viernes, 26 de septiembre de 2014

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Oscar Wilde en Dorotea

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Por Pepito El Breve
Aunque nunca conocí The Factory, soy un firme convencido que Warhol se equivocó y no son sólo quince minutos de fama, ello aunque Luchito Venegas lo niegue con que es una percepción errónea provocada por el hecho de que en Magallanes el tiempo corre más lento porque, según él, son quince minutos y nada más.

Lo anterior lo pude comprobar desde que tuve la mala ocurrencia de publicar un libro en Punta Arenas, el cual todavía estoy pagando y de eso hace ya varios meses. Aprovechando mi estadía dieciochera en Puerto Natales, lugar de donde soy nativo, fui a la librería “Ro-Ro”, allí dejé más de una decena de ejemplares para la venta, para mi sorpresa se han vendido dos, lo cual no es malo considerando que con la agitada vida urbana de hoy en día la gente tiene muy poco tiempo para leer. Incluso pude saber quien los adquirió.

-Uno lo compró tu tía y el otro tu prima-, me comentó el dueño.

Sin dejarme amilanar con presagios aciagos de que mi sueño de gloria literaria local se estaría frustrando, por encargo de mi esposa acudí al Gimnasio Carrera, que en tiempos del Chicho se llamaba “la Casa del Pueblo”, con el fin de averiguar el horario de las actividades deportivas femeninas.

-Buenas tardes, vengo a consultar el horario de baile entretenido-

-¿Para usted?- respondió risueño el encargado.

-Sí, es que me dicen en casa que estoy cada día más apático, escueto y aburrido- dije, haciéndome el gracioso.

-Pero, ¿no es usted el que escribe?- contestó el tipo y no sé porqué me noté diferente si bien afuera estaba nublado y llovía, un rayo de sol pudo colarse furtivo por el techo del gimnasio y me iluminó de cuerpo presente, tal cual a Elías Figueroa cuando metió el “Gol Iluminado” con que el Inter de Porto Alegre ganó el año 1975 por primera vez el “Brasileirao”.

Poco me importaba cómo el tipo sabía de mí -porque no era uno de ustedes, mis veinte fieles lectores de email- tampoco le había regalado el libro, tal vez vio el lanzamiento del mismo por el canal de TV local o escuchó de éste por la radio.

El caso es que me conocía, a lo mejor leyó una de las columnas que con un titular minúsculo, casi invisible, me publica un diario regional de manera clandestina entre reportajes de mascotas, música y recetas de cocina o, más bien, nos conocíamos de antes y yo no lo recordaba. Como las primeras impresiones son las que valen: “las tonteras que escribe este tipo, este huevón es de Puerto Natales ahora se las da de escritor pero antes era un chichero más”, habrá exclamado.

Al fin y al cabo no sería el primero y el último que así pensara, mi hija Julieta con esa ironía adolescente tan suya cierta noche luego de verme teclear, imprimir y romper las hojas para luego teclear, corregir, imprimir y vuelta a romper y así, ensimismado, una infinidad de veces durante dos horas, no obstante ello ustedes bien saben cómo se me cuelan los errores, le comentó a su madre: “Éste, ahora se cree poeta se lo pasa viviendo un mundo que no es verdad”.

Sin estar desencantado, ni por tener angustia de escritura dirían los prosistas, más bien porque cuando uno está en otro país puede ver su vida en Chile de manera diferente, decidí subir a la ciudad de Río Turbio, Argentina, acompañando a mi señora que no me dejó dormir la siesta.

Río Turbio está a 27 kilómetros de Puerto Natales y el litro de nafta se vende a 480 pesos chilenos, por lo que sin acuerdo comercial tipo Comunidad Económica Europea mediante, gracias a las bondades del Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO), el litro de gasolina en Puerto Natales cuesta casi mil pesos, los natalinos viajan a diario a Río Turbio a comprarla, y no seríamos nosotros quienes rompiéramos esa tradición transcultural económica.

Luego de llenar el estanque con nafta fuimos al almacén La Cabaña, entremedio de cajas repletas de cigarrillos, los puchos igual allá son más baratos, encontré una edición de “De Profundis” la epístola que Oscar Wilde, desde su cautiverio infeliz le envío a su amigo Bosie, no dudé un instante en adquirirla, también a un módico precio, por cierto.

No por presumir, ni por dármelas de excéntrico turista culto, más bien influenciado por la prosa del notable escritor irlandés, al llegar al paso fronterizo de Dorotea cuando el inspector del Servicio Agrícola y Ganadero chileno me pregunta si tengo algo que declarar estuve tentado de emular a Wilde -que vendría siendo ahora casi como mi colega- quien ante la misma consulta al llegar a Estados Unidos recordé que expresó: “Sí, mi talento”, pero mi timidez me lo impidió y declaré, en cambio, que traía 200 gramos de jamón ahumado sellado al vacío.

