.
En las noches tranquilas y protegida por el velo tenue de la niebla, sale desde el fondo del mar, la bella Sirena, a disfrutar de la placidez de este rincón maravilloso. Se posa en la más alta de las rocas que circundan el islote, haciendo bruscos movimientos de cabeza, para secar su cabellera, de gruesos cordones, parecidos a los tallos del sargazo. Su estatura y las curvas de su cuerpo plateado, que emite una suave y pálida luz, son comparables, tan sólo, a las de una mujer hermosa. La belleza extraordinaria de su rostro, se ve realzada por el color ligeramente rosado de sus mejillas, por sus grandes ojos pardos, ligeramente oblicuos, de tierno mirar, por su boca bien proporcionada de labios finos y rojos, que le añaden singular simpatía. Si bien, desde el tronco hacia arriba, no se diferencia fundamentalmente, de una mujer, sus miembros inferiores, muy bien formados en los muslos, se van confundiendo hacia el extremo distal de sus piernas, para terminar en una cola de pez.
Reposa largo tiempo, sentada sobre las rocas, contemplando la tierra y el mar, siempre atenta al menor ruido y cuando siente la presencia del hombre, se desliza, huye veloz, y se hunde en las profundidades del mar.
Un viejo poblador de la isla, cuenta que hace años, estando una noche en plena faena de pesca con otros compañeros, sintieron, de pronto, bruscos movimientos y sacudones en la red, la que una vez elevada, con grandes esfuerzos, hasta La embarcación, mostró envuelta en sus mallas a una hermosa Sirena. La contemplaron con admiración y éxtasis, por largo rato, pero aún no repuestos de la fuerte impresión, debieron dejarla en libertad, conmovidos por su amargo llanto y sus lamentos cuajados de emoción.
La Sirena, es hija del Millalobo y de su esposa la Huenchula. Su misión, señalada especialmente por el padre, como en cuidar a los peces, como los pastores a su ganado. Ayuda a su hermana la Pincoya, a transportar los cuerpos de chilotes muertos en el mar hasta el barco fantasma, "el Caleuche".
La Sirena, suele acompañar, a distancia prudente, la barca de algún pescador de su agrado y al que proporciona abundante pesca. Algunos mozos han llegado a concretar sus amores con esta hermosa una ninfa; pero más tarde al formar su hogar con alguna niña de la aldea, ven con angustia como sus descendientes nacen con una cola de pescado.

Comments

1 comments to "El Millalobo y otros mitos"

canitoxeco dijo...
21:35

poen ganles imagenes a las leyendas por k los profes pide trabajo porfa xau.....

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