-Ah no, esto es jamón crudo y no puede pasarlo, por suerte lo declaró, por esta vez no lo multo pero a la próxima sí – me reprendió el inspector con ceño adusto y arrojó el pequeño paquete a un pulcro y aséptico tacho plástico.

Me fui mascullando mi frustración al verme privado de mi delicatessen, pensando que como eran ya casi las cinco de la tarde el funcionario fronterizo disfrutaría una deliciosa once con jamón auspiciada por mí.

Y aunque a veces como Protágoras me creo eso de que el hombre, o sea yo, sea la medida de todas las cosas, no es por ser arrogante pero tengo un ego inmenso que por estos días no me cabe en una bolsa plástica, porque en Natales por ordenanza municipal están prohibidas, quizás hice bien en reprimir a tiempo la declaración de Wilde, de haberla emitido ahí sí que me quitan hasta la nafta y, bueno, hubiese sido agotador empujar el automóvil, aunque pensándolo bien, no tanto, porque el trayecto de vuelta de Dorotea a Natales es cerro abajo, así que a la próxima sí que lo hago, eso de matutear el jamón me refiero.

sábado, 2 de junio de 2007

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Dorotea: Apuntes de un viaje

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LA MINA DE CARBÓN DE DOROTEA FUENTE DE RIQUEZA Y DE TRABAJO


Movidos por el deseo de conocer y de saber lo que ocurre en la región de Dorotea, a 25 kilómetros de nuestra ciudad aproximadamente, nos trasladamos a ese lugar invitados gentilmente por el propietario de la mina Natales, señor Miguel Rodríguez, el miércoles último.
La impresión recogida en general es desalentadora. Para empezar diremos que el camino que conduce a esa industria es tan malo que los vehículos deben hacer el recorrido en el doble de tiempo, con el consiguiente riesgo de romper la máquina, que como se sabe llega hasta Dorotea para extraer leña y carbón para abastecer las necesidades del pueblo. Lamentable es que haya tanto abandono por quienes tienen la obligación de habilitar y mantener en buen estado esa arteria de tráfico.
Como consecuencia del pésimo estado del camino que ocasiona roturas de consideración a los vehículos motorizados, la leña y el carbón deben pagarse cada vez más caros y esto podría evitarse en parte si el camino ofreciera mayores seguridades, con lo cual como es lógico, el recorrido se haría en menos tiempo. Muchos son los que han reconocido este mal y el beneficio que reportaría el acondicionar mejor este sector y basado en esto, han prometido su ayuda, es decir, obtener el dinero para que esto se haga, pero estas promesas sólo en mínima parte han sido cumplidas y el problema cada vez va adquiriendo mayores proporciones, corriendose el riesgo de que las personas que hacen este trabajo lo abandonen por no convenir a sus interese.

LA MINA DE CARBÓN

Después de un viaje lento y propenso a quedar en el camino, ya que el vehículo sale de un profundo hoyo para entrar en otro, llegamos a la mina de carbón conociendo en detalle el proceso de la industrialización de este metal. Para ello fue necesario entrar por la boca de mina y llegar al fondo de la galería donde esforzados obreros extraen de las profundidades de la tierra el ansiado carbón.
Simultáneamente se dan a la tarea, en ese lugar, los cortadores de leña y los camiones que son cargados para trasladar este producto al pueblo y un aserradero que elabora madera para las necesidades de la mina, construcciones y otros en pequeña escala.
Es fácil comprender la riqueza maderera y carbonífera que encierra la región del Dorotea y el porvenir que le aguarda, cuyo futuro, tiene que ser obligadamente de enormes proporciones, ya que estállamada a ser, con el correr del tiempo, un campo industrial magnífico.
Con respecto a la explotación del carbón sus actuales precarios medios, deberían ser reemplazados por otros, cuya mejor mecanización y sistema aseguren un mayor rendimiento, ya que este producto de calidad y de incalculable abundancia constituiría una de las grandes fuentes de riqueza y de trabajo con que contará Natales en el futuro.
Pero esto tendrá que ocurrir cuando el Estado se proponga ayudar y estimular a esta industria, proporcionándoles buenos caminos y créditos que permitan a su dueño explotarla en mayor escala, en tal forma que el carbón, aparte de bastecer las necesidades locales, sea vendido en otros mercados.
Constantemente nos estamos quejando de la falta de industrias y trabajo olvidándonos que ahí precisamente hay una, donde se puede absorver a muchos brazos cesantes y que junto con ello, se levantaría una industria que estápropensa a desaparecer porque no encuentra apoyo ni comprensión.

LOS POBLADORES DE DOROTEA

A medida que se aproxima al lugar de la mina, se va encontrando con las casas todas dispersas, de los obreros que se dedican unos al corte de leña, otros al trabajo del carbón y los más prestan servicios en la mina argentina de Río Turbio, distante de dos mil metros, más o menos de la frontera. Todos estos viven con sus familias precariamente y son sus hijos los que mayormente sufren las consecuencias, ya que se crecen en un ambiente que no es propicio para su edad. Viven, además en completa libertad, sin que nadie controle sus actos. Muchos de ellos al amparo de esto, se dedican a explotar a sus propios hermanos de miseria.
Consecuencia de esto es que hace unos días atrás, como ya era costumbre, culminó un hecho que ya es de dominio público, cuando gendarmes argentinos al traspasar la frontera y después de beber abundante alcohol, dispararon en contra de indefensos hombres, mujeres y menores, precisamente porque algunos pobladores de Dorotea viven al margen de la ley y las buenas costumbres, circunstancia que aprovecahn nuestros vecinos para violar la frontera cuantas veces quieran y sin respeto para nadie.
Para terminar debemos decir que es imprescindiblemente necesario que nuestras autoridades conozcan en detalle la vida y el proceso industrial que se observa en la mina Natales del Cerro Dorotea y se adopten medidas que den más seguridad a cada uno de sus habitantes y a la industria que allí existe.

Publicado en El Austral, 9 de abril de 1954, firmado por TRES A.

jueves, 12 de octubre de 2006

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Extraterrestres en el Cerro Dorotea

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Había sido un día muy pesado trabajando con el tío Olegario. Años atrás yo tenía buen galope. Me montaba en el zaino y acarreaba todo el piño de ovejas solo. Lo hacía con verdadero placer. Esta vez lo realizaba con cierto fastidio. "Anda tú nano y me traes el piño que está en el campo de invierno", me dijo mi tío. Era tarde y seguramente volvería entrada la noche. Recuerdo que una vez fui con Verónica a arrear el piño. Hicimos el amor sobre el Dorotea con numerosos testigos. Vacas, ovejas, caballos y perros. Los caballos se pusieron muy nerviosos.

Allí estaba yo nuevamente por mandato del tío Olegario. Buscando las ovejas. Con los perros ovejeros no fue dificil la tarea. Había logrado juntarlos y volvía a la parcela ya de noche, cuando vi aquello inimaginable. Primero fue la luz. Una luz potente y celeste que ilumino todo el campo. Un ruido ensordecedor de choque de aviones. Mi caballo que me voltea. Los perros que caen fulminados. Y apareció aquello que solamente había visto en los programas de Fabio Serpa. Un platillo volador que se posa sobre la hierba de la pradera. Se bajan de allí tres entidades delgadas, con una prominente testa, con un solo ojo, que vienen hacía mí. El que comandaba seguramente la nave, se acerca y con un tono de voz metálico me dice : "Hola tío".

viernes, 10 de septiembre de 2004

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Siete aventureros exploradores natalinos escalaron el Dorotea

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Aquí vemos al Club de los Siete, el séptimo tomó la foto.

En Natales es fácil gozar del espectáculo de un bello paisaje o de las delicias de una tarde campestre. La ciudad es pequeña, y está rodeada por campos pintorescos. Muy poco fuera de la ciudad, se goza ya del aire puro que viene de los canales, con olor a sales y a bosques.
Ahora, una pandilla de jóvenes acaba de fundar un Club de Expedicionarios. Por raro capricho, son sólo siete los que forman, tal vez para que su constitución sea novelesca, como "El Misterio de los Siete", "Los Siete Ahorcados" o los "Siete Vengadores", títulos de novelas que han encendido en sus corazones juveniles el amor a la aventura.
Nos escriben los cabros natalitos y nos comunican las primeras noticias de sus expediciones. Hace poco escalaron el Cerro Dorotea donde se está levantando la Cruz del IX Congreso Eucarístico, y que será inaugurada en el Congreso local en adhesión al de Punta Arenas. Más tarde fueron a la Cueva del Milodón y treparon a la Silla del Diablo. Proyectan visitar el Payne y escalar hasta donde puedan una de las torres.
En las expediciones reina el buen humor y es lema el compañerismo. Siempre se sale al amanecer y se regresa a la ciudad cuando el sol va al ocaso, en medio de nubes de arrebol, tan características en los atardeceres natalitos.
Muchos jóvenes han solicitado ser admitidos en el Club de los Siete, que tendría que reformar sus estatutos. Quizás lo hagan para conformidad de tantos amigos que se han contagiado con el entusiasmo de los exploradores. Mientras tanto, sin distinciones ni rangos, ni directorios siquiera, el Club de los Siete, los forman los siguientes cabros: Solano Rodríguez, Roberto Cárdenas, Julio Díaz, Juan Gumas, Sixto Luján, Juan Muñoz y Floridor Sobrazo (h).
M.

Noticias Gráficas, Punta Arenas 14 de Noviembre de 1945.

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